Epistolario I (1873-1890), Sigmund Freud

Sigmund Freud
Este epistolario de Freud reúne las cartas que el padre del psicoanálisis envió entre los años 1873 y 1890. La gran mayoría (95 sobre un total de 106 cartas) están dirigidas a su mujer (entonces todavía novia) Martha Bernays; el resto, a colegas, familiares y amigos.

El prefacio del libro, que fue escrito por Ernst L. Freud, hijo de Sigmund, en 1960, ya nos advierte lo meticuloso, dedicado y apasionado que era Freud con las cartas. Para él la actividad epistolar era una dedicación. Y se nota: ha dejado miles de cartas tras su muerte. Con este epistolario, el hijo de Freud se propone sacar a la luz las cartas de carácter más personal y se abstiene de incluir las de carácter netamente científico. El resultado del libro es la voz de Freud hablando de sus emociones, sentimientos, inquietudes, preocupaciones, viajes, ciudades, obras de arte, enfermedades, estados de ánimo, investigaciones, pacientes y hospitales, y opinando sobre la función de la mujer y el rol de la esposa (de un modo que no suena nada bien ahora en el siglo XXI), de una manera más cercana a la propia persona que fue Sigmund, imposible. En dos de las cartas que reúne este epistolario leemos a Freud recomendando a su destinatario que conserve las cartas que le envía puesto que «nunca se sabe lo que puede pasar». Es decir, se asoma un Freud que sospecha muy tempranamente que sus cartas serán de interés, a pesar de que es un Freud que todavía no vislumbra el Complejo de Edipo, que está aprendiendo y admirando maestros, que pelea por un puesto en el hospital, y que está rascando las posibilidades de publicación de artículos científicos para obtener algo de dinero, que es de lo que realmente carecía este joven. En resumen, es el Freud todavía del siglo XIX. Es cierto que en una de las cartas que dirige a Martha le cuenta que ha destruido mucha correspondencia, con excepción de la de su familia y de la de ella, su amada. Pero agrega: «Era preciso que lo destruyera. […]. En cuanto a los biógrafos, allá ellos. No tenemos por qué darles todo hecho». Pues sí, sí que sospechaba.

El libro nos revela los primeros años de noviazgo entre Sigmund y Martha hasta la boda y el nacimiento de la primera hija, Mathilde. Debido a los problemas económicos que atravesaba la pareja, la boda se hizo esperar mucho tiempo. Toda esa etapa (con excepción de las visitas que Freud logra hacerle) la pasan separados: Freud en Viena y una temporada en París (y en algunas otras ciudades por las que pasa ocasionalmente), y Martha en Wandsbeck (Hamburgo) donde aún vivía con su familia. Durante esos años, Freud batalla por conseguir algo de dinero para sobrevivir y para poder tener detalles con su novia. El tema del dinero es central en la pareja; Freud le pide a Martha que sea ella quien se ocupe de llevar las cuentas. Aunque no podemos leer ni una sola palabra de Martha, la intuimos muy agarrada al dinero y meticulosa con los informes financieros que preparaba para administrar la economía de la pareja. Freud le pide disculpas más de una vez por no poder enviarle dinero, pero siempre se excusa con firmes razones. O no lo tiene, o debe gastar en ropa para reuniones importantes o en cocaína, puesto que la consumía para avanzar en sus investigaciones sobres los efectos de esa droga.

Además cuestiones prácticas, Freud intercambia con Martha en sus cartas ideas y percepciones que experimenta sobre el arte: sobre obras de teatro de Molière, sobre pintura (hace una comparación entre la Madonna de Holbein, que le molesta por fea, y la Madonna de Rafael, que «emana una mágica belleza») y sobre sus lecturas del Quijote. De esto último habla maravillas. Freud encuentra en la obra de Cervantes un humor del que dice que lo hace partirse de risa, anécdotas incidentales que las califica de muy buenas, un profundo goce cuando gasta horas enteras leyendo esta obra, y unas soberbias ilustraciones de Doré que según él carecen de ironía y no siguen fielmente el texto, aunque les reconoce aciertos destacables como la contribución al absurdo y la técnica de la caricatura.

Y todo esto por nombrar solo algunas de las pocas cosas de las que le escribe Freud a Martha en esta correspondencia larguísima, que continúa en un segundo tomo (Epistolario II. 1891-1939) en una ya vieja colección de Plaza & Janés publicada en 1972. Dos libros para coleccionar.

Calificación: Denso, revelador e interesante.
Tipo de lector: Amantes de los epistolarios o interesados en Freud.
Tipo de lectura: Requiere mucha concentración y predisposición.
Argumento: Cartas que envía Freud entre los años 1873 y 1890 (casi todas a su novia Martha).
¿Dónde puede leerse?: En la sala de espera del psicoanalista.