MUERTE Y CRUCIFIXIÓN. LA PASIÓN SEGÚN PAUL DELVAUX

crucifixion

El Museo Thyssen de Madrid dedica una exhibición a un artista singular. Está hilvanada en torno a oportunos ejes temáticos que nos ayudan a entender su particular poética y acercarnos a una producción inquietante. Destaca la poderosa iconografía construida en torno a la Pasión de Cristo, polémica en el momento de su presentación, pero que podemos contemplar hoy bajo la luz de la espiritualidad o de la simple belleza plástica.

En 1954 Paul Delvaux presentaba su Crucifixión en la bienal de Venecia desatando un escándalo monumental. Lo promovió el cardenal Angelo Roncalli, Patriarca de Venecia, que ascendería más tarde al Santo Solio con el nombre de Juan XXIII, por considerar esa obra herética y blasfema. El artista se defendió de las acusaciones diciendo que la idea de sacrilegio nunca había estado en su cabeza, sino que había sido puesta en la mirada de otros. El pintor decía buscar en los esqueletos una apariencia de misterio medieval, quizás profano, pero nunca profanatorio. Afirmó que había representado a los personajes sagrados como osamentas porque estas magnificaban la estructura misma de la vida con todas esas líneas, admirables como jaulas, a través de las cuales pasa una luz vivificante.

Quizás no sea uno de los cuadros con los que más identifiquemos a su autor, pero es indudablemente una de las obras más poderosas del arte contemporáneo por su expresividad, por la resolución de sus colores, por el equilibro –efectivamente- entre lo sagrado del tema y lo profano de su tratamiento, así como por la intención cubista de su composición. Delvaux toma el esqueleto ciertamente de la iconografía barroca y medieval, se acerca a él con sus visitas a los museos de Historia Natural y profundiza en la creación de danzas macabras, descendimientos y santos entierros, además de incorporarlo al vocabulario plástico de muchos de sus cuadros, donde lo utiliza como una especie de sombra, de doble que es a la vez símbolo y significante. Pero quizás el futuro Papa, con sus profundos conocimientos de teología y patrología llegara al más allá de ver lo evidente: el artista está escenificando la expresión de una religión de muerte, muerta. Reduciendo a despojos a los crucificados y a sus seguidores -Juan y las mujeres- solo los centuriones en su embozamiento pagano pueden de ser vistos como vencedores, reales, sólidos, vivientes. Una lectura inquietantemente herética y subversiva.

mujer_espejo

La subversión es una de las características imprescindibles del surrealismo -el movimiento en el que se encuadra habitualmente a Paul Delvaux- tanto en el mensaje como en la composición de las imágenes. No deja de ser curioso que dos de los nombres más importantes de ese movimiento fueran belgas, quizás por el impacto que tiene en el imaginario de ese estado artificial, anclado en una historia legendaria, cercano y lejano a todo, atravesado por todos. Una de las particularidades del pintor –además- es que nunca se desvinculó del territorio, esa nación surreal, híbrida.

La exposición que presenta el Thyssen está compuesta con obras que vienen de una de las más grandes colecciones de Delvaux, el Musée d´Ixelles de Bruselas, se ha articulado en torno a claros ejes temáticos que potencian las sensaciones de los cuadros, carentes en su mayor parte de una narrativa obvia. La mujer, fetiche y presencia, pero también objeto erótico, es el centro de la obra delvauxiana; se despliega muchas veces en dobles especulares cargados de sentido. A veces estas duplicaciones son esqueletos. Mujer, desnudo, doble, esqueleto. Los otros dos grandes temas son las estaciones ferroviarias con todo su significado como lugar de encuentro, de partida, de mundo febril e industrializado; y las arquitecturas. El pintor belga creó muy influido por la antigüedad grecorromana, tanto por formación como por interés, las construcciones, como fondo o como protagonistas, y la mayor parte de las piezas recuerdan a los despojamientos de De Chirico a quien conoció, y a los edificios fascistas del EUR y del Dodecaneso griego, surgidos de un mismo momento estético y conceptual. Podríamos decir que Delvaux pinta sobre sus propios clichés.

sombras

La investigación sobre asuntos mitológicos entre los que están Venus, Leda, Pigmalión o Ulises; y religiosos como es el caso de la Anunciación, conectan el interés del artista de nuevo con la antigüedad y con los clásicos de la pintura figurativa. Son características las presencias que aparecen como ajenas a los paisajes que habitan, sus personajes son nudistas, más que desnudos parecen conscientes de su propia actitud, natural pero transgresora. Otro motivo llamativo es la ausencia o la manipulación de las sombras. El proceso industrial de los ferrocarriles y los objects trouvés son lugares comunes al movimiento de los surrealistas, Delvaux, además, profundiza en una gama de azules que identifican sus oleos a la primera mirada, planos, acerados, consolidan unos cielos omnipresentes y paralizan el mar.

El Paseo por el amor y la muerte de Paul Delvaux que propone el museo Thyssen-Bornemisza se convierte en imprescindible porque refleja un universo muy particular, porque no está representado en las colecciones españolas y es una ocasión única para formarse en nuevos lenguajes, así como para comparar la obra con la de los surrealistas españoles y sacar consecuencia de sus similitudes y sus diferencias.

PAUL DELVAUX. PASEO POR EL AMOR Y POR LA MUERTE
Museo Thyssen-Bornemisza
Madrid. 24 de febrero a 7 de junio de 2015