Los diez mejores clásicos contemporáneos

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La música nos ha obsequiado con infinidad de géneros, artistas y canciones. De estas últimas, siempre habrá una pequeña lista predilecta que cada persona concretará, tal vez, según su gusto, o su relación con las mismas. En este caso, se trata de diez canciones que, por desgracia, el autor del artículo no ha podido vivir en el momento en que fueron editadas, en el que supusieron un gran éxito, o en el que sus autores las interpretaban en cada una de sus giras. Nacer en los 90 tiene sus cosas bonitas, por mucho que nos cuelguen erróneamente la etiqueta de generación 2.0 (esa es más bien la siglo XXI; nuestra infancia se compone de trompos, tazos y cromos). Pero significa también haberse perdido grandes momentos de la música aunque, por suerte, nada impide que distintas generaciones podamos compartir esas composiciones de corta duración y enorme valor.

Parece que escarmentar no es una opción a tener en cuenta en esta sección. Si ya había dejado constancia de lo duro que resulta dar forma a un top diez de mejores canciones de la historia del pop, otra vez vuelvo a meterme en terrenos pantanosos. Me toca pedir disculpas a artistas como Pink Floyd, Led Zeppelin, The Who y un largo etcétera por haber brindado al mundo grandes temas que finalmente se han quedado fuera de esta humilde y atrevida clasificación. Pero para qué engañarnos: hacer una criba resulta también placentero. Y, esta vez, el criterio está basado en otros aspectos. Porque se trata de una lista de composiciones que, desde el punto de vista de quien escribe, deben ser considerados como «clásicos contemporáneos»; teniendo en cuenta, principalmente, que cuando el último de ellos (por orden cronológico) fue lanzado, el autor del artículo estaba muy lejos todavía de asomar la cabeza al mundo. Así que este será el ranking de canciones que no he tenido oportunidad de escuchar y disfrutar cuando fueron estrenados pero que, por fortuna, he tenido oportunidad de conocer y heredar para hacerlos formar parte de mi banda sonora vital. Ahí vamos.

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1. Love Me Tender. Elvis Presley (1956)

Esta clasificación parte del año 56, cuando el «Rey del rock n’ roll» llegó para quedarse en la memoria de todos; en la de los que todavía no estábamos también. Con una grave e inconfundible voz que, junto a sus movimientos, lo hicieron arrasar con cualquier escenario al que se aupase (aun en sus últimos años, cuando su salud y aspecto hacían temer lo peor, seguía conservando un aura única), Love me tender no fue su primer éxito rotundo, pero sí una magistral balada. De esas que con su sencillez y carácter intimista ponen la piel de gallina. Una oda sentimental que confirmaba que el «Rey» no lo iba a ser solo del rock n’ roll, sino también del pop. La original será siempre la mejor, pero también merece la pena mencionar la reciente versión con la que Barbra Streisand ha querido rendir homenaje al desaparecido genio, interpretándola a dueto. Porque nadie quiere olvidarse de Elvis, ni de esta canción.

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2. Crazy, Patsy Cline (1961)

De no haberse estrellado aquel avión en que viajaba cuando apenas tenía 30 años, Patsy Cline se hubiese convertido sin discusión posible en una musa, en un icono del country. Aun así, con el poco tiempo que tuvo por delante, dejó un legado digno de agradecimientos. Y, de entre todas sus piezas, una destaca con brillo propio. Crazy es una balada que no sigue la línea general del carácter country y animado de la artista, pero en él dejó toda su sensibilidad y arte plasmados. Con un swing y una melodía tan pegadizos como cautivadores, Crazy es un tema de menos de tres minutos, dolorosamente hermoso. Porque en él hay un halo de tristeza que no llega a desprenderse en ningún momento del sentimiento amoroso que emana la canción. La película C.R.A.Z.Y (muy recomendable, ya que sale a colación) erige esta pequeña maravilla en banda sonora principal, valiéndose además de otra de las canciones presentes en este ranking.

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3. Happy Together, The Turtles (1967)

Ha sido, es y, probablemente, seguirá siendo por siempre la canción insignia del grupo californiano The Turtles. A pesar de tener otras composiciones dignas de escucha, Happy Together se convirtió en un éxito internacional y a lo largo de su historia ha sido objeto de múltiples versiones y utilizado un sinfín de veces como banda sonora. Su carácter juguetón, a la vez que romántico, dan resultado a una canción que no caduca. Su estribillo es una melodía de felicidad y plenitud nada fácil de conseguir en la música. Además, la capacidad de conjugarlo con el tono algo más ensombrecido del resto de la estructura, otorgan a la composición un toque especial, bien trabajado por el juego de voces y la satisfactoria utilización de los instrumentos de viento. Y pensar que la canción fue rechazada en un primer momento por diferentes grupos, que la veían como poco seria.

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4. Light my fire, The Doors (1967)

Estrenada en el mismo año que la canción anterior, el contraste es radical. Estamos ahora ante uno de los grupos más influyentes de la historia del rock. Un grupo formado por artistas con una visión de la música diferente a casi todo lo que había surgido hasta ese momento, y capitaneado por un díscolo genio que, al igual que Patsy Cline, (pero en circunstancias bien diferentes) desapareció mucho antes de lo debido. De The Doors hay más de un tema al que aferrarse con fuerza para retenerlo de por vida. Bien podría haber estado aquí The End, pero Light my fire suele mencionarse menos que la anterior y no tendría qué ser así. Un tema transgresor, de temática algo polémica, y claro ejemplo del rock más psicodélico, que trata con buen gusto y estilo al blues clásico.

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5. (Sittin’ on) The dock of the bay, Otis Redding (1968)

Está claro que los grandes genios de la música, por un motivo u otro, han tenido un escollo difícil de salvar: la muerte prematura. Al igual que Patsy Cline, Otis Redding tuvo la desdichada suerte de subirse a un avión que nunca llegaría a su destino. Con solo 26 años. Sin embargo, tuvo tiempo de ganarse el apodo de «King of Soul», gracias en buena parte a la exquisitez de su voz; rasgada o dulce, según la melodía lo requiriese. (Sittin’ on) The dock of the bay es un regalo del soul, un género que no acostumbra a aparecer en los top ten musicales que uno puede encontrarse tanto en revistas especializadas como en blogs particulares. Pero, en el caso presente, este tema era de inevitable inclusión. Por su encanto, por su musicalidad, por su autor.

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6. Voodoo Child, The Jimi Hendrix Experience (1968)

Pasamos de la sutileza de Redding a la desgarradora potencia de Jimi Hendrix; el salto es tremendo, y eso que ambas canciones fueron editadas en el mismo año. The Jimi Hendrix Experience eran tres, sí, pero como ya bien indica el nombre, había dos que giraban en torno a la tremenda figura de un tercero. El virtuoso de la guitarra, la bestia del rock. Un dominio de las seis cuerdas que, desde entonces, pocos han podido alcanzar. Y un afán de experimentación que dejó temas grandiosos, como es el caso de Voodoo Child. Pura explosión de sonido en la guitarra, gustándose con solos y riffs portentosos. Una composición de rock pecador que no se olvida del blues.

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7. Space Oddity, David Bowie (1969)

Llegamos a la creación del personaje Major Tom y de su experiencia espacial. Y surge una pregunta: ¿Puede ser este uno de los mejores temas de la historia? El relato ficticio de la peripecia de un astronauta acompañado de música sería la forma más burda de referirse a esta canción. Es en realidad un himno, que gusta tanto a quienes juran amor eterno a la particular figura de David Bowie como a quienes no se sienten demasiado atraídos por su trayectoria. Space Oddity es, musicalmente, una creación digna de todos los elogios. Con una estructura melódica algo apartada de lo convencional, la canción llega a su éxtasis cada vez que se precipita hacia su estribillo; con una letra que desarrolla a la perfección una situación desoladora (y que va más allá de lo espacial), la canción tiene personalidad propia y, sin abandonar la desesperanza, cuenta con la virtud de poder ser escuchada sin pausa una y otra vez.

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8. Sealed with a kiss, Bobby Vinton, (1972)

Lo habitual es que una canción sobresaliente sea objeto de múltiples versiones posteriores. Sin embargo, estamos ante un caso en el que una de esas versiones fue la que elevó a esta composición hasta su perfección. Antes de caer en manos de Bobby Vinton pasó por artistas como The Four Voices (los primeros en interpretarla, sin demasiado éxito) o Brian Hyland (que gozó de mayor reconocimiento). Pero Vinton transformó esta hermosa balada en algo más gracias a su propio arreglo musical. Con una intro a manos de un bongo, elemento innovador en su momento, y una línea preciosa de oboe, le otorgó un aroma diferente a la composición. Su interpretación convierte Sealed with a kiss en una canción que trasciende, con creces, a una simple carta sellada con un beso.

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9. Somebody to love, Queen (1976)

Lo difícil no era incluir a Queen en un ranking como este, sino elegir el tema con qué hacerlo. Porque la banda británica tiene un amplio arsenal de composiciones de oro. Pero al final ha sido Somebody to love, teniendo en cuenta principalmente un factor: que, de todos sus temas, este habría sido el que el autor de este artículo hubiese deseado vivir en directo por encima de todos, de no haber nacido solo un año antes de que Freddie Mercury dijese adiós. El juego de voces es un homenaje precioso al góspel, y una manera virtuosa de mezclar ese género con el rock. La voz de Mercury trepando sin titubeos por toda escala que le viniese en gana, además de una estructura de acordes con aires y ritmo de balada y, a la vez, de ese glam rock tan característico del grupo.

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10. Mr. Blue Sky, Electric Light Orchestra (1978)

La clasificación se cierra con un tema a la altura de los anteriores. Cinco minutos de música que oscila entre diferentes melodías dentro de una estructura cerrada con mano firme y gusto impecable. Tal vez la E.L.O no es un conjunto que aquellos que nacieron unos cuantos años después de su época de apogeo conozcan en profundidad. Y es una pena, porque han hecho méritos más que suficientes para merecerlo. Mr. Blue Sky ha servido para inspirar a otras bandas más actuales, como en su momento afirmó My Chemical Romance (sí, un grupo de rock de tintes oscuros), cuyo tema Dead nació a raíz de los acordes de entrada de esta canción.  En todo caso, esta pieza no debería ser relegada al olvido. Pasen los años que pasen.

Hasta aquí ha llegado este particular top ten. Diez clásicos contemporáneos inolvidables que no coincidirán por completo con el criterio de casi ningún lector que haya llegado hasta aquí. Porque la magia de los clásicos, de la música, está en las situaciones y emociones que cada uno experimenta. Y cada canción tiene su historia, siempre.