Los pequeños demonios escondidos tras la voz angelical

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Desde que en 2008 Lourdes Hernández (bajo el nombre artístico de Russian Red) irrumpiese en la escena musical española han pasado muchas cosas. Otros dos trabajos de estudio, la inclusión en diferentes bandas sonoras de cine (con nominación al Goya de por medio), y la actuación en innumerables festivales. Russian Red se ha erigido en una figura con nombre propio. Su voz sedosa y cautivadora sigue hechizando a quienes la escuchan. Sigue haciendo estragos de una manera tan sutil como intensa.

Los cantos de sirena van más allá de ser simples piezas de puzzles mitológicos o legendarios. Los cantos de sirena existen, al menos en el ámbito de la música. Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, sabe mucho de esto. Su timbre vocal puede parecer tan frágil que a quien la escucha le invade la sensación de que esa voz terminará por quebrarse de un momento a otro. Es un tono dulce, desnudísimo, que logra captar toda la atención de quienes tiene alrededor. Si Homero hubiese conocido a Russian Red se hubiese tirado de los pelos, y hubiese advertido a todo el mundo que no se dejase llevar por sus cantos hechizantes. Pero Homero no está aquí para prevenirnos, por lo que caer bajo el embrujo resulta demasiado tentador como para resistirse. Y cuando uno cae donde no debe, a veces, se encuentra con los demonios.

Russian Red no tiene que ver con ideologías ni plazas rojas. Evitemos mezclar a Moscú en esto, porque este nombre artístico proviene sencillamente de un modelo de pintalabios. De hecho, tratemos de sortear cualquier relación entre política y la música de esta joven cantautora madrileña; la última vez que se atrevió a mojar la uña del dedo meñique en estas aguas, a punto estuvo de salir escaldada (ser artista y preferir la derecha a la izquierda es un cóctel ciertamente explosivo). Pero Lourdes se ha acostumbrado a vivir con la realidad de que lo que hace no puede gustar a todos, y se ha centrado en hacer lo que sabe: en sacar el máximo partido de esa voz sedosa y brillante que tiene, en esas ganas de componer y seducir al público bajo artificios de corte sencillo. Su carrera musical comenzó a crecer cuando decidió vaciarse en ella, dejando a un lado los estudios en los que, en un principio, se había decantado por volcar su tiempo. Y este, sin demorarse mucho, le dio la razón. Lo suyo era y es la música. Desde su primer trabajo de estudio, I love your glasses, han pasado seis años. Y si bien por aquel entonces Russian Red era una chica con una voz tocada por la magia, ahora hacen falta muchas más palabras para tratar de definirla. Su música se ha asentado como una constante en los principales festivales nacionales, se ha ganado el derecho a ser banda sonora de diferentes películas (ha estado nominada al Goya por su tema Loving Strangers, incluido en el film de Julio Medem, Habitación en Roma). Y lo curioso es que sus composiciones no casan a menudo con los otros estilos de los que se rodea en diferentes eventos. Puedes encontrártela en un festival de corte rock alternativo, en otro de ambiente enfocado al pop electrónico. Ella, por supuesto, no pertenece ni a lo uno ni a lo otro. Pero no importa. Porque los cantos de sirena tienen eso, conquistan y embelesan. Hasta el punto de que no queda otro remedio que sucumbir a ellos.

La mayor parte de su discografía se compone de canciones lentas, de esas que puedes bailar agarrado a otra persona, con la cabeza reposando en su hombro. Obras íntimas. Son esas canciones que matan lentamente, en las que la voz de Lourdes te arrebata segundo a segundo el aliento sin que apenas te des cuenta. Porque parece susurrarte y hacerte caer sin remedio en la trampa de sus letras, de sus melodías tiernas que al mismo tiempo pueden estar sugiriendo una temática desgarradora, una historia de desamor, de despecho, de derrota, de esas de las que a uno le cuesta recuperarse. Pero el canto de sirena seguirá funcionando como tal, encubriendo a la perfección aquellos demonios que puedan pretender permanecer ocultos.

En su penúltimo disco, Fuerteventura (2011) tiene canciones tan gráciles y pegadizas como la que comparte el mismo título que el álbum, capaz de hacer mover los hombros y cerrar los ojos, dejando deslizar el alma hacia el escenario, donde Russian Red la encadenará para siempre. Qué voz tan peligrosa. Otros temas de este mismo trabajo, como I hate you but I love you, ya ni siquiera tratan de esconder sus intenciones, dibujadas en el propio encabezamiento.

Del Cigarrettes con que se dio a conocer (una de sus canciones más célebres) al álbum que ha publicado este año, titulado Agent Cooper, Russian Red ha experimentado una notable evolución. Como le pasa a muchos cantautores, parte del intimismo se va quedando atrás. Las puertas se abren, los ojos del negocio prestan más atención, y eso posibilita contar con músicos de categoría poniendo su rúbrica en los trabajos de estudio, o acompañando en las giras anuales. Significa poder grabar con monstruos de la industria musical, con productores acostumbrados a convertir en oro (existen muchos tipos de oro, claro) aquello sobre lo que posan sus manos. Este último disco sigue siendo el de una cantautora, porque la importancia de la voz de Lourdes Hernández no puede ser soterrada con facilidad. Los cantos de sirena seguirán siendo cantos de sirena. Pero ahora cuenta con un acompañamiento mayor, con arreglos musicales más trabajados y amplios. Sigue sonando a aquello con que conquistó a público y crítica, y puede decirse que la evolución no ha traicionado a los propios orígenes. Pero el verdadero espectáculo, el más puro al menos, sigue estando en verla coger una guitarra y ponerse ante un micrófono. Sola. Jugando a quebrar su voz y terminar quebrando a aquellos que se han arriesgado a escucharla. Tratando de hechizar con esas melodías  que esconden más demonios de los que aparentan.