Los mundos sutiles: Pompas de jabón

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Son muchas las aproximaciones que se han realizado a la obra de Antonio Machado desde otras artes, entre las que el cine no es una excepción. Son varios los documentales y bio-pics que nos acercan al hombre y su tiempo, a su vida y su obra. El cineasta Eduardo Chapero-Jackson lo hace en «Los mundos sutiles», a través del viaje de su protagonista. Un recorrido en base a la danza, que hilvana su poesía, y también su prosa, que une el universo machadiano con los mundos, sutiles o  no, de hoy en día.

Cuando empezamos a plantear el humilde homenaje que, desde estas páginas, se quería hacer a la figura de Antonio Machado, uno de los aspectos que queríamos traer era, además de su propia vida y obra, su relación con otras artes. Machado en la música. En el cine. En el teatro o la danza. Mostrar cómo ese gran pensador y poeta sigue vivo, y vigente, no solo en la lectura de sus versos, sino integrándose en el pensamiento y la creación mucho más allá de su tiempo. Dentro de ello, merecían artículo aparte aquellas obras que, además de complementar o reinterpretar su obra, desde su lenguaje, como puedan ser las obras de teatro, o las canciones basadas en sus poemas, aquellas que se aproximan a ella desde lenguajes distintos. Que omiten las palabras a través de las cuales Machado nos dejó a sí mismo, y su propio ser, tanto en su relación con esa figura que lo habitaba como el mundo en que lo hacía, y buscan otros códigos para la transmisión. Porque solemos hablar de la universalidad de la poesía, o de la literatura, pero solemos dejar al margen un detalle que parece de perogrullo: por mucho que pertenezca o se extienda  a todo el mundo, a todos los países, a todos los tiempos, si no se conoce su código, el mensaje no llegará. No lo hace, pues, instintivamente, salvo tras un proceso de aprendizaje necesario. El de la lengua en que Machado escribía, en este caso. Lo que limita, por muy extendido que esté esta, su difusión y conocimiento. Se puede, evidentemente, traducir a otros idiomas, y ampliar, de esta manera, el número de aquellos que pueden tenerlo entre sus manos, disfrutar y reflexionar con su poesía. Se puede, y se ha hecho. Y se puede también ir más allá, y llevarlo a lenguajes que, si bien tienen sus propias normas (todas las formas de arte tienen su propia gramática), tienen la magia de llegar incluso a aquellos que no son conocedores de las mismas. La danza es uno de ellos, sin duda. Nos hace sentir de modo directo. Así que la idea de ver la poesía y la vida de Machado transcrita de ese modo, me pareció fascinante. Eso es precisamente lo que hace director de cine Eduardo Chapero-Jackson en su película «Los mundos sutiles», (2012) nominada a los Premios Goya como mejor película documental. Protagonizada por Amaia Pardo, Itsaso Álvarez, Irene Vázquez, Miguel Ballabriga, Joaquín Pérez, y Carmen Fumero, sobre guión del propio Eduardo Chapero-Jackson,  con fotografía de Ricardo de Gracia, y música de Pascal Gaigne, narra la exploración de Sira, una estudiante del Conservatorio de Danza (interpretada por Amaia Pardo, también bailarina), sobre el poeta, cara a un trabajo de fin de curso que tiene que presentar. Una aproximación (y una traslación) en clave de danza. Imaginaba yo una obra ligera y sutil, quizá en blancos. Armonía, poética y movimiento. Pero lo que me he encontrado al

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verla es totalmente diferente a la idea, reconozco que preconcebida, que me había hecho. Los mundos sutiles de Eduardo Chapero-Jackson son unos mundos densos, trabajados, documentados, llenos de simbología. Unos mundos de los que lo etéreo se ve atrapado, a través de los enormes ojos de su protagonista, y de su inmersión en los mismos. No se limita el director a un recital, a unas coreografías apoyadas en hermosas palabras. No recrea simplemente los más conocidos poemas de Machado.  Hace un documental – ficción en el que no se traslada al universo machadiano, sino que lo conecta y emplea para explicar la historia reciente, y el momento actual. Imágenes pasadas y presentes se suceden. Lugares. Va leyendo (emplea para ello «Ligero de equipaje», la biografía de Ian Gibson), acerca de la vida del poeta, desde esa infancia de la que apenas hay testimonio, hasta su muerte. Una voz en off, su voz, nos va contando lo que averigua, mientras un cuaderno que comienza en blanco va recogiendo los títulos a medida que avanza etapas. Con una pluma, cuya tinta y sonido aportan solidez y contundencia a lo que escribe. Se van intercalando sus ensayos, pequeñas piezas coreográficas, inicialmente sin apenas conexión con lo que va leyendo, inseparables después. Con la de Manolo Solo recitando. Pero Sira comienza a entender, a sentir, a trasladar a su propio mundo sutil; su mundo de baile y miradas furtivas al compañero que estudia en la mesa de enfrente.  Comienza a mirar y mirarse. Y Chapero-Jackson, a mostrarlo.  Nada ha desaparecido. Solo han cambiado las formas. Las del amor, que inunda de candados el paseo que lleva a la ermita de San Saturio, donde los álamos junto a los que Machado paseaba aún tienen corazones grabados. Las de España. Va realizando Sira y mostrándonos un recorrido en orden cronológico en el que cada vez la complejidad es mayor. Nach, poniendo voz a Las Moscas, mientras Sira y sus compañeros bailan, aún en la academia. Campesinos antiguos arando tierras yermas en ciudades nuevas, cuyos espacios también ven a la protagonista soñando ser ingrávida y gentil cual los mundos, realizando una danza sufí mientras sus compañeros la circundan bailando breackdance. Ese olmo seco resucitado merced al recogimiento místico, en forma de plegaria, que desde el respeto se brinda mientras es recitado el poema en japonés frente a él. Esa España Joven, que en la que es hoy aquel mañana de ayer, y el hoy es la burbuja inmobiliaria que no permite moverse, que no permite escaparse. El 15 M, cuyas imágenes aparecen también en el documental, haciendo suyo el verso el hoy es malo, pero el mañana… es mío. La guerra, ese hombre y esa mujer enfrentando cada uno su bandera, cayendo ambos inermes, separando en dos con un surco de sangre que brota de la misma tierra. El dolor de la muerte y la impotencia de no poder retener a la persona amada. El frasco de jabón, con el que ya no se podrán hacer pompas, junto a la mano exangüe. Sira, que se sueña Machado, arrancando un extremo de papel manuscrito. Que se sueña Leonor que viene a buscarlo. Que aprende que el amor no requiere la existencia de la persona amada. Que buscando al poeta se encuentra. Y encuentra, en sí misma, esos mundos sutiles como pompas de jabón.