La trascendencia de Mickey Mouse

Monarch. 2008.
Una de las características más definitorias, criticables y a la vez embaucadoras de nuestro tiempo es el continuo trasvase entre ficción y realidad que se produce prácticamente en cualquier esfera de la sociedad, partiendo desde la misma intimidad de cada uno de nosotros. La cultura popular, a través de los medios de comunicación de masas, se ha instaurado como mitología del pueblo formando parte de nuestro día a día de una forma mucho menos sacralizada, pero a la vez mas cotidiana, intrínsecamente experimentada y masivamente extendida, que la mayor parte del viejo folklore; estableciéndose así una imaginería universal que resulta milagrosamente superficial y trascendente a partes iguales.

De ello sabe mucho David Herbert, joven creador que constituye un claro ejemplo del paradigma actual del arte, que abruma por la cantidad ingente de talento. Herbert es hijo de su época y en su obra vemos plasmada la iconografía popular norteamericana bajo un discurso que tiende puentes entre la apropiación conceptual, el surrealismo y el expresionismo de las formas; radicando la importancia del mismo tanto en señalar como esta imaginería, principalmente extraída del cine y con especial énfasis en aquellos géneros más alejados de la realidad como son la ciencia ficción o los dibujos animados. Está indisolublemente asociada a nuestra forma de entendernos, considerando que toda ficción universalizada debe poseer suficientes atributos ligados a nuestro inconsciente colectivo para conformar posibilidades de narración que nos definen.

Desde la nave Enterprise de Star Trek hasta el palacio de La Cenicienta, Herbet usa cualquier icono masivo para introducir un discurso cómplice con el espectador con el que dar cuenta de nuestros miedos y ensoñaciones. En sus piezas, las fantasías que otros construyeron para nuestra necesidad voraz de escapismo, son reinventadas como si formasen parte del entorno más cercano al artista; en una apropiación que parte de la original cita evocadora en asociaciones visualmente espectaculares. Así resulta en VHS, una gigantesca cinta de vídeo del clásico 2001 una odisea en el espacio dispuesta como si se tratase del conocido monolito de la película, y que no solo alude a la reconceptualización jerárquica de los motivos representados por el arte que caracterizó al Pop Art, sino que otorga a dichos motivos cualidades simbólicas y trascendentes similares a los viejos iconos sagrados. En la mayor parte de su trabajo, sin embargo, Herbert se independiza de procesos industriales, After the gold rush, una inquietante y cuidada casa de muñecas que reproduce el tenebroso hogar de Norman Bates en el filme Psicosis, guarda en su interior escenas cuidadosamente construidas por el arista, que convierte en fetiche este espacio para el horror de forma similar a como el propio Bates interpretaba una vida imaginaria junto a su madre fallecida, dejándonos intuir en este ejercicio la dimensión familiar con la que el artista se acerca a estos elementos, objetos o lugares míticos y por consiguiente nuestra propia cercanía para con los mismos.

Este acercamiento personal y a veces expresionista caracteriza la mayoría de piezas de Herbert alejándolo de formulismos conceptuales puros; su trabajo adquiere la calidez de lo hecho a mano, a veces torpe o brutalmente y siempre con una mirada tan intensa que acaba otorgando una dimensión trascendente a cada motivo que toca. Su vídeo Seance for the symphony muestra una recreación del primer cortometraje animado de Mickey Mouse realizada en stop motion con figuras creadas a partir de objetos y utensilios cotidianos; un ejercicio meticuloso, en fantasmagórico blanco y negro, que sitúa la infantil fábula en el terreno de una perturbadora necesidad por reconstruir con cualquier medio una narración convertida en mito primordial de la animación como género y fuente de conocimiento e iniciación para los niños del todo el mundo. Esta precariedad material es fundamental en el trabajo de Herbert, su expresionismo parte primeramente del uso crudo, maltratado o estridentemente pintado de los materiales para concretarse en formas que siempre intentan recrear, sin conseguirlo fielmente nunca, el motivo de su obsesión. El acabado naif y tosco de sus piezas, lejos de mostrar alguna falta de respeto por el original, introduce una necesidad imperiosa por poseerlo. Sus esculturas a partir de personajes de cómic trasmiten una espiritualidad primitiva similar a la de las tallas románicas, llegando en ocasiones a la monumentalidad ruda y estridente de Living in the end times, enorme monstruo psicodélico tomado del filme Miedo y asco en las vegas, o de Monarch, gigantesca escultura en papel de plata que reproduce el Alien de Ridley Scott sentado en una no menos colosal mecedora y con una mariposa posada en su mano, una imagen cargada de sensaciones que sumerge la cita posmoderna en el campo de la asociación surrealista.