Muerte en Oriente

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El viaje a Oriente en el que muchos pintores, grabadores y fotógrafos inspiraron sus obras, imponiendo la moda del orientalismo, le sirvió a Agatha Christie como materia para algunos de sus trabajos como, por ejemplo, Asesinato en el Orient Express o Muerte en el Nilo. Allí conocería además a su marido, el arqueólogo Max Mallowan. Una mirada a la obra de Chistie nos hace reflexionar sobre lo efímero del tiempo y la importancia de la elaboración de la ficción.

Iyi aksalmar. Buenas noches. Encerrados en sus compartimentos de primera clase, los pasajeros del Taurus Express con destino a Mesopotamia escuchan el saludo de los asistentes de cabina, con la emoción contenida, mientras el convoy abandona la estación de Haidar Pasha y se desliza a toda máquina junto al Cuerno de Oro. Atravesarán la noche envueltos en una nube de vapor en camino hacia Alepo, al hotel Baron. Algunos de ellos van más lejos y  tendrán que cambiarse a un precario autobús para llegar a Damasco primero y después a Bagdad, porque la vía aún no está terminada. Un periplo que la publicidad de la Compagnie International des Wagons-Lits et du Tourisme, que explota la línea, resume muy bien en sus carteles publicitarios: Londres-Bagdad en 8 días. Seguridad. Rapidez. Economía.

Agatha Christie, célebre escritora de novelas policiacas, ha descansado unos días en el Hotel Tokletian del viaje extenuante en el Orient Express que le ha llevado primero a París y después, a través del paso suizo de Simplón, hasta Venecia y Estambul. Ahora se dispone a cumplir una etapa más en una incursión que la conducirá a Irak y desde allí a Palestina y Egipto. Durante ese viaje épico realizado en 1928, la escritora visita las excavaciones de la ciudad caldea de Ur, dirigidas por Sir Leonard Wollsey, donde conocerá a Max Mallowan, tres lustros más joven que ella, que se convertirá dos años después en su segundo marido.

Entre ese primer acercamiento y finales de los años 50 -exceptuando los años de la guerra- Agatha Christie pasó regularmente largas temporadas en Oriente, especialmente en Siria y en Irak, acompañando a Mallowan que encabezaba algunas destacadas misiones arqueológicas en esos territorios, primero en las ciudadelas de Nimrud y Nínive, en Asiria y después en los yacimientos  prehistóricos de Chagar Bazar y Tell Brak. Como fruto de sus esfuerzos, el historiador entregó al museo Británico importantes objetos y vestigios, destacadamente esculturas y relieves de marfil. Como impresión de esas estancias y de esos viajes, la autora nos dejó cuatro novelas asombrosas.

Asesinato en el Orient Express – escrita en parte en el Pera Palace Oteli de Estambul en 1933- es la relación de un crimen tumultuoso y extraño. La táctica preferida de la Christie, la revelación, por la que el lector ha de contar con la información suficiente para descubrir la verdad, es dosificada aquí en aras de una resolución asombrosa. La escritora se influenció para elaborarlo en sucesos contemporáneos que causaron gran impresión en la opinión pública como el bloqueo de Orient Express en las tierras altas de Turquía, durante cinco días, a causa de una tormenta de nieve en 1929; o el secuestro y asesinato del hijo del aviador alemán Charles Lindbergh, en 1932, en unas circunstancias que nunca fueron suficientemente aclaradas y que fue calificado por los medios de comunicación como el crimen del siglo.

Muerte en el Nilo (1937) está inspirada sin ninguna duda por el reciente descubrimiento de la tumba inviolada del faraón Tutankhamon, que en 1922 había prendido en Europa la afición por la egiptología y cuyo suceso había sido ampliamente difundido por los noticiarios. Ambas novelas fueron llevadas felizmente al cine y sus repartos artísticos acumulan a los más destacados actores y actrices de los años setenta: Bette Davis, Jane Birkin, Peter Ustinov, Laurent Bacall, David Niven, Mia Farrow, Ingrid Bergman, Angela Lansbury, Jacqueline Bisset, Vanessa Redgrave, Sean Connery  o Anthony Perkins

Asesinato en Mesopotamia (1936) sucede durante una campaña arqueológica, en la que una mujer anuncia su propio asesinato; mientras que Cita con la muerte (1938) está ambientada entre las ruinas de la ciudad nabatea de Petra.

Pero además de escribir, la autora más vendida de la época moderna, se basó en los métodos de reconstrucción arqueológica para pergeñar la mecánica de todas sus obras detectivescas, técnicas a las que obviamente tuvo acceso por su familiaridad con la dinámica de excavación e interpretación de los hallazgos in situ. Robin Macartney, arquitecto, asistente de Mallowan diseñará las cubiertas para esos libros dándoles un aroma romántico y evocador. La autora británica filmó también dos películas de aficionada y realizó numerosas fotografías que son el testimonio de su pasión por Oriente y documentan la inspiración de otras obras menos conocidas: la historia detectivesca La muerte llega por fin (1944) cuya acción se desarrolla en Tebas -en el Antiguo Egipto- siendo la única novela de la autora británica que no sucede en el siglo XX;  y una función de teatro nunca representada por lo ambicioso de sus decorados, Akhenaton (1937). Ese trabajo documental será de gran valor por cuanto es un testimonio único de unos parajes que han sido después asolados por las guerras y saqueados por los buscadores de tesoros hasta borrar casi de los mapas cualquier resto.

Sobre la vida en los campamentos y el encuentro con una cultura diferente y una distinta manera de vivir, Christie dejó escrito un libro de memorias, Ven y dime como vives (1946) lleno de humor y situaciones cómicas, además de las notas que aparecen en Una autobiografía (1977). Sobre sus viajes en autobús hay dos relatos, Ausente en la primavera, publicado en 1944 bajo el seudónimo de Mary Westmacott, es la historia de una mujer de clase media que se ve obligada a replantearse su vida, después de perder un tren en medio del desierto y La puerta de Bagdad (1934), un relato corto en el que el detective Parker Pyne resuelve un crimen en un autobús de doce asientos en la ruta entre Damasco a Bagdad.

La obra de un artista y sus fuentes de inspiración nos hacen reflexionar, una vez más, sobre lo efímero del tiempo y la importancia de la elaboración de la ficción, cuando echamos una mirada y vemos cómo han cambiado los lugares, en lo físico y en lo mental; como han variado las formas de vida y la manera de viajar, pero también como algunos espacios mínimos conservan el aura o la leyenda de sus nombres o simplemente de las personas que los habitaron. Y cómo el viaje a Oriente sigue siendo algo inquietante y azaroso. Iyi aksalmar.