Historia del Jazz (3): Louis Armstrong, El eclipse alumbrador

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El gran desarrollo del jazz de Nueva Orleans se produjo en Chicago. Una paradoja que se justifica con el enorme movimiento que se produjo entre 1916 y 1919 de afroamericanos en busca de lugares más cómodos para vivir y, en el caso de los músicos, de nuevos públicos. Se conoce este fenómeno como la Gran Migración. También los músicos blancos se trasladaron a Chicago, pero ellos con una facilidad mucho mayor para acceder a las discográficas que, en el caso de los negros, no llegó hasta la aparición de los primeros race records.

Louis Armstrong nació el 4 de agosto de 1901. Aunque él siempre defendió que había nacido el 4 de julio de 1900 (una fecha muy estupenda en Norteamérica). William y Mary Albert (el músico se refería a ella como Mayann) no cuidaron del pequeño Louis. El padre terminó formando otra familia y Mayann era prostituta en Storyville por lo que Armstrong se encontró conviviendo con varios padrastros durante su niñez.

A los siete años comenzó a trabajar vendiendo carbón a las meretrices de Storyville. Cargaba durante todo el día con una carretilla que convertía ese trabajo en un suplicio. Un buen día, vio en un escaparate una vieja trompeta que se vendía por cinco dólares. Pidió un adelanto a su jefe y la compró. En ese momento, llegaba la oportunidad a un genio de la música que cambiaría todo lo conocido del jazz. Armstrong vivió todo lo que pasaba en Nueva Orleans (prostitución, segregación, racismo absoluto, violencia, ragtime, bandas de metal) lo asimiló y viajó hasta el centro de algo que estaba allí desde algún tiempo atrás presente sin que nadie lo hubiera sabido ver. Llegó al mismo centro de la realidad y convirtió un embrión musical en puro arte.

Contaba Armstrong que el cornetista “King” Oliver le fascinaba, que era el único que se paraba para explicarle porque algo no funcionaba cuando tocaba su trompeta. Oliver fue uno de esos afroamericanos que formó parte de la gran diáspora de Nueva Orleans. Se fue a Chicago y Armstrong dijo que no se movería de su ciudad salvo que Oliver le llamara. Resultó que pasado un tiempo, recibió ese telegrama de Oliver en el que le pedía que viajara a Chicago para tocar con él. Y Louis Armstrong, a partir de entonces, comenzó a convertirse en el gran eclipse que dejaría ocultos a los músicos de ese momento y, al mismo tiempo, en la gran luz que alumbraría el nuevo jazz para que se convirtiera en un arte universal.

Antes de Armstrong, el grupo era lo fundamental y, por tanto, cada instrumento desempeñaba un papel muy característico y algo rígido. El contrapunto que entablaban los instrumentos principales (corneta, clarinete y trombón) era lo más característico de estas bandas. Y la mejor de ellas fue la Creole Band de King Oliver. Las melodías, de esta y de todas las demás, eran algo arcaicas y la gran revolución que se planteaba era el refinamiento del sonido del instrumento. Oliver llego a decir que estuvo trabajando en ello durante diez años.

Armstrong viajó a Chicago. Mal vestido, con pinta de enterrador, pero con la nueva música en su vieja maleta. Otra paradoja es que se preparó como gran solista en un grupo que no permitía ninguna alharaca en ese sentido. La dependencia de los instrumentos entre sí era muy potente. Sin embargo, su fuerza era imparable y señaló con claridad el camino hacia la hegemonía del solista. Es curioso que la banda de Oliver fuera el mejor exponente de un tipo de música y, al mismo tiempo, fuera la misma imagen de su decadencia.

Oliver dejó de tocar. Incapaz de hacerlo y arruinado. Por su parte, Louis Armstrong fue adquiriendo gran fama. Eso sí conviene detenerse con calma en la evolución de su música para entender lo que fue y el porqué del gran cambio que provocó.

Creole Band de King Oliver y Louis Armstrong

Armstrong comenzó a trabajar con Fletcher Henderson. Era su primer buen trabajo. Henderson intentó robar todo el protagonismo al trompetista, pero era inevitable que haciendo música el resto de compañeros fueran dando importancia a Armstrong y modificando su forma de tocar. Por ejemplo, el músico era capaz de incluir en un solo ocho compases en las que repetía una nota con diferente duración, intensidad y colocación. Esto iba calando en los otros porque Armstrong era único en convertir los solos en algo coherente, en algo melódicamente perfecto.

Tras su paso por la banda de Fletcher Henderson, Armstrong tuvo que vérselas con otro músico extraordinario. Ambos tocaron juntos en la Clarence William Blue Five. Él era Sidney Bechet. Era el único que parecía estar a un mismo nivel que el trompetista. Tradicionalmente, los clarinetistas de Nueva Orleans habían intentado una mayor libertad y arriesgaban mucho más que el resto de músicos. De hecho, las zonas más complejas de las piezas quedaban a su cargo. Bechet trabajó duro para poder competir con Armstrong y fue el precursor del clarinete como voz solista en el jazz. Sus melodías y las coloraturas que alcanzaba fueron únicas. Su búsqueda, al igual que ya ocurriera en el caso de “King” Oliver, de un modo de interpretar buscando la cualidad vocal, fue muy notable. En cualquier caso, Bechet no tenía problemas para sumergirse en el grupo y adaptarse. Era mucho menos atrevido que Armstrong.

En una grabación de la época, Texas Moaner Blues, podemos comprobar cómo la superioridad de Louis Armstrong era importante, pero que Bechet no se arruga y logra un solo imponente. Eso significa que era capaz aunque se reservara a menudo.

Bechet terminó viviendo en Europa. Ganando más dinero, siendo más famoso y más importante que lo fue en Estados Unidos. Como muchos músicos de jazz a lo largo de la historia.

Nos vemos la próxima semana.

Los protagonistas

Bessie Smith
Fue la mejor representante del blues clásico. Desde muy joven trabajó en el grupo itinerante de Ma Rainey. Pero pronto superó a su mentora con melodías desconocidas, cantando desde los sótanos de su humanidad y afinando como nadie lo podía hacer. Consolidó la fusión entre música popular y blues. Saltó a la fama con Down Hearted Blues, disco que vendió más de medio millón de copias. Cantante de voz poderosa, acompañó al blues hasta los grandes escenarios. Sus excesos y una vida desordenada eran reflejo de lo que contaba en sus canciones. Murió en accidente de tráfico en 1937. Tenía 43 años.
Bessie Smith
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Earl Hines
Earl Kenneth Hines llegó a Chicago desde Pennsylvania. Con una excelente formación musical, integraba ragtime, blues y stride. Pequeñas carencias armónicas y un sonido algo rudo no ensombrece un dominio rítmico inigualable y un fraseo exquisito. Hacía desaparecer el swing con la misma facilidad con la que hacía que regresara para amarrarlo al ritmo que persistía. Era un pianista sin miedo alguno. Coincidió en Chicago con Louis Armstrong uniendo su música en el grupo de Dickerson. Earl Hines no suavizó nunca su estilo y, es posible, que fuera parte del génesis del bop.

Jazz y cine

Bird
En el interior de la melodía
Muy lenta. Muy buena. Este sería un resumen excesivamente corto, pero justo de la película dirigida por Clint Eastwood, Bird, a finales de los 80′.
Bird cuenta buena parte de la vida de Charlie Parker. Este músico aportó al jazz nuevos ritmos, nuevas formas de interpretación, la ruptura rebelde del músico negro (no de Parker sino de todos los hombres y mujeres de color) con las formas establecidas por los blancos e, incluso, por los propios negros que encontraban en el jazz una forma de vivir que no de vida. Este músico, drogadicto y desastroso en su vida privada, pasó por el mundo rápidamente, sin dar un respiro a nadie, ni a su música, ni a sí mismo. Este músico fue un genio absoluto aunque pagó un precio altísimo por serlo. Tanto en su vida privada como en la pública.
Eastwood recorre la zona más importante de la leyenda con minuciosidad, dejando ver lo mejor y lo peor, sin mordazas de ninguna clase. Se apoya, cómo no, en la música de Parker y en el testimonio de su esposa, logrando una película entrañable y profunda, desde dentro de una melodía que siempre fue explorada por el artista. Cualquier melodía posible para saber si el mundo encajaba en ella.
El bebop es la base con la que se sostiene la banda sonora. Y no a todo el mundo (aficionados al jazz) le gusta este tipo de música. Hay que ordenar el oído para que agrade, tal y como sucedió en su momento, cuando Parker deslumbró a unos y horrorizó a otros con sus nuevos ritmos.
La película logra crear un clima perfecto para poder entender la vida de este hombre y las razones que le llevaron a destrozar lo establecido. Con un sonido que obtuvo el Óscar de forma merecida e incontestable.
Forest Whitaker es Chalie Bird Parker. Diane Venora es Chan Parker (su esposa). Tanto él como ella defienden sus papeles sin fisuras, con enorme profesionalidad. Mejor ella que él porque Whitaker resulta algo histriónico a ratos. La dirección de Clint Eastwood es notable aunque gran parte del trabajo lo deja en manos de los escenarios, el vestuario y la banda sonora. Quiero decir con ello que crea un mundo que parece funcionar por sí mismo, sin su ayuda. Dicho de otra forma, sus ayudantes le hacen el trabajo mucho, muchísimo, más simple. Todos ellos son impecables en su labor. Eastwood recoge cada cosa y las mete en la coctelera con acierto. Ya sé que es esto exactamente lo que hace un director de cine. Lo sé. Pero cuando tienen un equipo como ese, el mérito es más compartido que nunca.
Ciento cincuenta y cuatro minutos de metraje. De buena música. De buen cine. De excesos. De vidas destruidas. De modos de morir y de vivir. De todo lo que puede pedirse al cine.