La gran ventana de los sueños

Rodolfo Enrique Fogwill
Soñar con los ojos abiertos. Es una frase hecha que usamos para referirnos a nuestras fantasías o deseos en estado de vigilia. Luego está el soñar con los ojos cerrados, eso que hacemos mientras dormimos.

Los ojos como ventanas del alma. Es otra frase hecha, para referirse a lo interior. Luego está La gran ventana de los sueños, frase también ya hecha, pero esta tiene autor: fue escrita por Fogwill, ese escritor argentino, un poco personaje un poco loco, que hace poco nos dejó. La frase es el título de uno de sus libros en el cual narra muchos de sus sueños. De los sueños de los ojos cerrados.

Clasificación de los sueños de Fogwill en géneros: sueños sobre la entrega y la familiaridad, sueños de cementerio, el género de los sueños de mar, sueños de frustración, género de sueños de flotación que incluye sueños de vuelo y sueños de natación o vida acuática, sueños de retorno (al colegio, a la infancia, a la universidad: «Los sueños de retorno son, sin excepción, sueños sobre instituciones».), sueños kafkianos, sueños de altura y caídas, sueños de libertad, sueños opresivos, sueños recurrentes que siempre tienen la misma estructura, y sueños sobre eventos o gente importante que incluyen la presencia del ex presidente argentino Néstor Kirchner o García Márquez.

Pero todos sabemos que del sueño al relato del sueño hay un gran trecho. Y que lo segundo es lo que hace posible hablar sobre la existencia de lo primero, del sueño mismo: no hay sueño (o es como si no lo hubiera) si no hay un relato sobre ese sueño. El sueño termina de existir a posteriori del momento mismo de su existencia, en el acto de recordarlo: «Pero soñar es recordar los sueños. Sin recuerdos no hay sueño».

En este libro, Fogwill no se ocupa solo de narrar sus sueños sino también de reflexionar acerca de la práctica de narrar los sueños. En este sentido, distingue dos momentos y prácticas diferentes: la producción del sueño y el relato del sueño. Qué mecanismos intervienen entre una y otro; la inventiva, por supuesto, se pone en juego, y es un riesgo. O la resignación: resignarse a que las palabras jamás podrán contar bien el sueño, «[…] resignarse a la vaguedad y a los errores». «Habría dos mundos –escribe Fogwill–: el de los sueños y el de las transcripciones de los sueños. Y entre ambos, flotaría la imaginaria realidad».

Los diálogos, por ejemplo los diálogos: no se sueñan diálogos, dice Fogwill. Hay algo que vendría a ser la banda sonora de un sueño, en estas palabras lo define, y luego habría construcciones póstumas (adjetivo también que tomo del autor) que organizan ese lenguaje soñado (en diálogos, por ejemplo). Póstumo: los sueños salen a la luz después de la narración del sueño. Sin narración, el sueño es tiniebla, oscuridad.

Este libro también es un libro póstumo. Fogwill tomaba notas sueltas de sus sueños, de manera desordenada, en diarios o cuadernos. En un momento se propuso hacer con eso una obra y comenzar a organizarlo. Incluso le puso un prólogo en el que se pregunta hasta por el título del libro, por esa gran ventana, que –explica (y justifica el título)– es la que se abre al sueño. Pero el libro no se publicó con él en vida, entonces es como los sueños: sale a luz después de, es tan póstumo como eso que hacemos con los ojos cerrados.

Calificación: Bueno
Tipo de lector: Soñador
Tipo de lectura: Onírica
Argumento: Diario de sueños
Personajes: El propio autor, Fogwill
¿Dónde puede leerse?: En la cama