Ella: invierno

maria-alcantarilla
Podría calificarse a María Alcantarilla (Sevilla, 1983) en la categoría de los artistas emergentes, pero la solidez de la escritura de Ella: invierno (Granada, Valparaíso, 2014) nos lleva a pensar más bien en una obra caudalosa que se ha mantenido casi secreta, buscando la decantación del tiempo. Hay madurez  y mucho papel escrito en la sombra tras este poemario intenso y emocionado, el tercero de la autora, tras El motivo es lo de menos (2008) y los poemas visuales de El agua de tu sombra (2013, Premio de Poesía Multimedia Poemad). Se nota madurez serena, pues no otra cosa es lo que se necesita para entrar como un torrente a ejecutar ante los ojos del lector las iluminaciones de la razón poética, que diría otra María, Zambrano. Así, madura, es esta colección de poemas y microrrelatos en prosa que ahondan en el invierno de corazón, parten de la desdicha y del abandono pero no nos lleva hacia las melancólicas elegías o los llantos desesperados. No hay trazas de neorromanticismo en la palabra: “lo realmente salvaje es la humanidad de todo ello”.

Lo que ha pretendido la poeta es pensar desde el discurso de la pasión la pérdida, la ausencia, la imposibilidad de los retornos al pasado, entonando la sonora música de las emociones en carne viva, pero con un fino dominio de la inteligencia sensible sobre la efusión sentimental o la confesión autobiográfica. Lo que busca la voz poética es comprender la esencia del adiós y el reverdecer de la vida del corazón; para ello, la escritura lírica se aleja de la autobiografía (que nadie la busque en Ella:invierno) y se abre a un canto a tres voces: el yo se alía con el tú y con el él para mostrar en forma caleidoscópica la mutación de los sentimientos; lo masculino y lo femenino, se alternan en los sujetos poemáticos para no caer en la autorreferencialidad y establecer el diálogo como la base invisible de los textos. El centro sobre el que giran todos los poemas es la duda y el horizonte al que se dirigen no puede ser otro que el descubrimiento de las certezas sobre las que deba elevarse la vida que quiere amanecer tras el invierno (“tengo la certeza debatiéndose a bondad con el asombro”, dice el penúltimo poema del libro). Hay por ello un tenso recogimiento a partir del cual la sensibilidad en espirales gira sobre ese centro interrogante del poemario en el que la dimensión reflexiva siempre está presente al único modo que en el arte es posible, el de la “idea sensible” de Hegel o el de “la razón poética” que comprende el mundo a su especial manera y lo comunica con la delicada llama de un beso.

María Alcantarilla, que compagina su obra poética, digamos tradicional, con las investigaciones visualistas de su obra gráfica y de sus series de fotopoemas, ya expuestos en la galería madrileña Slowtrack, dirigida por Marta Moriarty, nos regala en Ella: invierno un hermoso pretexto para pensar el los días fríos que nos llegan, que quizá “el sol ya está saliendo y seguro que nadie se ha fijado”. Esa es la impresión que deja la lectura de sus poemas, la de que finalmente vivir es una aventura sin fin y la escritura es poca cosa si no está llena de vida en cada palabra. Así al menos lo cree ella, que elige vida de poeta y nos dice, sabia, que “la tragedia es una paradoja, porque lo trágico no es lo que sucede, sino todo aquello que jamás ocurre”.

Pasemos, pues, este invierno con ella, hay fogonazos de razón y llama viva en sus versos que nos ayudarán a no sentirlo tan frío.

Calificación: Promesas cumplidas
Tipo de lectura: Apasionada.
Tipo de lector: El que está atento a los valores emergentes.
¿Dónde puede leerse?: Recogido sobre sí mismo.

2014 Faldon