Jesús Moreno: Paisaje, vida y elementos

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Jesús Moreno es uno de esos artistas con los que da gusto charlar. Es sencillo en su discurso; lo que hace comprensible y cercano todo lo que dice.
Mientras echamos un vistazo a sus cuadros, va hablando con suavidad, pensando con calma cada cosa que dice.
«Me interesa mucho que el observador perciba el juego entre la textura, los colores (de los que siempre elijo la misma gama) y la simbología que toman o ya tienen, esa textura y esos colores. Además, trato de sumar otros símbolos totalmente explícitos que se pierden, se esconden, cuando se contempla el cuadro a cierta distancia. Es casi obligado tener que arrimarse a la obra para percibir todo su significado. El mensaje hay que buscarlo, también, en los detalles».
Ese mensaje es siempre el mismo con las variantes propias de cada cuadro. Jesús Moreno busca la conexión entre la tierra y el ser humano. La tierra pertenece a este y este a la tierra. Al fin y al cabo, esa tierra es por lo que el hombre ha luchado siempre, esa tierra fue siempre el factor decisivo en la lucha por la supervivencia de la raza. Es por ello que el vínculo con los elementos es esencial.
«Si hay algo terrible que le está sucediendo al ser humano es perder ese vínculo con la naturaleza. Vivimos en la tierra, en el mar, en las plantas; y, por mucho que queramos separarnos del entorno, estamos condenamos a mantenernos unidos formando un todo. Maltratarlo es un mal camino que las sociedades han comenzado a transitar».
Señalo los símbolos religiosos de las diferentes confesiones que aparecen en cada cuadro. Son una especie de reiteración que imprime un carácter sumamente especial a la obra.
«La religión siempre fue la gran excusa de la lucha por la tierra. «Vengo a la casa de Dios» es una de las mejores excusas que encontró el ser humano para ir de un lugar a otro. Decir «vengo a tu tierra que es mejor que la mía» no da sentido más que a la violencia».
Siempre estuvo obsesionado con aspectos concretos de la historia. Desde los siete años dibujaba al carboncillo y con nueve comenzó con el óleo. Su arte, desde los comienzos,  ha estado ligado a la expresión de las diferentes culturas. Comenzó, como todos, con el arte figurativo, pero entendió con rapidez que las formas no eran lo esencial; lo fundamental era el mensaje. Con la abstracción sintió que ese fondo quedaba para un grupo de personas entendidas, preparadas técnicamente, para un grupo más exclusivo. La obsesión por la historia le hizo regresar al figurativo buscando una mayor difusión de lo que quería decir; cada uno de sus cuadros se convierten en difusores de ideas puesto que Jesús Moreno piensa que la historia no tiene sentido si no hay un ser humano para que pueda contar y otro para recibir el mensaje. Su obra es una parte de la historia, muy pequeña, muy personal, que quiere que otros conozcan a través de la mirada del autor y de la propia del observador,
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Le pregunto por la gama de colores que utiliza. Es sorprendente que no haya un solo detalle que se escape a esa elección. Aparecen los materiales como la cuerda o los símbolos grabados, pero ni una pincelada que destaque por su tono o por alejarse, mínimamente, de la gama.
«El color tiene significado propio. Lo que sucede es que en occidente sólo se enseña desde el punto de vista propio. Por eso no podemos ver todo, por eso vemos mal las obras de arte. Es la razón por la que elijo siempre la gama de colores tierra. En todas las culturas significa lo mismo, se usan como base en todos los lugares del mundo. Los colores más sofisticados de cada cultura llegan siempre desde las gamas base y configuran culturas de forma más explícita. Dependiendo de lo caro que fuese conseguirlo, de lo difícil que fuera encontrarlo, de lo que dijo un profeta o el mismísimo Dios, cada cultura utilizó unos u otros. Sin embargo, los tierra, los madera o el yeso, por ejemplo, siempre fueron utilizados y con un significado similar».
Jesús Moreno apuesta por no dejar que pierdan los orígenes.
«Se nos olvida que pisamos el suelo, bebemos el agua y respiramos el oxígeno de este mundo. En mi obra eso es lo que está presente y eso es lo que reclama».
¿Es posible mantener intactos esos orígenes en un mundo como el actual; en un mundo en el que el consumo del arte prevalece sobre el gusto o la contemplación de un cuadro o una escultura?
«Cuando, hace algunos siglos, se separa al artista del resto de la sociedad con el fin de que desarrolle su obra trabajando para reyes o nobles, se establece una división algo absurda. Y se convierte, con el paso del tiempo, en una forma de mercadeo peligroso que no casa bien con lo que, bajo mi punto de vista, es el arte. Hace siete años que no expongo por esta razón. Si el arte es algo creado para el pueblo, se debe encontrar una vía directa de comunicación entre las dos partes, una vía distinta a la establecida que ponga en contacto a todas las partes. Tal vez, sea Internet el camino más rápido, aunque el arte a través de una pantalla no puede disfrutarse del mismo modo».
Entonces ¿qué debería ser el arte?
El arte es dejar algo hermoso a los tuyos. ¿Por qué despreciar el trabajo de cualquier ser humano que se siente importante y hace que los suyos vivan una emoción cualquiera? El esfuerzo de una mujer haciendo ganchillo es auténtico, genuino. Tengo la sensación de que los esfuerzos no son de ese tipo en las obras que se presentan hoy en día. No se trata de elevar la técnica a los altares. Es el esfuerzo unido a la intención lo que convierte un cuadro o una escultura en fundamental. Eso y la ligazón entre artista y pueblo. Mi ilusión es que alguien pueda ir algún día a un sitio concreto para disfrutar de mi obra colaborando en su realización».