Enemigo: la Stasi; tres películas sobre el muro y su caída

la vida de los otros

La caída del muro y la Guerra Fría han propiciado multitud de novelas y películas de espías. Centrándose en el territorio alemán, Aladar propone el visionado de tres películas que pensamos, se convertirán en clásicos de un modo de ver unos acontecimientos terribles desde el antes, el mientras y el después de los mismos.

Hace unas semanas, Antonio Muñoz Molina reflexionaba con gran coherencia sobre la figura de un intelectual afincado en Berlín que vivió la mayor parte de su vida en Amsterdam. Cees Nootebom venía a decir en Noticias sobre Berlín, que la historia es invisible porque suele suceder muy despacio y la conciencia humana no está preparada para estas lentitudes, pero de vez en cuando la historia se acelera y se vuelve visible y cegadora en su ímpetu.

El pasado nueve de noviembre se cumplieron veinticinco años desde la caída del Muro de Berlín, una pared de piedra y ladrillo que dividió desde los años sesenta no sólo el país en dos partes, sino también su capital. La parte más próxima al este quedó así sometida a una especie de dictadura silenciosa, una dictadura que tenía más que ver con Stalin que con Hitler, que propició una represión brutal desde las dos partes: la comunista y la capitalista. Vivir consumiendo algo más que un café de puchero en una parte del Muro, mientras en la otra vivían personas (tal vez hermanos, tíos u otros familiares) acomodadas y con el ya conocido también por nosotros estado del bienestar, provocó hondas y terribles frustraciones en una población en la que, por el contrario, estaba ampliamente instaurado el café para todos. Para que esta represión durase, el Estado se encargaba de contratar a espías de todo tipo, chivatos, controladores de vidas capaces de reducir personas a expedientes.

Nos centraremos en este sentimiento de opresión, ahora que Nooteboom ve silenciados de una vez por todas los vestigios de la Guerra Fría. Para ello, proponemos el visionado de tres películas alemanas recientes que desde el reposo que da la contemplación de lo que allí se vivió, dan debida prueba de coraje, autocrítica feroz y discernimiento de lo que allí ocurrió.

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En 2006, el realizador Florian Henckel von Donnersmarck filmó La vida de los otros, un drama con tintes de thriller en la que Gerd Wiesler (interpretado por el al poco tiempo desaparecido actor Ulrich Mühe) interpretaba a un solitario oficial del servicio de inteligencia de la policía secreta del régimen comunista de la RDA al que encomiendan espiar a una pareja formada por un prestigioso escritor y una popular actriz que le traiciona; con un guión firmado por el mismo director, música de Gabriel Yared y Stephanne Moucha y turbulenta, por gris, fotografía de Hagen Bogdanski. Su mismo éxito fue controvertido en España, debido al estreno de la más novelesca El buen pastor, dirigida por Robert de Niro. Probablemente, dentro del tema que del estamos hablando, se trate de la película más importante hasta la fecha. Contó en su producción y distribución con el apoyo francés mediante ARTE. Y en el elenco principal destacaron Martina Gedeck, Sebastian Koch, Ulrich Tukur o Uwe Bauer. Cosechó en 2006, el Óscar a la mejor película de habla no inglesa (con nominación en los Globos de Oro que no se hizo fehaciente), el César también a la mejor película extranjera, el David de Donatello a la mejor europea y de la UE; dentro de los Premios del Cine Europeo, el galardón a mejor película y al mejor actor principal, siendo considerada igualmente por el Círculo de Críticos de Nueva York; los premios suecos Guldbagge y la consideración por parte de la Asociación de Críticos de Los Ángeles; en los Premios Bafta de 2007 conseguiría cinco nominaciones. Por poner un ejemplo, Javier Ocaña, escribió sobre su capacidad de entretener y su profundidad, sabiendo mirar esa realidad con verosimilitud, espíritu contradictorio y capacidad de conmoción.

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Bárbara de 2012, es, como no podría ser de otra forma, otro drama, que sólo sitúa su acción en el verano de 1978. Cuenta la puesta en libertad desde la RFA de una médico que da a parar con sus huesos a un hospital de la Alemania del Este. Tras las sucesivas y primeras inspecciones, la situación cobra un ritmo de calma chicha que no es tal, pues debe hacerse cargo de una embarazada procedente de un campo de prisioneros y de un chico que intentó suicidarse y al que van a practicar (sin que se vea, obviamente) una lobotomía. El film dirigido por Christian Petzold con guión al alimón de Harun Farocki, música de Stefan Will y fotografía de Hans Fromm, obtuvo el Oso de Plata al Mejor Director en el Festival de Berlín, tres nominaciones a los premios del Cine Europeo (película, actriz y del público), siendo su reparto encabezado por Nina Ross, Ronald Zehrfeld y Rainer Bock, con secundarios como Peter Weiss o Carolin Haupt.

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Más abarcadora en sus conflictos y considerando a la par las barbaridades nazis y el régimen de la Stasi, tenemos Dos vidas filmada en 2012 y no estrenada en España hasta este mismo 2014. Está ambientada en Noruega durante los años 90, en un pueblo que acoge a mujeres que tuvieron relaciones con soldados del Tercer Reich. Basada en hechos reales, cuenta el problema alemán desde otro lugar diferente con bastante habilidad y mala leche o cabreo respecto a lo sucedido. Dirigida por Georg Maas y Judith Kaufmann, tiene un guión basado a su vez en una novela de Hannelore Hippe y en él también intervino Christoph Tölle y Stäle Stein Berg, con inquietante música de Christoph Kaiser y Julian Maas. Se trata de una película de bajo presupuesto y, como vemos, distribución irregular, fotografiada por la misma Kaufmann.