La conjura de la feminidad

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Rodeada de Sátiros y Diablos se ve la ninfa; en las gratas mentes de los que saben andar entre el bien y el mal, siempre con una sonrisa, la ninfa disfruta del paisaje y el camino, de la charla y el conocimiento de unas mentes tan hermosas… su compañía es adictiva, tanto que no caerá en la cuenta que ella misma se convierte en diablo poco a poco en el transcurso del camino entre Sátiro y Diablo… azules, verdes, marrones o grises… se dibujan los caminos de Dafne… (Lola Montiel)

¿Por qué veintiún siglos después, la mujer “des- ninfa –da” sigue sin desacreditar el mito de Dafne y Apolo? Ariadna Pedemonte, Rosacruz Trigo y Lola Montiel se disponen a hacerlo con pistoletazos de arte desde el Espacio SUBLIMA, Asociación cultural, estudio y galería, que han conseguido fundar sin intercesiones.

El malentendido comenzó con Ovidio, cuando en el libro I de su Metamorfosis nos describió el papel de una fémina, hija de Gea (madre tierra) y de su puñetero padre, Peneo (dios de los ríos) como prole de los dioses; sujeta a los designios de la naturaleza; y, simple objeto de deseo de los hombres. Tanto es así, que Dafne es perseguida por Febo (Apolo), porque Eros (Cupido) le había lanzado a él una flecha, que causaba amor, y a ella otra, que lo ahuyentaba del mismo. La ninfa le suplica a su padre que cambie su figura y éste va y le convierte hasta la eternidad, en árbol de laurel, al que Apolo promete adorar y hacer uso de sus brotes verdes, para condecorar las cabezas de los hombres honorables.

Desde entonces, la imagen de la mujer perseguida y paralizada por la masculinidad se convirtió en una especie de conjura de necios que, en 2014, dos ilustradoras y creativas escritoras, Rosacruz Trigo y Ariadna Pedemonte se propusieron cuestionar, organizando una convocatoria artística internacional, Sublima Eros (http://sublimaeros.jimdo.com/), con el propósito de desmontar este tipo de mitos de un tirón. Y empiezan a demandar y a recibir, por fin, obras de mujeres que entienden la sexualidad y el deseo, desde la apropiación, configurando un imaginario erótico alternativo, plenamente femenino, libre de atisbos estereotípicamente pornográficos y masculinos. Fue tal la respuesta, que han promovido la segunda y, hasta el apremiante 4 de marzo, pueden enviar sus creaciones para ser expuestas en C/ Goles, 64 (Sevilla), porque para ellas «lo esencial no es que las piezas expuestas lleguen a adquirirse, sino que se les dote de visibilidad». Desde su parnaso, es lo que reclama la gaditana Pedemonte, quien busca anclajes rentabilizadores en el Espacio Sublima, para no tener que partir al extranjero.

Este singular recodo cultural, inaugurado el pasado sábado 21, resurge con la clausula estatutaria de que «un mínimo del 50% de las personas que expongan en él sean mujeres. Esto es debido a la invisibilización que sufre este género en el sector artístico. Las estadísticas del MAV (Mujeres en las artes visuales) reconocen que sólo un 9,4%  de las creaciones de mujeres son expuestas individualmente en centros de arte oficiales». «En Sublima consideramos que la cultura es uno de los principales sustentos de la sociedad, a pesar de que hoy en día, el arte como tal, sea un valor denostado y los artistas se encuentren en una situación difícil, nosotras creemos que es necesario asociarnos, crear conciencias y hacer del arte una forma de resistencia».

Pero regresemos a lo descarnado del mito, que es la cuestión imperante que desata Lola Montiel en la muestra gráfica (anuncio, hasta el 14 de marzo), que abrió las puertas de este humilde centro cultural (no destinado sólo a promover arte, sino recitales, presentaciones de libros, performances, todas las propuestas interesantes que puedan llegar hasta las seis manos de estas féminas posmodernas). «La expo está inspirada en la persecución de Apolo a Dafne. La idea es criticar el machismo social que sufrimos las mujeres a lo largo de la historia y, aún hoy. Hemos incluido en la exposición de los ocho retratos de mujeres al sátiro. Porque dentro de nosotras pervive, todavía, esa figura masculina, que nos complementa, porque aquí no queremos rechazar a los hombres. Pero también hay sátiros que conviven con nosotras y nos condicionan a la hora de tener que ajustarnos a un cuerpo, para encajar con el papel que debemos cumplir en la sociedad. Entonces, al mismo tiempo, necesitamos huir de esa figura».

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Imagen de Cristina Bellido

Estabas allí y, era cierto, mirabas cada retrato y, a pesar de que esas ninfas del presente estaban semidesnudas, no reparabas en este detalle; tu mirada rebotaba hasta ti porque eran ellas quienes, suspendidas desde lo hierático de su lienzo, te cuestionaban y la desnudada resultaba ser tú. ¿Por qué has decidido que sean los semidesnudos los protagonistas de estos retratos (aunque yo había descubierto que eran sus miradas, absolutamente, des -incorporadas)? «Porque parece que da igual. Ya sea vestida completamente o desnuda, la mujer va a tener el mismo trato, de una forma o de otra. Porque cuántas veces te has visto influenciada verbalmente, por algún hombre, por alguna mirada, hasta te han tocado sin tu quererlo. Y ¿por qué? Somos mujeres, esto es lo natural, lo que realmente somos y, ¿por qué tenemos que estar tapándonos y huyendo? O lo típico de… hay un montón de hombres en una acera y te cambias a la otra por intentar evadir el problema, de… no tengo ganas de que me digan nada».

Lola Montiel no hace sino subrayar lo que todas sabemos: «a las mujeres no se nos toma en serio. En la cuestión de las profesiones, como en el arte, siempre se nos ha dejado en segundo lugar, estamos desvalorizadas por el hombre. Yo lo veo dentro de mi trabajo. Ellos tienen como el permiso o la idea de que te pueden tratar como les dé la gana, sin embargo, con un hombre el trato o el respeto no es el mismo».

La mejor manera de cambiar el mito hubiera sido que Dafne en vez de haberle pedido a su padre que la transfigurara, le hubiera plantado cara a Apolo, pero el mito no fue escrito por “Ovidia”. La reconstrucción mitológica que están llevando a cabo estas tres jóvenes tal vez consiga romper el hechizo de Dafne y, de paso, desencriptar al resto de femeninos seres.