Hiperrealidad novelada

Jose Agosto02

Después de analizar los rudimentos de la profesión periodística contando historias policíacas con la redacción de un periódico o un estudio de radio como escenarios, José Sanclemente cierra su trilogía con una novela que aborda como tema lo que se ha dado en llamar ‘cruelity show’ en el ámbito de la televisión. La periodista Leire Castelló y el inspector Julián Ortega vuelven a encontrarse en las páginas de una novela negra para mostrar las miserias que se esconden tras la comunicación y el entretenimiento de las masas.

Toda la atención se concentra en sus gafas. Tras las lentes se afila una mirada inquieta y sin embargo serena. Inquieta como la de un niño. Serena como la del escalador que mira el valle desde la cima conquistada. No quiere hablar de periodismo, sino de su novela, pero es consciente de que la descripción de un cargo ejecutivo en su tarjeta de una empresa periodística cuenta aún con mayor peso específico que su oficio como novelista. Se deja convencer para que la entrevista aparezca en las páginas de comunicación del periódico, y hoy tal vez se sorprende al verla ubicada en el suplemento cultural. José Sanclemente habla de periodismo. José Sanclemente habla de literatura.

De hecho, confiesa que cuando se sentó a escribir pensó primero en un tratado de periodismo, pero con el olfato que le caracteriza llegó a la conclusión de que aquello no iba a interesar al gran público, así que decidió disfrazarlo de novela. De ahí salió una trilogía de disfraces literarios con los que revistió la redacción de un periódico, un estudio de radio o un plató de televisión, para mostrar las tripas del negocio y del oficio. Y eso sí que interesa a los lectores de novelas. «Pretende tener tinte de novela negra, que se lea rápido, y ocurre como en la cocina: que fastidia, después de tanta preparación, que se acabe tan pronto. Por eso espero haber sabido dejar un poso de inquietud detrás de cada trama», confiesa con una impostada humildad. Trata de engañar al interlocutor y al lector (de la novela y de esta entrevista), porque es consciente de que la inquietud existía antes que la trama, porque sus historias están basadas en una realidad que perturba y que se cuenta en directo en televisión. «Cuando estás tan pegado a situaciones cotidianas que pueden pasar tienes una serie de consecuencias. Es lógico que en mis novelas, la realidad sea tan plausible», reconoce al verse cazado en su intento de esconder la argucia.

Vuelve a la novela. Tamborilea con los dedos sobre la mesa en la que la grabadora recoge su discurso. Conoce cada gesto y su significado, y quiere llevarse la conversación a su rol de escritor, porque interpreta que está exponiendo más de lo pactado al Sanclemente periodista. Quiere hablar de Leire. De Ortega. Obtiene una concesión para dejarse llevar después otra vez al oficio. Periodista versus periodista. «Cuando conocer tanto a los personajes, porque ya han aparecido en otras dos novelas, les dejas que se te vayan menos. Ya son como de la familia, y sé cómo van a reaccionar ante una situación extrema», asegura respondiendo al tópico de los personajes que toman vida propia durante el proceso de creación. Julián Ortega es policía, jefe de una brigada de homicidios. Sanclemente ha conocido a muchos policías en el ejercicio de su profesión. Leire Castelló es periodista de raza. Sanclemente dice haber conocido también a muchas leires «con minifalda o con pantalones, da igual, pero de esos periodistas que escuchan una sirena y se asoman a ver qué pasa y no se dedican sólo a ir a las convocatorias, a hacer periodismo de mesa. Yo la contrataría mañana mismo».

El escritor que sigue siendo periodista cuenta con una redacción en la que buscar una mesa para un buen periodista: la del último medio que ha fundado, eldiario.es , que basa su independencia en sus más de diez mil socios (durante la entrevista le llega el mensaje que le confirma precisamente haber superado esa barrera) que pagan por la información en la web. «La garantía de la independencia son los lectores que están dispuestos a pagar por la información. Podemos contar la verdad porque tenemos un respaldo, y por eso hay que tender a que la mayoría de las acciones estén concentradas en la redacción, en los periodistas. Para evitar la autocensura que se da cuando los bancos son los dueños de los periódicos» pontifica. Pero la verdad no es una ciencia exacta, como reconoce el propio José Sanclemente, sino una ecuación con múltiples respuestas, con muchos matices de la verdad que construye, por tanto, muchas verdades. Otra cosa es la televisión enfocada al entretenimiento, en la que se ha querido hacer más real la realidad, más veraces las verdades cotidianas de los ciudadanos anónimos. El autor lo explica, justificando despojando a sus teorías del disfraz de la historia que acaba de publicar: «Cuando en muchos países estos espacios son los de mayor audiencia. La realidad que vivimos puede que sea demasiado aburrida. Tal vez vivamos esa hiperrealidad porque no estamos conformes con nuestra vida». Habla de cruelities, nueva acepción para el formato. Habla de tortura y de sufrimiento como síntomas de una disfunción psicólogica.

Así es la televisión de masas que no es telebasura en su concepción técnica, en la medida en la que está realizada contando con grandes medios técnicos. «Otra cosa es convertir en un plató un pueblo en el que muere una concursante como en la novela, una cárcel en la que ingresa un personaje público, o un hospital en el que hay un enfermo de ébola», critica el autor.

Sanclemente, el escritor, no puede resignarse a dejar vencer al periodista que le entrevista. O tal vez sea que le haga creer que le gana la partida, porque en realidad, él quería hablar de periodismo. Y ha querido escribir de periodismo en la saga literaria que concluye —asegura sin mostrar convencimiento— con Esta es tu vida. Cree en el futuro del papel. El de los libros y el de los periódicos, que «tienen que adoptar un tipo de información con la que la red no puede competir». ¿Y la receta? «Sonará romántico, pero la única forma de que un periódico tire adelante es invertir en sus periodistas, que tengan recursos para hacer periodismo. Habrá que ahorrar en otras cosas. Los periódicos nacieron con estructuras que ya eran obsoletas y han cambiado poco». Punto y seguido. Espacio en blanco. Silencio valorativo. Fundido a negro. Reflexión.

ATMÓSFERA DE CRUELDAD

Esta es tu vida (Roca Editorial, 2014) es una novela que ayuda al no iniciado en la religión de la televisión a conocer lo que hay detrás de las cámaras. Para lograrlo, el autor emplea la utilización de la jerga técnica siempre que la narración lo sostiene. Para Sanclemente, «es importante que el público conozca el escenario, que se meta en la trastienda de la televisión. La televisión es un medio que facilita la manipulación de la información, y he preferido que sea el lector quien se dé cuenta de ello. Cómo se corta un plano, cómo actúa el regidor… todo ello ayuda a saberlo». Y como soporte de este planteamiento que obliga a implicarse en la lectura sacando conclusiones, un reality show con un formato ficticio pero que los que saben del negocio ya le han dicho que sería factible ponerlo en antena. «Me gustaría más llevar mis novelas al cine», se lamenta el autor. «Los realities tienen una serie de ingredientes como el morbo o la interacción del espectador que como en el circo romano encumbra al concursante o lo hunde, que de alguna manera se están trasladando a la información rigurosa». Haciendo gala de una clarividencia cultivada con decenios de experiencia en la palestra de la comunicación, Sanclemente habla de hiperficción: «Parece que hay que llegar al insulto incluso en las tertulias políticas. No es necesario que se manipule. En la información ciudadana ya hay un cierto morbo como para tener que exagerarlo aún más».

Para crear el ambiente sórdido del que nacen las tramas de Esta es tu vida el novelista aprovechó su condición de ejecutivo de empresas dedicadas a la producción de televisión para acceder a las demos de formatos que ya se exhiben en otros lugares del mundo. «He visto castings de concursantes que son enfermos terminales y que aspiran a que el espectador se decante por ellos para proporcionarles una cura… He visto programas en los que coinciden en antena el violador y su víctima… He visto a una chica ganar un concurso de preguntas íntimas porque confesó que era prostituta. Su novio la asesinó unos días después, y también fue a televisión a contar el crimen…»