EL VIOLONCHELISTA DE SARAJEVO

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El hecho real del que parte e inspira El violonchelista de Sarajevo (El Aleph, 2008) es un puñal que se ensaña con el lector, apuñalando veintidós veces su conciencia. Una por cada muerto en un ataque con mortero a Sarajevo en el que murieron veintidós personas que hacían cola para conseguir pan, que ya se había convertido en un producto escaso en la ciudad sitiada, en 1992. Una puñalada por cada una de las veintidós ocasiones en las que el músico Vedran Smajlović interpretó el Adagio de Albinoni en veintidós días consecutivos, en memoria de cada una de las víctimas, justo sobre el cráter que había abierto el obús.

La novela del joven escritor canadiense Steven Galloway traslada la cotidianidad de la guerra a las historias de tres personajes que bien podrían ser reales, y que de hecho se inspiraban en crónicas que los reporteros de guerra firmaron durante los días del asedio a Sarajevo. Kenan es un ciudadano sencillo y tranquilo que trata de conseguir agua para su familia, en una ciudad en la que acudir con garrafas a las fuentes se ha convertido en una aventura, en un acto heroico. Dragan es el personaje más reflexivo de la novela, que rememora continuamente a su familia, huida de la ciudad antes del estallido de la guerra mientras trafica con víveres y busca protección. Flecha es el nombre en clave de una francotiradora que protege al violonchelista durante los días en los que firma su hazaña de rendir tributo a las víctimas inocentes.

Smajlović conoció la novela cuando ya estaba publicada, y arremetió contra su autor, del que dijo que se había aprovechado de su nombre, haciendo que estallará dentro de su conciencia «una bomba atómica de odio y dolor». El violonchelista vivía retirado en Irlanda del Norte, y no quería ser un personaje público, no quería ser un símbolo de la paz, pero se había condenado a ello. Su historia ya no le pertenecía, sino que era un episodio más de la Historia, del sitio de la ciudad olímpica de Sarajevo. Así lo entendió Galloway, que se sintió legitimado para esbozar las esperanzas en el ser humano en el gesto de un músico, y en la trivialización de la guerra en los habitantes de la capital yugoslava.

Leer El violonchelista de Sarajevo, editada ahora en una versión especial que incluye un CD con el Adagio de Albinoni, eleva las pulsaciones del lector, que llega a percibir el miedo de los protagonistas, mientras esperan agazapados en una esquina el momento propicio para cruzar la calle, a ser atravesados por la bala de un francotirador, cuando ni siquiera han podido escuchar el disparo en la distancia. El terror cotidiano de la guerra.

Calificación: Imprescindible del siglo XXI.
Tipo de lectura: Perturbadora.
Tipo de lector: Valiente, que acepta el reto de sentir la angustia de la guerra.
Cómo leer: Escuchando el Adagio de Albinoni.
Dónde puede leerse: Tras una ventana empapada por la lluvia.

@oscar_gomez