Historia del Jazz XI: Billie Holiday. Un extraño fruto colgado del jazz

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Si una cantante estuvo en el centro del jazz, en ese lugar en el que todo estaba ocurriendo, fue Billie Holiday. Su vida fue una aventura reservada para muy pocos. Momentos de gran esplendor, giras endiabladas en las que sufrió una segregación brutal, drogas, alcohol, amores turbulentos, asuntos turbios, detenciones, prisión. Y una voz inolvidable que nunca nadie podrá imitar. Puro jazz, pura elegancia, puro viaje a lo más profundo del ser humano a través del sonido único llegado desde la garganta de una de las grandes damas de la canción.

Alguien podría pensar que la improvisación entre los cantantes es algo imposible. Dependen de un texto que hay que respetar y cada canción debe ser reconocible. Sin embargo, los circunloquios, algunas alteraciones armónicas, un fraseo determinado o los intercambios, permiten que algo de improvisación se pueda incorporar al cantar cualquier tema. Billie Holiday fue la reina de esa improvisación. En realidad, fue la reina de una época del jazz.

La importancia de su trabajo se encuentra en el cómo cantaba, en cómo decía, en cómo llenaba de un contenido desconocido, cualquier tema que interpretase. Cuando grabó junto a Teddy Wilson What a Little Mooonlight Can Do en 1935, demostró que una canción bastante normaducha podía convertirse en una obra de arte.

El registro de Lady Day era suave y discreto. Además, su ámbito no abarcaba más de octava y media, por lo que no se le puede considerar una virtuosa, aunque fue la cantante que construyó el mayor símbolo contra la discriminación racial: Strange Fruit. Esta canción habla de un hombre negro colgado de un árbol, linchado. Hasta 1960, Abbey Lincoln con el tema Freedom Now, no pudo igualar algo tan auténtico.

El refinamiento, la elegancia urbana y un encanto, entre canalla y frágil, hacían de Billie Holiday una cantante que marcaba diferencias peligrosas. Si interpretaba junto a Lester Young cualquier tema, el resto de las cantantes tenían que pensar seriamente si hacerlo ellas o elegir cualquier otra canción. El saxo influyó decisivamente en su técnica vocal y Lester Young fue el músico que mejor acompañó la voz de Holiday.

Nació el 7 de abril de 1915 en Baltimore. Sus padres eran unos críos y nunca llegaron a casarse aunque ella lo afirmase en sus memorias. Pasó su infancia haciendo recados, limpiando escaleras y recibiendo palizas de su prima Ida. Escuchó jazz en algún burdel en el que limpiaba y dijo que después de oír West End Blues de Armstrong quedó entusiasmada. Terminó ejerciendo la prostitución y eso hizo que ingresara en un centro de reclusión, House of the Good Shepherd, durante un año.

Duke Ellington, Dave Tough, Hot Lipps Page, Billie Holiday, Ivie Anderson, Pee Wee Russell, Johnny Hodges, and Chu Berry 1939

Al salir siguió los pasos de su madre, Sadie Fagan, hasta Nueva York. Acababan los años 20. Se instaló con su madre en la Calle 139 de Harlem. Y consiguió su primer trabajo como cantante en Pod’s and Jerry’s. Fue allí donde se la empezó a conocer como Lady puesto que nunca cogía el dinero que los clientes dejaban sobre la mesa al escucharle cantar durante su up (las cantantes iban de mesa en mesa cantando durante un tiempo determinado). A ella había que dárselo en la mano. Con el tiempo, Lester Young añadiría el Day al alias de Holiday: Lady Day.

Más tarde trabajó en el Log Cabin junto a Bobby Henderson del que dijo que fue el mejor de todos. Allí comenzó a conocer a la gente importante del jazz. De hecho, en Log Cabin se encontró con Joe Glaser. El promotor la contrató inmediatamente y le hizo grabar sus primeros discos con Benny Goodman y Teddy Wilson.

Holiday comenzaba a mezclar melancolía con cualquier sentimiento puro y provocaba que cada palabra quedase flotando en el aire para hacer sentir al público algo que nunca hubieran imaginado. Triunfó en el Hotcha Club, en el Apollo… Entre otras cosas porque nunca cantaba la misma canción de la misma forma.

En esa época comenzó a acudir a las jam sessions en las que participaban músicos de la talla de Ben Webster o Chu Berry. Conoció a Lester Young que terminó viviendo con ella y su madre puesto que no soportaba las ratas que encontraba en su hotel. Formaron una de las parejas más imponentes del jazz de todos los tiempos. Escuchar All of Me o Mean to Me con Young al saxo y Holiday cantando es una experiencia difícil de olvidar. El sentido del compás de la cantante, el sentimiento que desprendía su voz en cada frase (frases que lograba unir con una agilidad portentosa aunque el tono era pausado, sutil, cálido) convirtieron a Holiday en una cantante única. Si hubiera que agrupar a las cantantes de jazz de toda la historia, Lady Day no entraría en ninguno de los grupos. Era inclasificable.

Cuando Count Basie salió de Kansas City contrató a Holiday en una de sus primerísimas giras. La segregación racial le hizo pasar muy malos ratos. Y, más tarde, trabajando con Artie Shaw, le sucedió lo mismo.

Se hizo famosa. Todos querían escuchar a Billie Holiday. En 1936 grabó una versión de I Cried for You que deja boquiabierto a todo el que le escucha. Mientras la banda sigue un tempo medio, Holiday canta y logra que la letra se quede estancada en el aire, retardando todo de forma casi imposible.

Llegada la década de los años 40, dedicó sus esfuerzos a otro tipo de canción más cercana a la balada sentimental. Y fue en ese momento cuando el viaje de regreso comenzó para ella. El camino hasta el triunfo estaba terminado. Quedaba por recorrer el que le llevaría a los infiernos. Comenzaba a beber más de la cuenta, a fumar drogas. Se casó con Jimmy Monroe y se abrió la puerta de la heroína. Fue detenida y encarcelada por posesión de drogas. No pudo trabajar en clubes por esta razón (una ley que más tarde sería derogada se lo impedía).

El año 1951, el sello Decca no renueva el contrato a la cantante. Esto le lleva hasta Norman Granz. En el nuevo sello hace un intento para colocarse en el lugar en el que ya había estado en su mejor época. Llegó a tocar con músicos de una calidad enorme (Ben Webster, Charlie Shavers o Coleman Hawkins, por ejemplo). Pero sus facultades eran otras. Lo único que había podido conservar era la elegancia en el escenario y su capacidad para aportar sentido a la canción.

La última grabación verdaderamente genial de Billie Holiday, posiblemente sea la que hizo para la televisión junto a Lester Young. La canción Fine and Mellow interpretada por Lady Day y arropada por el saxo de Young es lo mejor que se ha visto del jazz delante de una cámara.

Tras sufrir graves problemas de salud, murió el 17 de julio de 1959.

 

Jazz y cine

The Jazz Singer

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El año 1927 se estrenó The Jazz Singer, la primera película de la historia que incorporaba sonido. Se trata, en realidad, de un part-talkie; es decir, es una película que incorpora algunas escenas habladas y canciones. El presupuesto de la película ascendió a 422.000 $.

The Jazz Singer fue un éxito en Broadway mientras se representó en el teatro. Y eso hizo que, del mismo modo, lo fuera al convertirse en película de cine. Por supuesto, influyó que fuera un avance técnico formidable.

La trama de la película es simple aunque bonita y, más o menos, coherente. Los aspectos técnicos, hoy, nos podrían parecer una catástrofe, pero en aquellos años eran un alarde en toda regla.

Al Jolson está fantástico en su papel. De hecho, uno de los problemas de la cinta es que el resto del reparto se encuentra muy por debajo de él.

Lógicamente, The Jazz Singer se desarrolla alrededor del jazz. Escuchamos temas inolvidables como My Mammy; Toot, Toot, Tootsie; Blue Skies; o Dity Hands, Dirty Face, que Jolson interpreta con buena técnica. Se contraponen estas canciones a las partes de Romeo y Julieta de Tchaikovsky. También a las de Peleas y Melisanda de Sibelius. ¿Por qué? Porque una de las ideas que se manejan en esta película es que los jóvenes norteamericanos hijos de inmigrantes ya no piensan como ellos, ya se sienten personas con arraigo en esa tierra. Todo en el mundo se encuentra entre la tradición y la modernidad. Por otra parte, la moralina que rezuma desde el primer encuadre dicta que pase lo que pase hay que hacer feliz a los padres. Y esto, aunque parezca lo contrario, hace que se siembre la duda sobre la importancia y la belleza del jazz, que en los años 20 era considerada por los más conservadores como una especie de maldición musical que enloquecía a los jóvenes. El realizador Alan Crosland nos deja la posibilidad de elegir si eso es cierto o no; si la trama casa con la moraleja; si el jazz de la época es, en realidad, una música estúpida o la gran revolución de la historia.

Los amantes del cine están obligados a ver esta película. No solo por su importancia como avance que fue sino porque resulta muy agradable de ver. Los amantes del jazz tienen ocasión de escuchar el jazz de los años 20 en Nueva York y Chicago; una música que arrastraba los sonidos de la tradición de Nueva Orleans. Al principio de la cinta, se puede escuchar algo de ragtime. Y estos ingredientes son suficientes para animarse ¿verdad?