La lección de anatomía

marta-sanz_foto-Miguel-Lizana
Fotografía de Miguel Lizana
Escrita por primera vez en 2008 y reeditada recientemente bajo el sello de Anagrama, su proverbial modo de entender el lenguaje a través del que nos escribe o habla al oído, esta escritora madrileña deja aquí un poso reconocido por el mismo Rafael Chirbes en su prólogo.

No me gustaría hablar de exhibicionismo, si bien pudiera existir; lo que está claro es que al prologuista y a la protagonista les fascina el doctor Nicolaes Tulp, que aparece en un cuadro de Rembrandt, que como el peculiar paseo que, fruto de sus esfuerzos, se da la protagonista por la Gare d’Orsay parisina, pretende obviar el impresionismo en literatura, a pesar de que le fascine en pintura.

Relato poco dado a ofrecer soluciones sobre la femineidad, en él encontramos múltiples personajes que, sobre todo, en las dos primeras partes definen entre un Madrid al que la memoria traiciona adrede y un Benidorm producto de la Transición, un fresco entre amargo y poderoso, vengativo con las habituales y sanas obsesiones, pecaminoso, contradictorio (también adrede) y que juega tanto a mostrarse como a esconderse de su propia voz.

Dividida en tres partes, la novela es familiar y de rebeldía en Vallar el jardín, elaboradamente torcida en Los gusanos de seda, para soltar predicado y predicamento en Desnudo.

De la primera parte, editada como libro aparte para el sello Playa de Ákaba en su colección Nómadas, todavía el personaje amortigua pocos golpes, si bien hay una imagen que ha sugerido al que escribe momentos de pesadilla, y es el del benzetazil; aquel remedio inyectable que hizo adquirir sino fuerza, sí carácter al menos a ciertas generaciones; a mitad de camino y con una madre cuidadora de enfermos y un padre sociólogo; dan a parar con sus huesos que en su conformidad es como el Manhattan del Mediterráneo (hoy tal vez lo sería), pero que en realidad se nos muestra puniblemente provinciano; y, así, los gusanos se meten por tanto debajo de la valla del jardín para romperla, una valla de la clase media que continúa su periplo en Carabanchel, no sin antes haber llorado hasta inflársele la cara a solas y con su madre en el baño de un apartamento, porque llorar es purificarse, pero también llenarse, quizás en exceso, de eso tan épico que es el sí mismo.

Desnudo empieza a mostrar el paralelo de la adolescencia desinhibida en un mundo de supervivencia como el laboral, pero ella no deja de ser niña y, sí, trabaja de ocho a ocho, mascando a veces el aprendizaje para desaprender y mostrarse siempre inflexible, como esa institutriz del relato de Henry James al que por acción u omisión remite desde su cada vez más rico y profuso léxico.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Dispuesto a diseccionar(se).
Tipo de lectura: Asequible.
Argumento: El porqué lo humano es lo que es, desde la femineidad.
Personajes: Variados.
¿Dónde leerlo?: En un sitio muy punk.