Miel de abeja

maria sanchez
Kursala. Universidad de Cádiz
4 de marzo-18 de abril.
El bodegón como género entendido desde las artes plásticas siempre nos presenta algo que se ofrece para no poder ser disfrutado, sólo deseado (o ignorado, según el caso), y es posiblemente la forma representada que mas invoca la distancia insalvable entre el referente y la imagen. Su disposición, generalmente sobre una mesa, ordenado y preparado para la degustación, nos proporciona casi todas las sensaciones menos aquellas para las que la lógica nos indica que ha sido preparado.
Los misteriosos bodegones que forman Miel de abeja, la exposición de María Sánchez (1977, Ávila) comisariada por Jesús Micó, amplifican esta siniestra sensación desde la austeridad formal y la precisión conceptual. Sus habitaciones en penumbra contienen antes que ninguna otra cosa, la mesa, el receptáculo necesario, un lugar cubierto fantasmagóricamente por una sabana en toda ocasión desde el que subyugar nuestra percepción en la distancia. Luego están por supuesto los elementos dispuestos sobre ella, siempre mínimos, siempre un contrapunto del espacio vaciado, queriendo rasgar la tabula rasa de nuestra percepción mas inconsciente, cargar de sentido la imagen, resultando siempre un ofrecimiento sutilmente peligroso en el que se nos incita a cometer algún acto, a sucumbir al deseo que se revela desde el espectador hacia la imagen abierta de par en par. Un ofrecimiento que alcanza la mayor y perturbadora contradicción en su simbólica literalidad cuando es el cuerpo de la artista el que ocupa la imagen.
María Sánchez, situada en ese territorio de la creación fotográfica alejada del documento y enraizada en la escenificación, se dirige, quizás sin tenerlo demasiado en cuenta, hacia rincones metalingüísticos, hacia el misterio de la fotografía como acto de voyeur penetración en el otro, su actitud violentamente arrebatadora apunta hacia el origen de las pulsiones en nuestra psique, al lugar donde nuestra mirada se convierte en deseo y el deseo nunca encuentra satisfacción en la mirada.