Jorge Blass

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Antes de comenzar la entrevista, mientras nos acomodamos en un par de butacas del Circo Price, le pregunto a Jorge Blass si, en realidad, es mago.
–       Haces cosas imposibles. Y eso es magia se mire por donde se mire.
–       Ya sabes que lo que cuenta es la mirada del espectador. Ni siquiera el truco es importante, me dice entre risas. La magia abre los ojos, te genera una experiencia reconfortante. Esa es la magia.
Vamos dejando cosas en las butacas de alrededor. Los operarios corren de un lado a otro para colocar todo en el lugar exacto.
–       Jorge ¿has pensado que los artistas nos dedicamos a construir mundos para explicar la realidad y los magos lo que hacéis es poner la realidad patas arriba para explicarla? Vais por libre, como si con vosotros no fuera la cosa.
–       Qué buena lectura; nunca antes me habían dicho nada parecido. Me lo quedo.
–       Te lo regalo. ¿Será por eso que nunca se os incluye dentro del marco cultural? (Intento ganar algo de tiempo mientras rescato la mitad de mis cosas que han caído al suelo)
–       No, no. A Juan Tamariz le han concedido la Medalla de las Bellas Artes. Es el único mago que la ha recibido. El resto tendremos que ir dando pasos en la dirección correcta. Pero no podemos evitar romper las leyes físicas para poner el mundo patas arriba. En cualquier caso, es verdad que hemos vivido una carencia importante de propuestas escénicas en el mundo de la magia. Ahora es cuando estamos consiguiendo algunas cosas importantes.
Dejo un ejemplar del periódico sobre mi agenda. En portada un caso de corrupción.
–       Estos si que hacen magia. Cómo desaparecen las cosas de su alrededor ¿no?
–       Son malos magos. Al final, siempre les pillamos el truco; trucos que suelen ser facilones y que cualquiera podría hacer. Mira los magos tienen algo de talento. Sin embargo lo importante, en lo que yo creo es en la pasión, en las horas y horas de preparación. Esto de la corrupción siempre huele a gran chapuza. Para ser mago hay que entregar la vida. Recuerdo que, en una ocasión, una mujer le decía a Paco de Lucía que daría la vida por tocar la guitarra como lo hacía él. Paco de Lucía le contestó: a ver qué se cree usted que he entregado yo, señora; mi vida entera. Eso es lo que llamamos vocación. La corrupción no tiene nada de magia ni de vocación. Te lo garantizo.
Le señalo la butaca de la derecha. Jorge Blass enarca las cejas queriendo decir que le da lo mismo a un lado o al otro. Abro la cartera para sacar mi grabadora. Busco las pilas entre un buen montón de cosas que no me explico qué hacen allí dentro.
–       Perdona Jorge, dame un minuto. Esta cartera es un desastre. ¿Te acuerdas de cuando eras mago en potencia? ¿Recuerdas lo que sentías al ver a los magos actuar?
–       Pues un desarme absoluto. No entendía nada. La sensación de ingenuidad era maravillosa. Fíjate que me gustaba pensar que aquello era magia. Lo peor que le puede pasar a un mago es que el truco quede al descubierto. Pero no por él. Eso es lo de menos porque siempre hay cosas nuevas que podemos hacer. Es el espectador el que se queda descolocado, terriblemente decepcionado. ¿Dónde están las pilas, Gabriel?
–       Vas a tener que hacer magia. Ya he encontrado una. Oye Jorge, dime qué tiene que ver la magia con la felicidad. En seguida encuentro la otra pila, de verdad.
–       Mucho. Los magos siempre estuvimos muy pendientes de las necesidades del público. En la edad media, los magos sacaban conejos de la chistera. Frutas, animalillos.. El símbolo es, claramente, el cuerno de la abundancia. Sacar de donde no hay. Existen deseos ancestrales, universales. Volar, tele transportarse, resucitar. Un mago corta en dos a una persona y resulta que aquello termina con el sujeto sin un rasguño y caminando entre los vivos. Los magos siempre nos reinventamos para estar al día. Esa sería una de las asignaturas más extraordinarias de una posible universidad de la magia. Magia y necesidad.
El tiempo se acaba. Jorge Blass tiene que presentar su nuevo espectáculo. El IV Festival de Magia de Madrid. Y la dichosa pila sin aparecer. Pero la magia de las palabras es esta. Siendo dichas pueden ser escritas. Para que la idea quede en blanco sobre negro por siempre jamás.
Nos despedimos con un apretón de manos. Mágico también. Porque nos llevará a encontrarnos en alguna otra ocasión, porque convierte nuestra despedida en un encuentro. Aunque sea futuro.