Los «síntomas» de una evolución notoria sobre el escenario

inra

Después de unos inicios sumergido en el pop folk, Inra es un grupo que con su último trabajo ha abierto las puertas del rock. Síntomas, compuesto por seis canciones, es el nombre de su nueva propuesta, que presentarán en la sala Fun Club de Sevilla este sábado. Una cita en la que estarán acompañados por el grupo gaditano Furia (con quienes ya presentaron su trabajo en Madrid), y en donde pondrán a prueba su evolución musical.

Hoy en día, la estabilidad de una banda musical se mide, en muchas ocasiones, por su aparición en los diversos medios de comunicación existentes. No es esto, sin embargo, un medidor fiable de calidad ni un sello de garantía de que el producto anunciado no tenga brechas. Pero sí es cierto que, si un grupo llama la atención de un número elevado de oyentes, los medios posarán sus ojos en él. En el caso de Inra, es cada vez más frecuente verlos envueltos en eventos de promoción, en reseñas de publicaciones especializadas y, no menos importante, en el boca a boca de quienes gozan adentrándose en la oscuridad rota por los focos de una sala de música. Algo estarán haciendo bien. O cuanto menos, algo estarán haciendo que llame la atención.

Inra es el fruto de un proyecto iniciado en 2009. Su vocalista y guitarrista (sobre todo, en términos acústicos), Irra Gómez, lo puso en marcha ante la necesidad de dar forma a aquellas composiciones e ideas que rondaban su cabeza. Cinco años después, y con muchas experiencias acumuladas, hoy lo acompañan sobre los escenarios Peter Parellada (guitarra eléctrica), Adrián Llopis (bajo y coros) y Adrián Bilbao (batería). Pero los inicios de la banda no son idénticos a lo que en la actualidad se desborda bajo este nombre. Pasaron dos años antes de que Inra diera a luz su primer trabajo de estudio, titulado Don Señor. Sus primeras doce canciones recogidas en un álbum que sirvió para abrirse paso y coger impulso. De él se desprendía un aroma folk, reposado, con el foco centrado en las historias que las letras desgranaban.

En 2013, dos años después de Don Señor, le llegó el turno a No me digas no, dime cuánto. Compuesto por once temas, el grupo insistía en su estilo de pop folk agradable al que no le era necesario acelerar el tempo ni subir el volumen de los amplificadores. Canciones para crear ambientes que bien pueden ajustarse a una tarde de lluvia encerrados en casa, o para asistir a un concierto en el que, sin necesidad de terminar sudando, uno pueda moverse al son del compás y tararear cada una de las melodías. Pero, este año, Inra sufrió un cambio. Sin dejar de ser lo que era, el grupo experimentó una evolución, tanto en el estudio de música como sobre el escenario.

Del primer cambio quedó constancia ya en el formato de su último y nuevo trabajo, recogido bajo el nombre de Síntomas. Atrás quedan los dos larga duración; Síntomas es un ep compuesto por seis canciones. Brevedad directa al corazón, han debido pensar los componentes. Porque otro de las alteraciones, más manifiesta, se encuentra en el carácter que se desprende de estas seis piezas. No ha sido un giro tremendo, pero sí notable. El folk ha quedado soterrado por una dosis mayor de energía que se ha desplazado hacia un rock, eso sí, controlado. La esencia de Inra no es la de dejarse llevar hasta perder la brújula. No al menos en sus trabajos editados. Porque esta nueva carga de música por la que han apostado parece suministrarles un poder mayor en sus directos. Presentado en la madrileña sala Independance, su extended play ha recorrido ya varios programas de radio y ha sido puesto en escena en espacios como el de la FNAC.

La canción que abre el trabajo, Que nos pisen la cabeza, viene marcada por una línea sencilla pero potente de guitarra eléctrica, que parece querer anunciar el cambio producido. Ahora las seis cuerdas de la acústica han tenido que claudicar; la garra se ayuda del peso que ofrecen las distorsiones (controladas, eso sí), los acoples, los riffs más robustos. Sin embargo, como temerosos de haberse lanzado a una transformación radical, en su segunda canción se relajan un poco. No en ritmo, sino en la contundencia de su propuesta. Y así se define Inra mediante sus seis nuevas canciones. Fluctuando entre un pop rock descarado y el cabo todavía atado a lo que había sido hasta entonces. El mérito está en haber sabido combinar estas dos sensaciones con acierto, en no haberse lanzado a una propuesta totalmente distinta a lo que ya se había gestado. Y es que todo lo anterior era necesario tenerlo presente, aunque fuese en un segundo plano, en el nuevo material que el grupo se decidiese a crear. Su faceta más rockera no nace de la necesidad de reinventarse, sino de seguir explorando los caminos que ya habían abierto, de no estancarse en un punto que ya tenían dominado. Es ese el motivo de que este nuevo rostro quede desenmascarado.

Ahora, a Inra le toca presentar los síntomas de su evolución en territorio andaluz. Acompañados por el grupo gaditano Furia (con quien ya compartieron escenario en Madrid), darán un concierto en la sala Fun Club de Sevilla. Será este sábado 27, a partir de las 21.00 horas. Su directo se propone conquistar nuevos seguidores, descubrirse ante quienes todavía no han tenido oportunidad de verlos crecerse canción a canción sobre las tablas. En definitiva, se trata de una cita de sobredosis musical, ofrecida por dos grupos con ganas de sacar provecho a sus instrumentos y música ante el público, disparando melodías y letras. Una buena ocasión para sacarle polvo al cuerpo y al oído durante el fin de semana.