Hablar solos

3 andres neumanFotografía de Luis Ángel Gómez

Hace poco discutía con un grupo de gente acerca de un cuento de un escritor español contemporáneo. Debatíamos varias cosas, como la voz del narrador o la estructura de la narración, pero una de las preguntas más interesantes que surgió fue: ¿a quién le está contando esta historia el narrador? Es una pregunta que cabía frente a ese texto pero que puede caber también ante muchos otros de la literatura.

¿Por qué el narrador narra?, ¿a quién?, son preguntas que nos podemos o podríamos hacer durante la lectura de varias obras. En otras, en cambio, queda explicitado, por ejemplo, si se trata de una carta, de una confesión, de una declaración, de un diario… Pero cuando no está explícito, cuando un narrador en primera persona habla y en la ficción no hay destinatarios propuestos, y quedamos solo nosotros, los lectores, aunque ya afuera de la ficción, ahí cabrían preguntas. ¿O nos queda la sensación de que quizá habla solo?

Hablar solos de Andrés Neuman es una novela curiosa a este respecto: hay tres narradores, y cada uno narra de manera diferente y con intenciones diferentes. Se trata de una familia: padre, madre e hijo de 10 años. El padre narra de manera oral, le graba su relato al hijo. La madre narra de forma escrita, como un diario. El hijo narra mentalmente, ingenuos divagues mentales. Narran lo mismo (lo que sucede mientras tiene lugar un viaje del que participan solo padre e hijo) desde diferentes puntos de vista, y narran también lo diferente, lo propio, lo íntimo de cada uno. En Elena (la madre), la apreciación del mundo y de las cosas es salvaje; en Lito (el hijo), la voz es ingenua e inocente; en Mario (el padre), es triste y final. Y solitario… solitario es todo, especialmente si le creemos al título de la novela. Es cierto, hablan solos aunque tengan un destinatario pensado, y una razón. Hablan y están solos frente a la vida y a la muerte.

Cada mini capítulo se titula con el nombre del personaje y tras esa presentación viene el discurrir de las palabras. Son tres voces bien diferenciadas; probablemente la más trabajada o desarrollada sea la de Elena, que es un poco la protagonista y el personaje donde las marcas de la voz propia del autor más se perciben o descubren. Porque Elena es, además de la que escribe, la que lee: bajo el nombre de Elena están las numerosas citas literarias que se cuelan en esta obra para hablar sobre todo de una cosa: de la enfermedad, e incluso reflexionar acerca de cuánto se ha ocupado la literatura de este tema.

Hablan solos porque uno de los tres, Mario, se está muriendo y se muere. Porque Elena lo cuida y lo atiende, y luego lo entierra. Porque a Lito le mienten sobre las causas de la muerte de su padre. No se comunican el que está en la cama con la que está al borde de la cama con el juega a la pelota. Y sin embargo, toda la novela se basa en la intención de comunicarse, sobre todo puesta en Mario: la narración de Mario es explícitamente una narración para otro (para su hijo), para comunicar. La novela es toda un relato de tres personas que narran, que hablan (solas), para decir algo a alguien, para trascender, para no agotar lo que queda de vida en el silencio. Y para asumir o reclamar deudas: deudas con el enfermo, deudas con el que cuida al enfermo, deudas de amor. No es el caso de Lito, que vive un mundo infantil aparte, pero el de los adultos es sobre todo un interrogante sobre lo que dan y lo que merecen recibir. Ahí se pone en juego la moral pero también se juega el cuerpo: el cuerpo enfermo que va hacia la muerte y el cuerpo sano que busca el sexo, que busca el impacto en la carne que le recuerde la vida. Se confunde agradecimiento con reclamo, se confunde placer sexual con castigo. Y es cierto, en alguna medida empieza todo a no diferenciarse de nada. La novela va de lo terrible a lo peor.

El escritor español contemporáneo sobre el que discutía con un grupo de gente no era Neuman, pero a pesar de una estructura tan clara, de haber tres narradores tan bien diferenciados y con medios para la narración también diferentes, creo que podría haber sido, incluso porque el propio título de la novela algo de aquel debate me sugiere.

Calificación: Angustiante, duro.
Tipo de lectura: Deprimente, dolorosa.
Tipo de lector: Dispuesto a leer sobre la enfermedad.
Argumento: Mario, el padre, se está muriendo. Elena, la madre, lo atiende y al mismo tiempo también se lía con el médico de su marido. Lito, el hijo, es ajeno a todo el drama.
Personajes: Los tres personajes principales son los narradores de esta novela.
¿Dónde puede leerse?: Donde se soporte.