Lo contrario de la soledad

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Cuando leí la introducción de Lo contrario de la soledad pensé que me encontraría con una genialidad de libro. La joven promesa de Marina Keegan que no pudo ser porque murió a los veintidós años en un accidente de coche me tentaba más tras la introducción que antes de ella, y eso que ya antes ciertas reseñas (que ahora me parecen absurdas), o comentarios, me habían despertado el interés (lamento no haber leído a tiempo la de Rodrigo Fresán).

No es que su escritura no valga nada, claro que hay cierto potencial en ella, pero sus textos no están a la altura de los halagos de sus familiares, amigos y profesores de Yale.

El libro que toda la gente que la quería mucho se propuso recopila textos de ficción y de no ficción que fueron escritos por Marina poco antes de su muerte. Personalmente, considero que los de no ficción carecen de valor o interés, y hasta dudo de si ella hubiera querido publicarlos. Los textos de ficción, en cambio, me parecen bastante más logrados. Aunque algunos son un tanto naif (bueno, ella era muy joven) o tocan temas que a uno pueden ya no inquietar demasiado, guardan cierta musicalidad y dejan tras su lectura, al menos, un halo de sonoridad o cadencia.

Cinco días después de que Marina se graduara magna cum laude en Yale, murió. Impresiona saberlo y leer el artículo que da nombre al libro, pues allí habla precisamente de la juventud y de todo el tiempo que aún tienen (los jóvenes que están graduándose en Yale) por delante. Este artículo había sido publicado en el Yale Daily News con motivo de la graduación de su curso. Tras su muerte, en tan solo una semana, más de un millón de personas había leído este artículo («Lo contrario de la soledad»), y entonces empezaba la «fiebre Marina». Bastante propio de una sociedad que se regodea en el morbo (y también en Yale).

Por cierto, Yale aparece en los textos de Marina como un tema en sí mismo, como la cuna de generaciones de gente muy especial, muy inteligente, muy todo. Como el sitio de los sitios. Como el paraíso en la Tierra. Como la casa de los niños bien. Como el responsable de tanto talento. Como Marina en la portada: con camiseta de Yale. Yale con Yale. Yale es Yale. Y más Yale en el siguiente texto cuando creí que cambiaría de tema.

Por supuesto: lo dicho, con todo respeto a sus padres, amigos y profesores, que tanto se empeñaron en hacer realidad este libro, que ni sabemos si Marina hubiera querido publicar.

Calificación: Regular
Tipo de lectura: Medio decepcionante
Tipo de lector: Aprendiz de escritor
Argumento: Relatos y textos de no ficción, temas varios
Personajes: No importa
¿Dónde puede leerse?: Da igual