Historia del Jazz IX: Benny Goodman: De Maxwell Street al reino del swing

Goodman, Wilson y Krupa

La época de la Gran Depresión norteamericana no perdonó a nada ni a nadie. La industria musical se vino abajo. Dejaron de venderse 9 de cada 10 discos. Los clubes clandestinos, en los que poco antes podía consumirse alcohol ilegal, se vinieron abajo porque el jazz podía escucharse en casa a través de la radio, con una copa (ya legal) en la mano. Todo estaba cambiando a gran velocidad. Y, para ganarse la vida, los músicos se concentraban en las big bands, que antes eran un lujo y, ahora, una ganga.

Con la radio llegó la época de las grandes estrellas. Y con las grandes estrellas de la música aparecieron los managers. Si en algo hay dinero alguien tiene que saber gestionarlo. Todo evolucionaba a gran velocidad, incluida la pobreza de una población que necesitaba anclajes a una felicidad que se perdía por momentos.

Con la radio llegó una forma de escuchar jazz muy diferente. Las cadenas y los managers eran los que elegían qué se escuchaba y cuándo. Con este escenario dibujado, apareció el que sería el rey incontestable de la época en la que el jazz fue más popular que nunca: Benny Goodman; un músico que logró establecer el papel del clarinete dentro del jazz (aunque grandes músicos lo habían perfilado, Goodman extendió la esencia musical del instrumento definitivamente), un músico que logró un nivel como director de orquesta irreprochable y que fue capaz de atreverse con lo que otros no habían querido enfrentarse ni de lejos. Los nuevos sonidos bop, las bandas mixtas formadas por músicos blancos y negros, se convertirían en algo normal a la misma velocidad a la que Goodman conquistaba su fama o lograba mantenerla intacta.

La Gran Depresion

Benny Goodman nació el 30 de mayo de 1909. Hijo de inmigrantes europeos, vivió en uno de los lugares de Chicago más violentos y conflictivos: Maxwell Street. Su padre, que había decidido intentar dar salida al futuro de sus hijos a través de la música, hizo que Benny y alguno de sus hermanos, se incorporasen a la banda de la sinagoga del barrio. Como Benny era pequeño, le entregaron un instrumento manejable, un clarinete. Pronto destacó y, siempre, quiso ir más allá; sus ganas de triunfar no tenían límite.

Con catorce años conoció a Bix Beiderbecke. Llegó a tocar con él. Si nos fijamos en la música de Goodman, en la que practicó durante toda su carrera, encontramos algunas cosas que, posiblemente, arrastró de ese encuentro. Fortaleza marcando los tiempos más sólidos al frasear, rupturas que le llevaban de intervalo en intervalo con gran facilidad, un sonido agradable que llegaba de un swing impecable.

Escuchó, siendo muy joven, a los grandes maestros. Paul Whiteman, Ellington o Henderson, con el que trabajaría tiempo después. Buscaba un hueco que parecía imposible en plena etapa de depresión. Y, para encontrarlo, una figura fue fundamental en la carrera de Goodman: John Hammond. La unión de músico y manager fructificó con las grabaciones de algunos discos en los que intervinieron algunos de los mejores músicos del mundo.

Pero la radio era la clave. Y la NBC ofreció a Goodman la oportunidad de participar en un programa llamado Let´s Dance, que tenía una duración de tres horas y llegaba a buena parte de país. Goodman, por supuesto, acepto el ofrecimiento. Para algo tan importante, él sabía que necesitaba fichar a los mejores músicos que estuvieran a su alcance. Helen Ward, cantante que no utilizaba adornos estilísticos, de voz dulce y natural; Bunny Beringan, trompetista capaz de servir de contrapunto al clarinete de Goodman; y Flectcher Henderson como arreglista (Blue Skies o Sometimes I´M Happy son un par de temas que sirven de muestra para que podamos hacernos una idea de lo colosal de la colaboración); el pianista Jess Stacy; los guitarristas George Van Eps y Alan Reuss; el baterista Gene Krupa. Y con los nuevos fichajes (fueron muchos más aunque no tan representativos) y la tendencia de Goodman hacia la música más hot que, sin duda, Henderson arrastraba con él, Goodman comenzó el camino que le llevaría a ser un músico de masas; un camino que los músicos negros tenían mucho más difícil. Las diferencias racistas eran muy acusadas.

El programa radiofónico se retiró de antena antes de cumplir siete meses, esto fue en mayo de 1935. Pero Goodman ya había aprovechado el gran tirón de público que le habían proporcionado las ondas. Con la discográfica Victor había grabado importantes éxitos y su acercamiento al estilo más hot era una realidad. Esta asimilación del estilo bajo la influencia de Henderson, a decir verdad, le causaría algunos problemas en su gran gira por el país durante ese año. No todos entendieron lo que proponían Goodman y su banda. Sin embargo, al llegar al sur de California, concretamente en su concierto en el Palomar Ballroom, todo problema se diluyó y el gran éxito llegaba de forma sorprendente. Miles de personas querían escuchar en directo ese swing que marcaría diez años de la historia de un país en problemas.

Los protagonistas

Gene Krupa

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Baterista. Su música evocaba los primeros tiempos de la música en Nueva Orleans. Era un intérprete espectacular aunque se alejaba de los fundamentos de la música jazz. Cargaba toda su fuerza musical en la parte fuerte de los ritmos cuando, ya el resto de percusionistas, intentaban un acento sólido en los débiles y utilizar los fuertes para conseguir el swing necesario. Tampoco quiso saber nada de un instrumento como el suyo que estuviera fuera del ritmo base y de los cambios rítmicos que iban experimentándose y que convertían el platillo ride en centro rítmico.

A pesar de su larga carrera como músico, su fama se vio truncada por la detención que sufrió y por la que fue acusado de posesión de drogas.

El tiempo que trabajó con Goodman marcó, definitivamente, lo que representaría el sonido de la batería en una Big Band.

Teddy Wilson

Teddy Wilson

Pianista. Acompañó a Benny Goodman y a Krupa en la formación de un pequeño grupo antes del éxito de Palomar Ballroom al margen de su orquesta.

Aunque Wilson se arrimaba mucho al estilo Stride de Harlem, su música quedaba descargaba de todo aquello que no aportara profundidad. Le gustaba más dejar por debajo de la partitura que decir con claridad o adornando las frases.

La armonía del combo que formaron Goodman, Krupa y Wilson, se veía reforzada con el sonido del piano de este último. La brillantez de la mano izquierda y la fortaleza de la derecha, constituían todo lo necesario para que los instrumentos que faltaban no se tuvieran que echar en falta.

Aunque Wilson es considerado uno de los mejores pianistas de aquella generación, hacía una música algo previsible puesto que abusaba más de la cuenta del uso de escalas al estilo de Art Tatum. Una contradicción con el concepto más profundo de la música que proponía.

Libros y Jazz

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Jazz: Cómo la música puede cambiar tu vida

Para Wynton Marsalis (autor de este libro junto a Geoffrey C. Ward; Marsalis es músico y Ward le ayuda a poner en orden el discurso), para Marsalis, decía, el jazz es una pasión y, sobre todo, una forma de vida. Tanto es así que, en este libro, lo que pretende es trasladar su experiencia, su saber, sus descubrimientos, a todo el que quiera acercarse.

El libro se convierte en una especie de manual para todo aquel que desea descubrir el jazz. Marsalis explica qué es cada cosa, qué dejaron dicho los grandes, qué significa el blues en el jazz y cómo toda la música, sea del tipo que sea, es blues con un revestimiento modal, pero blues. Habla de la extraordinaria tontería que ha representado siempre la división de las personas por su condición sexual, por su raza o sexo. Las personas se diferencian por sus ideas, por cómo miran el mundo y, sea como sea, la aportación de todos es de suma importancia. Esta es una de las ideas transversales de la obra.

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El discurso de Marsalis, filtrado por la estilográfica de Ward) es cercano, está lleno de cariño con lo que dice y con quién lo lee. Recurre a imágenes muy coloquiales para explicar asuntos algo complejos. De este modo, el lector que se aproxima por vez primera al jazz puede hacerse una idea bastante exacta de lo que le dicen. Recurre, también, a las referencias expresas para que las explicaciones sean útiles. Por ejemplo, si habla de los solos, Marsalis anota cuatro o cinco ejemplos en los que la evolución es clara y resulta esclarecedora. Los que ya son aficionados al jazz y tienen algo más claras las cosas, el libro se convierte en una fuente de inspiración para que el pensamiento se centre en el blues como epicentro de la música; para entender, desde dentro, eso que llamamos swing y no terminamos de saber definir; para comprender que la música es algo que sirve para afrontar la vida; que tocar un instrumento tiene una importancia y unas consecuencias extraordinarias.

Wynton Marsalis fue galardonado con el Premio Pulitzer de música y los Grammy que ha conseguido son numerosos (llegó a ganarlo cinco veces consecutivas).

La lectura de Jazz: cómo la música puede cambiar tu vida es ágil, placentera, interesante y muy, muy, recomendable. Para que gusten las cosas hay que entenderlas, hay que poder sentirlas. Esta lectura es una ocasión única para pisar el territorio del jazz por primera vez. Nunca desearán dejar de hacerlo. Quedan advertidos.