La emoción desde el lenguaje

José Luis Gómez

El escenario es ocupado por los cómicos y, esta vez, por los académicos. La RAE cumple 300 años y quiere celebrarlo, entre otras cosas, compartiendo con actores y actrices lecturas en vida de las obras más relevantes de nuestra literatura.

La Real Academia Española celebra sus trescientos años de existencia. Y una de las actividades que se van a realizar como parte de la conmemoración es, nada más y nada menos, que hacer subir al escenario del Teatro de la Abadía de Madrid a distintos cómicos para que lean fragmentos de algunas de las obras más representativas de nuestra literatura (a partir del 16 de febrero la cita será en la RAE). Esas lecturas estarán acompañadas de los comentarios de los académicos invitados en cada ocasión.

Al que escribe no se le ocurre mejor forma de acercar la palabra al ciudadano que utilizando la literatura; la herramienta y el producto que se fabrica con ella y nos permite explicarnos el universo; lenguaje y relato.

El ciclo La RAE de nuevo a escena: Cómicos de la lengua comenzó el pasado día 12 de enero con la lectura en vida de los fragmentos más relevantes de los tres cantares de El Cantar del Mío Cid. El cómico encargado de hacerlo fue José Luis Gómez. Estuvo soberbio y fue capaz de hacer sentir todo tipo de emociones a los espectadores. Y no era fácil puesto que el castellano moderno difiere en gran medida del utilizado en esta obra y, además, el oído se muestra terco cuando se trata de recibir sonidos desconocidos. Sin embargo, José Luis Gómez enseñó a que escuchara bien una audiencia entregada sin reservas.

Beatriz Argüello_Carmen Machi_Israel Elejalde

Acompañó la lectura la académica Inés Fernández-Ordóñez, con explicaciones técnicas sobre la estructura y contenido de obra y el lenguaje con el que fueron escritos estos tres cantares. Explicaciones que iban de la fonética a la sintaxis.

Resultó interesantísimo y emocionante comprobar que el texto escrito toma una dimensión distinta cuando es leído, cuando alguien lo hace suyo para, al mismo tiempo, hacerlo de los demás, de los que escuchan. La oralidad no deja de ser una traducción que busca los matices y emociones que solo el lector encuentra. Y que se hacen universales cuando se trasmiten con credibilidad. El texto leído es algo distinto a lo que el autor imaginó. Por esto es por lo que la literatura es grande, porque cada obra dice una cosa muy exacta que se convierte en miles de universos, tantos como lectores; universos que son lo mismo aunque maquillados de distinta forma.

El libro del buen amor, La celestina, Cartas marruecas o La regenta, son algunas de las obras que serán leídas y comentadas por actores y actrices. Pedro Casablanc, Emilio Gutiérrez-Caba o Carmen Machi son algunos de ellos. Y académicos como Víctor García de la Concha, Francisco Rico o Pedro Álvarez de Miranda los que acompañarán con sus conocimientos sobre el lenguaje para despejar dudas y acercarlo a todos. Al fin y al cabo, eso, el lenguaje, es el gran y único patrimonio de un ser humano.