EXCENTRICIDADES EN TORREMOLINOS Y ESTILO DEL RELAX

TORREMOLINOS_Bazar Aladino

Continuamos revisitando edificios curiosos de nuestra Costa del Sol, alguno de ellos catalogados dentro del Estilo del Relax, un movimiento de inspiración internacional que adquirió en Málaga características propias. Algunas de estas obras maestras permanecen ignoradas por los turistas, que apenas reparan en ellas pero muchas veces también por los vecinos que les niegan el valor que representan en las tramas urbanas.

Solo hemos conseguido documentar una ciudad en España que pueda ufanarse de tener una calle dedicada a uno de los personajes de las Mil y una noches, Aladino, en ella se encuentra otro de los inmuebles reseñables de la ciudad de Torremolinos, que en su momento marcó el acceso a la playa de La Carihuela desde la antigua nacional 340.

El Bazar Aladino es un centro comercial diseñado como un barco, cuya proa apunta a la carretera –hoy avenida de Carlota Alessandri- y al que se accede desde una pasarela. Todavía, rodeado de construcciones espurias, y descontextualizado, produce un efecto prodigioso, mágico. Fue diseñado y construido en 1953 y es el paradigma del estilo moderno náutico, que excede aquí el concepto para devenir una maqueta, una reproducción. Es la sustitución de lo inspirado por lo auténtico, porque salvo en lo que se refiere a los materiales constructivos el exterior de la estructura, con las diferentes cubiertas y la chimenea, era el de una auténtica nave de recreo anclada en la acera. Es en ese punto de fantasía y desinhibición donde los estudiosos encuentran el motivo para inscribirlo como pieza destacada, por lo extravagante, en el Estilo del Relax. El proyecto original de Fernando Morilla fue modificado en los años 80 alterando los volúmenes de la última cubierta y la chimenea, variando los colores originales y obviando los juegos de escaleras metálicas, es un desastre reversible, pero aún con estas modificaciones la obra no pierde su fuerza original. El Bazar Aladino se adelanta en nuestro país a la concepción de una construcción como reclamo publicitario de sí misma.

Dan por hecho los expertos que la modernidad desmesurada del Estilo del Relax arraiga en la Costa del Sol ante la ausencia de monumentos colosales como los que determinan la lectura urbana de otras capitales andaluzas como Córdoba, Granada, Ronda o Sevilla. La falta de estos referentes hizo que se abandonaran lecturas historicistas y los diseños aspiraran a la internacionalización y el confort, sin renunciar a unas características propias marcadamente kitsch que descargaban los edificios de su sobriedad conceptual, desafiando el racionalismo en lo decorativo. Muchas de estas construcciones han desaparecido arrasadas por la ignorancia y por la incuria, algunas incluso recientemente como el Hotel Tres Carabelas de Antonio Lamela destruido en 2008 ante la pasividad del ayuntamiento, el surrealista Príncipe Otomán con sus minaretes inspirados en las mezquitas estambulitas o el Tritón; otros establecimientos hoteleros mantienen cierta atmósfera de época, como el Tarik o el Tropicana, éste último a pesar de haber perdido destacados elementos como su beach club, el primigenio gran chiringuito de la Costa del Sol, montado sobre raíles de ferrocarril, donde se pudo ver el primer bikini en España.

TORREMOLINOS_Apartamentos Bajondillo

Posteriores, pero ignorados por las publicaciones especializadas, los Apartamentos Bajondillo son una astuta obra de ingeniería. La posición de la playa obliga al constructor a un tour de force del que sale airoso con acierto. Cada uno de los casi setecientos apartamentos gozan de vistas al mar y la altura compensada de las moles permite la insolación en el área de la piscina hasta el ocaso. Con el ladrillo pintado de blanco –ignoramos si era así originalmente- se consigue una elegante secuencia de balcones sesgados. Zonas comunes y estudios conservan curiosos detalles de los 70, especialmente las rejerías, los azulejos de rodapié, las lámparas de móvil y las jardineras de obra que le dan un carácter al complejo que evoluciona del Estilo del Relax para internarse definitivamente en un sugerente neo-folk, que conserva en el mobiliario algunas piezas evolucionadas de lo que se conoce irónicamente como Estilo del Remordimiento Español, plagado de bargueños, lámparas de forja y sillones del Mío Cid.

Francisco Alonso Martos diseñó en 1935 los planos del Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Torremolinos, una construcción clave, porque bascula entre el modernismo de principios del siglo XX y el Estilo del Relax. Es un edificio racionalista, con soluciones propias del art-decó y esa pretensión higiénica y progresista propias de las obras sociales de la Segunda República. El edificio claramente adscrito al Movimiento Moderno se levanta en el medio de un jardín sobre el mar y en el se sitúa hoy el Centro Cultural Pablo Picasso. La planta simula la de un avión con las alas desplegadas y alguna de sus soluciones arquitectónicas, como las galerías abiertas, forman parte de la tradición constructiva andaluza. Son muy pocos los edificios de esa época que se conservan en España y su antiguo Protectorado en el Norte de África, debido sobre todo a la ruptura que supuso el fin de los ideales de la República y a las destrucciones subsiguientes.

TORREMOLINOS_Casa de los Navajas

Las excentricidades torremolinenses tienen un precursor que aún se mantiene en pié y cuya plena rehabilitación está por finalizarse. El predio ha pasado a manos del ayuntamiento desde las de la familia propietaria que la había ocupado durante tres generaciones. Se trata de la Casa de los Navajas, un palacete de estilo neo-morisco inspirado en la Alhambra de Granada que se levanta orgulloso, rodeado de jardines y asfixiado por edificios de apartamentos y minigolfs en la ladera del acantilado, sobre el Bajondillo. Fue construido en 1925 por encargo de Antonio Navajas, un empresario enriquecido con el cultivo de la caña de azúcar en los terrenos que actualmente ocupa el aeropuerto de Málaga, arrendados al marqués de Larios. Destacan en él los zócalos de azulejos de la fachada procedentes de las fábricas de Talavera de la Reina y las singulares torres-miradores, así como las secuencias de arcos diferentes que lo impregnan de un carácter ilusorio. Esa casa de recreo, felizmente recuperada, inauguraba la Costa del Sol para el turismo.

Pocos años más tarde, hacia 1930, está documentado que Salvador Dalí pasaba en La Carihuela largas temporadas invitado por los poetas de la revista Litoral y su compañera Gala Diakonova sorprendía a los marengos mostrando sus pechos en público y fumando. Una auténtica pionera de lo que vendría después. En aquellas fechas habían aparecido las primeras instalaciones balnearias en Torremolinos, como el Castillo del Inglés, levantado sobre el cuartel de carabineros del fortín de Santa Clara por el ciudadano británico sir George Langworthy, posteriormente convertido en hotel y luego arrasado, o el parador de Montemar. La Guerra Civil terminó con ese incipiente destino cuya eclosión no se reproduciría hasta los años 50, estabilizada la dictadura, cuando empezaron a llegar los turistas del norte de Europa. El boom del turismo terminó con el encanto de aquellos pueblos marineros, con sus molinos harineros, con la perspectiva de la Torre de san Miguel -que permanece milagrosamente en pie- y cementó la costa. Pero no debemos olvidar que gracias a aquella apertura España se abrió al mundo y avanzó hacia la democracia. El urbanismo -desenfrenado o no- contribuyó a esa transición y por eso es importante recuperar la enseñanza que nos dejaron aquellos tiempos y provocar una nueva mirada sobre ellos.