Filmando la injusticia

PC_Aladar_001_web

Hay lugares del mundo donde parece que es imposible la esperanza cuando te enfrentas al sistema. Y sin embargo, surgen documentales como Presunto Culpable que demuestran de una forma sorprendente que la ética y la lucha por hacer justicia pueden estar por encima de leyes hechas a la medida de los corruptos.

En México, la ley dice que eres presuntamente culpable hasta que consigas demostrar lo contrario, lo cual sucede muy pocas veces ya que el 95% de las sentencias son condenatorias. En México, el 92% de las acusaciones se basan en testigos o supuestos testigos, nunca en pruebas periciales. En México, el 93% de los acusados no ve jamás al juez. En México, se premia con ascenso a los policías por el número de detenciones acumuladas de supuestos delincuentes, así que no es de extrañar que los cuerpos de seguridad detengan y acusen en muchos casos a cualquiera que pueda tener la más mínima relación con un delito. Y aunque resulte difícil  de creer, un policía puede acusarte de un delito tan grave como el homicidio, por el simple hecho de querer poner otra muesca en la culata que cuenta las detenciones  que ha realizado.

Basta leer los periódicos de vez en cuando para que nada de todo esto pueda asombrarnos, dada las continuas referencias a la situación deplorable, corrupta y surrealista de la justicia y la policía mexicana. Pero ser testigos de primera mano de hasta qué punto unas reglas y leyes diabólicas pueden  arruinar la vida de un hombre y de su familia, resulta un ejercicio necesario para no perder de vista la magnitud de este dislate. Por ello Presunto Culpable se convierte en un más que necesario documental que nos ayuda a entender porqué en México la policía puede cometer delitos tan terribles como acusar con pruebas falsas a un inocente y no sufrir ningún tipo de castigo por ello.

José Antonio Zúñiga (Toño), es el protagonista de una historia donde puede decirse sin miedo a equivocarnos, que la realidad supera con creces a la ficción. En 2005 fue acusado y condenado a veinte años de prisión por un delito que nunca cometió, gracias al testimonio de un testigo que jamás le había visto antes.  Desesperado pero dispuesto a luchar por su libertad, Toño logra contactar con dos jóvenes abogados, Roberto Hernández y Layda Negrete, —el primero ya tenía además experiencia como guionista de El Túnel (2006), documental crítico también con el sistema judicial mexicano— quienes deciden investigar el caso con la esperanza de concienciar a la opinión pública en su lucha para cambiar la ley que dice que un hombre es culpable hasta que se demuestre lo contrario, y de paso, lograr la libertad de Toño. Tan esperpéntico había resultado el juicio condenatorio, que los abogados descubren que para empezar, el letrado defensor de Toño utilizó una licencia falsa de abogado. Esta revelación permite reabrir el caso y anular la sentencia,  para comenzar un nuevo juicio al que se suma Rafael Heredia, un prestigioso abogado penalista. El equipo que defenderá ahora a Toño decide grabar todo el proceso tanto en la prisión Oriente del Distrito Federal,  donde se encuentra preso el protagonista, como en el Tribunal de Justicia. Armados con una cámara y un micrófono,  los abogados ponen en evidencia la perversión del sistema judicial mexicano, tanto en lo que a las leyes se refiere como a las personas que lo ponen en práctica o supuestamente deben custodiarlo.

PC_Aladar_002_web

Con un montaje más cercano al thriller que a la no ficción, el director utiliza sobre todo las imágenes grabadas con escasa calidad durante el proceso. Les añade efectos y rótulos telegrafiados que buscan llamar nuestra atención sobre aspectos concretos que acusan al sistema judicial mexicano. Las canciones del  protagonista, rapero de vocación, donde denuncia la situación que vive, sirven de banda sonora a una historia cuyo desenlace llega cuando ya no lo esperas. De ahí la grandeza de una realidad que resulta extraordinaria  y donde lo que de verdad importa es lo que se ve y lo que se oye, porque dadas las cifras manejadas y si nada cambia en México, el final de la epopeya  de Toño tardará más de cien años en volver a repetirse.

Pero precisamente, ese es el objetivo de Presunto Culpable, plasmar a través de un personaje real la injusticia de la justicia. Cuando se estrenó en México en 2011 -llevaba ya casi dos años recorriendo festivales de cine comprometido-, una jueza obligó a retirarlo de las salas alegando que uno de los testigos que aparecían en la película había presentado un recurso de amparo. La sociedad mexicana entendió este hecho como una censura por parte del poder judicial, y una semana más tarde, tras enormes presiones en los medios de comunicación y en la calle, Presunto Culpable volvió a las salas para convertirse en el documental más visto de la historia de la taquilla mexicana, con casi dos millones de espectadores. Tras ello llegó el reconocimiento internacional hasta obtener un más que merecido Emmy al mejor trabajo de investigación periodística del año.

PRESUNTO CULPABLE

Si los documentales se ruedan para despertar emociones y provocar el  análisis y debate sobre de una situación o acontecimiento, Presunto Culpable  consigue con creces ese objetivo. Asistimos impotentes a la destrucción de cualquier principio de justicia universal, asesinado por un sistema envenenado frente al que la esperanza resulta –aparentemente- insuficiente.

Presunto Culpable te mantiene pegado a la butaca en un ejercicio de rabia contenida que como espectador, te hace a veces muy difícil seguir viendo la película. Pero por el bien de la vida de los cientos de miles que todavía están encarcelados sin recibir un juicio justo en decenas de países,  debemos ser testigos de cargo de la inmoralidad de aquellos que administran justicia en lugares como México. Se trata de un trabajo enfático acerca de los atropellos contra los que son detenidos, encerrados y juzgados sin que nadie siquiera se haya preocupado en demostrar su inocencia. Pero es también la historia de aquellos que se enfrentan a la corrupción y los poderes establecidos, la historia de abogados honestos y de jóvenes reos que, contra todo pronóstico, se niegan a dar por perdida su vida.

Emma Camarero es profesora de comunicación audiovisual en la Universidad Loyola Andalucía y directora de cine documental.