Mi perra Tulip

J._R._Ackerley
Después de leer Mi padre y yo, leer Mi perra Tulip resulta un poco decepcionante aunque no dejo de reconocer que es un gran libro. Es decepcionante porque en realidad las cosas más crudas y sinceras que declara Ackerley sobre la relación que tenía con su perra, esas que hay que ser valiente para confesar, son dichas en el primero de los libros y no en el segundo, que trata de la perra. Pero es un gran libro porque Ackerley (en general, en su obra) convierte la vida cotidiana, la vida familiar y las relaciones (no siempre humanas, como con Tulip queda claro) en pura literatura, en materia prima para una escritura exquisita.

Mi padre y yo no es mejor que Mi perra Tulip porque diga cosas de Tulip mucho más privadas que el propio libro sobre Tulip (como, por ejemplo, si le presionaba la vulva para darle placer sexual); es mejor porque es una biografía más sólida, porque carece de aspectos naif que en la segunda aparecen, porque es descarnada y porque maneja los tiempos de la narración de una manera magistral, infundiendo intriga incluso por momentos. En cambio, Mi perra Tulip es un bello libro, excelentemente escrito, que abarca menos (pero no necesariamente porque hable sólo de ella) y que cuestiona menos el mundo, aunque no deja de hacerlo del todo.

Es sabido (por medio de sus propias obras) que Ackerley tuvo serios problemas en el amor, y que al fin, ya de mayor, encontró a su más fiel compañera (y al amor) en esta perra que tanto amó. Pero lo maravilloso es que nos cuenta una historia de amor mutuo. Y aunque Tulip no puede hablar, le creemos, le creemos que ella también lo amó a él.

La mayor parte del libro trata de la búsqueda de un perro para Tulip que la satisfaga y además la embarace. Es de una ternura y una generosidad desbordantes que Ackerley se haya tomado tal empresa con tanto ímpetu. La amó y estaba dispuesto a darle lo que ella deseaba. Pero el hombre se cansa en esa empresa, que es cíclica, porque ella demanda y él no está dispuesto a pasar por otro embarazo de la perra y de nuevo el tema de las crías… entonces es cuando decide que le dará lo que desea pero no lo que necesita. Eso también es parte del amor; las propias limitaciones al momento de dar, y sin embargo amar. Tulip le perdona todo, Tulip lo ama, hasta una veterinaria se lo dice cuando llega la hora de explicar el por qué de ese carácter de Tulip tan severo e insoportable: «Bien, ella está enamorada de usted, eso es obvio. Y a causa de ello su vida [la de la perra] está llena de preocupaciones. Para empezar, tiene que protegerlo…».

Tulip duerme en la cama con él, y si está en celo, se acuesta a su lado de tal manera que consiga ser tocada, al menos las tetillas, por esas manos humanas. Él sale a pasear siempre con ella, y si lo sorprende una necesidad urinaria, hace pis en la calle como ella. En realidad todo es normal, pero en algún momento del libro no sobra la pregunta ¿Tulip persona o Ackerley perro? De hecho, él acaba el segundo capítulo con esta oración: «Me siento un perro más».

Lo de la búsqueda del primer perro para Tulip, el que le quite la virginidad, se lleva casi todas las páginas de esta historia y comprendemos que es una tarea realmente ardua. Fracaso tras fracaso en los que no se produce el enganche o, en ocasiones, ni siquiera la penetración, Ackerley se pregunta si acaso no se debe a que la devoción que siente la perra por él colma toda su necesidad de amor.

Al final Tulip es apareada (no por un perro de raza alsaciana como es ella, y como él pretendía, sino por uno no burgués, de clase trabajadora, igual que los amantes que Ackerley se solía encontrar para sí y tan bien describe en su otro libro aquí mencionado), y vienen las crías, su instinto maternal y la maravilla de ese milagro, pero también las épocas de celo siguientes, agotadoras para Ackerley, a las que ya me referí.

El libro es un homenaje al amor a los perros y también una especie de manual para dueños, pero sobre todo es una obra literaria que decepciona sólo si se la compara con la otra maravilla del propio autor, porque no acaba de desnudarse del todo, porque nos habla mucho más de Tulip que de sí mismo, cuando en realidad Tulip ni siquiera habla y todo acaba siendo un «sí mismo» un poco disfrazado y cobarde.

Calificación: Por debajo de mis altísimas expectativas
Tipo de lectura: Rápida y entretenida
Tipo de lector: Con mascotas mejor
Argumento: La relación de Ackerley, el autor del libro, con su perra Tulip
Personajes: Todos al servicio de Tulip
¿Dónde puede leerse?: En casa junto al perro