EN DEUDA CON EL PLACER

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Algo que parece otra cosa y que se va convirtiendo en una novela poco a poco. Estamos En deuda con el placer. Con recursos que no son nuevos, pero que son utilizados aquí de una manera bastante eficaz: un narrador encubierto, convenientemente construido con detalles autobiográficos, aderezado con un relato de carretera coronado por la gastronomía. Hemos de recordar que John Lanchester fue crítico de restaurantes para el Observer de Londres.

Un mezclum en el que los tonos de color de las diferentes hojas se alternan, y se aliñan con acierto. Pero con unas extrañas notas de fondo.

En deuda con el placer es también un recetario, y en parte un análisis del gusto, que el autor confiesa influenciado por Brillat-Savarin. Trabado con divagaciones que llevan al narrador, a quien nos confiamos incautamente, de lo personal a lo histórico o lo antropológico, pero terminando siempre en el gusto, un sentido que participa como ningún otro de todos los demás, que son capaces de modificarlo. Engañándonos.

Tarquin Winot, el narrador, es posmoderno en su manera de escribir, puntilloso, egocéntrico, capaz de unas asociaciones de ideas inesperadas, nos descubre su novela en marcha y sus mecanismos de ficción un poco a la manera de un cocinero estrella, con muchos aspavientos, mucha cacharrería y algún fogonazo repentino.

Y como uno de esos grandes chefs, su mérito último reside en saber mezclar los ingredientes de siempre de una manera distinta a como los esperábamos encontrar. Y eso solo lo sabemos cuándo rematamos el almuerzo.

Quizás John Lanchester haya sido un poco sobrevalorado por este libro desconcertante.

Calificación: Curioso.
Tipo de lector: Aficionados a la gastronomía.
Tipo de lectura: Amena, a veces divertida.
Argumento: curioso.
Personajes: Familiares.
¿Dónde puede leerse?: En un viaje gastronómico por Francia.

FALDON 2

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