GARRY WINOGRAND (1928-1984). EL FOTÓGRAFO DE LA ANSIEDAD

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La Sala de MAPFRE situada en la madrileña calle de Bárbara de Braganza nos invita, sólo hasta el 3 de mayo, a conocer la obra de un fotógrafo nada convencional que conseguirá nuevos adeptos a su causa; una causa que hoy podíamos calificar de extravagante y que, en cualquier caso, marcó decisiva tendencia en lo que se haría después.

Garry Winogrand fue feñalado por John Szarkowski como el más importante fotógrafo de su generación. Su vida y obra ha dejado muestras de una gran calidad y categoría dentro de la fotografía documental. Pero, sin duda, lo que más interesará al visitante de la exposición que presenta MAPFRE es su faceta como fotógrafo callejero o cazador de instantáneas que le llevo a retratar desde los años 60 toda una implosión de ítems que, como mínimo, desconcertaban al más pintado. Optimista y disparador de personajes o personas convertidas en tales, este detalle le hacía en ocasiones no cuidar el encuadre, lo que a cambio salvaba consiguiendo esas escenas que todo fotoperiodista busca, de tal forma que en el tiempo en que el resto de los mortales parpadea, él conseguía al menos un par de esas instantáneas que retrataron desde el conflicto de EEUU con la URSS en plena Guerra Fría, la de Vietnam y Corea o como influyeron en su visión de la política y la realidad.

Llega un momento en que toda esta cantidad de imágenes llevan al visitante al síndrome de Stendhal, siendo la selección realizada por el equipo de MAPFRE más que acertada y sobre todo consecuente con lo que podríamos adivinar era el deseo de su autor, un tipo al que le preocupaba poco la posteridad, así como el revelado y posterior montaje de sus fotografías (de hecho muchas de ellas están extraídas digitalmente de la hoja de contactos del negativo original) y que hasta 1967 y dada su capacidad el Museo de Arte Moderno Neoyorkino no dio a conocer más que en la fundamental retrospectiva titulada New Documents, en la que también participaron Diane Arbus y Lee Friedlander.

Si ya los inicios fueron gloriosos llegando a publicar en revistas ilustradas generalistas como Life, Look, Sports Illustrated, Collier’s o Pageant, esa mirada abarcadora que definía a ese ojo que casi todo lo ve, iría sufriendo cierto desgaste, algo lógico, dada su personalidad ansiosa y en exceso entusiasta, lo que hace que su obra – y aquí la selección ya digo, es intachable- se hiciese caótica, farragosa, descentrada y expuesta a la casualidad.

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Oriundo del Bronx, Garry Winogrand comienza a fotografiar cuando se traslada a Manhattan consiguiendo grandes aciertos en las localizaciones que van desde los grandes almacenes Macy’s hasta Central Park. De esta forma, desde la primera tomada en Park Avenue en 1959 y que retrata a una pareja en su descapotable acompañada por un simio, empieza un recorrido de lujo; imágenes donde está presente la posible inspiración de Woody Allen para Manhattan, como esa disparada sobre 1950 que recuerda tanto los juegos de sombras del protagonista y Diane Keaton en el interior del Museo Metropolitan. Muy parecida a la imagen con la que se nos presenta la exposición es la también aportada desde el centro de un paso de peatones en la que aparece un hombre mirando hacia atrás de perfil con un cigarro en la boca; de tal forma que si la primera nos sugiere Wall Street, la segunda parece llevarnos más por Chinatown o Harlem. El fundamental cambio de tercio a partir de aquí se da en fotos tomadas en barrios poblados de gente de color (aquí el grano convierte premeditadamente la escena en algo de mayor dureza) que contrastan con la nieve como escenario. Combinan estos cinematográficos ejemplos con otros de mayor elegancia y sofisticación, como los retratos de mujeres hippies o con peinados que nos recuerdan a la serie Mad Men. Tanto las imágenes del recorrido por la campaña electoral de Richard Nixon, como los aparentemente improvisados de manifestaciones delirantes llenas de desfase y desnudos, contrastan con el retrato típico de los años 40 realizado en el Metropolitan Opera. Debemos destacar, también, la mirada casi inocente o al menos no tan incisiva en el retrato al cliente de una pobre prostituta obtenida en 1958 aproximadamente. Es en esta época cuando se popularizan sus fotografías de aeropuerto (llegando a catalogar desde el John Fitzgerald Kennedy de Nueva York, pasando por La Guardia o el posterior de Idlewild). Además de lo ya comentado nos congratula saber que la imagen que retrata tan irónicamente a ese conjunto de señoras mayores que discuten bajo el cartel de los ya desaparecidos almacenes The Franconia, pertenece a la Fundación MAPFRE. Perteneciente a la New York World’s Fair, quizás la fotografía más famosa, situada tras la de Elsa Martinelli fumando en el Morocco, sea la de las tres parejas sentadas en el banco, no sólo por su sugerencia de un fuera de campo nada convencional, sino por la capacidad de sugerirnos más de una historia a partir de gente más o menos vulgar o desclasada de la sociedad que retrata.

Además de los aeropuertos, vemos como a este señor también le encantaban los zoos y acuarios.

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La segunda parte de la exposición, Un estudioso de Norteamérica, se centra más en las imágenes tomadas fuera de su ciudad de origen, o bien en entornos residenciales de las afueras o en lugares menos espectaculares. De esta forma, destacan entornos como Castle Rock (Colorado), Las Vegas, Albuquerque, Dallas o Wyoming; si bien los ejemplos sobre la Convención Democrática Nacional con Kennedy a la cabeza y alguna imagen en cementerios resultan más arquetípicos, las dos imágenes de Los Ángeles de 1964 y 1969 suponen una vuelta a los orígenes donde se exploran las amplitudes de unos atardeceres y amaneceres en contraluz esplendorosos.

Muchos son los ejemplos que nos llevan a disfrutar. Destacar cómo hasta en la etapa de menor glamour (Auge y crisis) encontramos muy válidos retratos de personajes de Hollywood como la también fotógrafa Drew Barrymore en el set de rodaje de Ojos de fuego o Mickey Rooney celebrando en el backstage la llegada de un Óscar.

Más de seis mil quinientos carretes quedan aún sin revelar de este gran fotógrafo al que no hay que perderse en esta primera retrospectiva.