Música no apta para depresivos

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Diez colecciones de canciones destinadas a hacernos palpar el lado mas triste de la vida. Diez propuestas artísticas que alcanzan el éxito a través de infligir heridas. Desde la queja melancólica al aullido existencial, desde el ocaso romántico al delirio nervioso… ¿Es posible llegar a vender miles, cientos de miles de discos, cantando sobre el trauma, la depresión o  el amor a la muerte? En nuestra sociedad, adicta a sentirlo todo protegidos por el airbag de la experiencia ajena, por supuesto que sí. Elegantes ejercicios de estilo, pop sencillo para multitudes, grunge corrosivo, atmosférico post-punk, producciones exquisitas, grabaciones secas y directas, cartas desesperadas de amor o autistas sentimientos de exclusión. Múltiples formas para recubrir los sinsabores de la vida que llegan a hacernos pensar si fue una buena idea pulsar play.

¿Por qué una lista sobre la tristeza? Quizás la respuesta mas sencilla sea porque existe esa posibilidad, brindada por un extenso grupo de músicos que han cantado al dolor y al sufrimiento. La única premisa inicial, que hace homogenea esta selección, fue intentar siempre que el contenido hiriente se manifestase tanto en el sonido como en el mensaje de las letras, dejando fuera odas a la tristeza tan intensas como Meat is murder de The Smiths, This is hardcore de Pulp, o Pink moon de Nick Drake, entre otras muchas obras cuyos ambientes musicales no resultan tan opresivos.

¿Por qué limitar la lista a grupos de éxito? Por un lado para ayudar a quien suscribe a seleccionar tan solo diez propuestas entre las posibilidades que añadiríamos si también investigáramos en el underground musical, tan proclive al lamento existencial y al retrato de la podredumbre social. Por otro porque resulta especialmente atractivo que determinados artistas consigan alcanzar el éxito enfrentando al público con la cara mas afligida de la humanidad. Diez discos no aptos para depresivos de los que hemos rescatado incluso la canción mas descorazonadora de cada uno de ellos.

10. Dummy (1994). Portishead.

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Bases de hip hop, ambientación de banda sonora alucinada y la tristísima elegancia vocal de Beth Gibbons. En Dummy la oscuridad inunda cada rincón, y una atmosfera opresiva nos envuelve para no soltarnos nunca. Geoff Barrow marcaba las pautas con electrónica introspectiva, Adrian Utley coreografiaba ambientes sugerentes extraídos del cine mas negro y Gibbons nos rompía el corazón cantando con naturalidad de Jazz Singer maltratada. Nunca nadie, antes o después, ha llorado a la vida con tanta clase.

La canción: Roads nos presenta un ritmo monótono que se nos graba a golpes en el cerebro, un teclado minimalista, una guitarra temblorosa y la melodía mas afligida jamás escrita. Devastadora.

9. Desintegration (1989). The Cure.

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Desintegración de una pareja, del pasado, de una vida… Cualquiera nos vale para referir a este homogéneo álbum realizado con nocturnidad y alevosía. Canciones con prolongados y densos intros instrumentales, tempos lentos, guitarras acuosas y melodías lánguidas sumergidas en el extrañamiento que siempre acompaña a la voz de Roberth Smith. La obra maestra de The Cure recuperó la oscuridad de sus inicios, pero revestida ahora de una producción extraordinaria y un mayor sentimiento romántico, capaz de atrapar al oyente en su halo de tristeza de principio a fin.

La canción: anclada en un piano que se lamenta en cada nota, Homesick posee una atmosfera tan pesada que parece arrastrarnos hacia las profundidades con ella.

8. XX (2009). The XX.

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El disco mas reciente de la lista lo suscriben The XX, tres veinteañeros cuya desilusión ante la vida es palpable en cada uno de los once cortes que protagonizan en su disco homónimo, tan pausado y sencillo como emotivo y gris, y tan pop que ha sido utilizado ya hasta la saciedad en distintas campañas de marketing. Si hubo una generación X quizás es el momento de otra XX, tan oscura y deprimente como aquella pero de una tristeza mucho mas lánguida, que susurra el desamor en paisajes de niebla. Sin atisbos de esperanza en el camino, y sin embargo uno de los discos mas hermosos de los últimos diez años.

La canción: Una frágil línea melódica arropada por beats electrónicos y una guitarra tan nostálgica como las voces que se niegan a aceptar la pérdida del amor que se fue, eso es Infinity.

7. Is this desire? (1998). PJ Harvey.

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Para muchos Polly Jean Harvey posee discos mas cáusticos que este, su quinto Lp, como Rid of me o To bring you my love, pero para quien subscribe la colección encerrada en su disco mas eclíptico resulta la mas inquietante, sino en sus letras, sí en la profundidad de cada sonido o la sobriedad acongojante de cada instrumento. Polly destaca por su dominio vocal absoluto, consiguiendo sonar sinceramente afectada o intensamente desbocada, y de ello se desprenden todas las emociones (tristes) posibles, desde la espectral The wind  a la austera The river; aunque es sobre todo en cortes como My beautifoul leah o Joy, con un ruidismo electrónico asfixiante que convive con teclados asomando desde la oscuridad post-punk y una voz expresionista, cuando nos sumergimos en un terror emocional inaudito.

La canción: Electric light, susurrante y tenebrosa, de ritmo seco y mortuorio, en su parte final la voz de Polly parece provenir del otro lado, como si nos hubiese abandonado antes de los últimos versos.

6. Lady sings de blues (1956). Billy Holiday.

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Billie Holiday no tenía las prodigiosas cualidades vocales de Sarah Vaughan, ni la versatilidad o el feeling de Ella Fitzgerall, pero suya es sin duda la voz mas herida de la música negra y solo ella podía haber interpretado esta sucesión de disparos contra el alma. Un disco plagado de lamentos de todo tipo, de ceniceros llenos, botellas vacías y espíritus que vagan perdidos. Desde la canción que da título al álbum, firmada por ella misma, hasta clásicos sobre el desamor como Love mo or levave me, la leyenda del jazz vocal desgrana emoción tras emoción, lágrima tras lágrima, con una sinceridad solo permitida a quien ha transitado desde la infancia los lugares que otros rezan por evitar. Adicta ya en esta época a la heroína, su forma de cantar era el resultado de lo cruel que puede llegar a ser la vida y en Lady sings the blues nos hizo a todos partícipe de ello.

La canción: Strange fruits se nos ofrece repleta de imágenes terroríficas que retratan el horror que la raza negra soportó durante la segregación, y solo Lady Day sabe interpretarla como merece.

5. OK Computer (1997). Radiohead.

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Bajo irónico título que asumía nuestra conformidad con toda la tecnología surgida a finales del siglo XX, Radiohead forjaron una colección de canciones milagrosamente conectadas por imprecisas sensaciones y que radiografía la alienación del ser humano contemporáneo, tan narcotizado social y tecnológicamente como violentado espiritualmente. El álbum aunaba una brillante y mas que precisa producción musical con la cálida y cercana voz de Thom Yorke, que nunca había cantado con tanta intensidad. El abanico de ideas y sentimientos es amplio, pero con el denominador común de un poso de tristeza que hunde su belleza en el paisaje abisal de las profundidades de nuestra sociedad. La melancolía épica de Exit music, la narcótica cadencia de No surprises o la obsesiva claustrofobia de Climbing up the walls culminan con una total pérdida de control emocional en The tourist, despidiendo a un oyente ya en estado catatónico.

La canción: En Let down la intensidad aumenta progresivamente hasta el estallido vocal final, apoyada en todo momento sobre un arpegio que roza permanentemente lo esperanzador, aunque todo ello solo sirva para hacer mas insoportables los versos sobre un mundo que se desmorona frente a nuestros ojos.

4. In útero (1994). Nirvana

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Nevermind fue el álbum de mas éxito de su época, y sus creadores se vieron obligados a enfrentar su esperada continuación con un líder adicto a la heroína que se aproximaba lentamente a su trágico final. El resultado fue In útero, más deforme y oblicuo que su predecesor y de espontanea visceralidad, con melodías arropadas en unas guitarras afiladas como nunca que encerraban las cada vez mas introspectivas letras de Cobain en un ambiente enclaustrado. Clásicos como Hearth shaped box o Rape me (que revertían su accesibilidad con un mensaje  cáustico y desagradable), se alternaban con los desoladores alegatos por la infelicidad de Dumb y Pennyroyal tea, y en Tourette´s  una batería martilleada con violencia convive con guitarras aceleradas y gritos que ascienden desde un corazón helado, construyendo la banda sonora de una crisis nerviosa. El resultado fue el tratado perturbador de un alma alienada en el fin del siglo XX, cuyo siguiente paso lógico se intuía, desgraciadamente, en el suicidio.

La canción: Scentless Apprentice resulta sobrecogedora, tan cruel como una terapia de electroshock, las guitarras parecen querer cortarte y el dolor en la voz de Cobain llega al paroxismo en un final difícil de soportar.

3. Pornography (1982). The cure.

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El cierre de la llamada Trilogía de la oscuridad de The Cure fue grabado en un ambiente caótico y demencial en el que las drogas casi acaban con la banda, y resulta mas oscuro y ensimismado que cualquier otro de sus discos. Tras escuchar Pornography no podemos dejar de pensar qué pasaba por la cabeza de Roberth Smith al componer estos ocho cortes, extensos y densos, de ritmos pesados y repetitivos bañados en una atmosfera enfermiza y claustrofóbica, narrados por una febril voz que parece perdida. La hermosa tristeza y los lluviosos paisajes de Desintegration casi resultan reconfortantes comparados con este álbum escueto y herido, sucio y tosco, perturbador y perturbado, en el que palpamos la muerte no como idea metafísica o imagen siniestra, sino como algo cercano. Que un disco así llegara a situarse en el top diez de ventas tras su salida es representativo de lo perdidos que nos sentimos los seres humanos.

La canción: en The figurehead Smith se vanagloria de haber conseguido reír una sola vez en un año. Incansablemente monótona, solo nos permite respirar horror y miedo.

2. Pretty on the inside (1991). Hole.

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Courtney Love firmó en 1994 Live through this, su mejor álbum y uno de los mas impresionantes tratados de grunge. Pero años antes ya grabó en forma de canciones las páginas del diario de su adolescencia y juventud desarraigadas. Una colección de píldoras distorsionadas en las que se desnuda de forma visceral, un disco construido con alma punk, desgarradoras acometidas de noise bajo la producción de Kim Gordon (Sonic Youth) y devastadoras confesiones que versan sobre violencia y (auto)destrucción, odio (nuevamente hacia si misma), sexo y heroína.  Un discurso extremo en su capacidad de evocar el trauma emocional bajo capas de ruido crudo y agónicos gritos que claman la anestesia del Prozac. La locura de un alma que apenas se siente humana.

La canción: Pretty on the inside dura poco mas de un minuto, y es tan insana que no deberían oírla con una cuchilla cerca.

1. Closer (1980). Joy Division.

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La cara mas existencialista del punk corona nuestra lista. Joy Division edificaron la columna mas trágicamente oscura de los ochenta caracterizada en la presencia escénica  de su cantante, cuyos espasmódicos movimientos y frecuentes crisis epilépticas en pleno escenario teatralizaban prematuramente su posterior suicidio. Todo en Joy Division es perturbador, aun revestido de la modernidad que insuflaron al rock de su época, y Closer era un disco de diez; rítmico y obsesivamente oscuro, tan frio como ampuloso, tan atmosférico como asfixiante, sus sintetizadores y su fría percusión marcarían la década de los ochenta, que jamás volvió a sonar tan desasosegante; su ritmo industrializado insuflaba un aliento desolador a piezas que resultaban, en ocasiones, incluso bailables;y la voz de Curtis, su descriptivo y preciso fraseo, escondía algo inquietante e imposible de descifrar. Con Joy Division la danza medieval de la muerte encuentra su lugar en las postrimerías del siglo XX, cubierta ahora de un halo de modernidad, aunque igualmente oscura e inquietante.

La canción: The eternal podría ser una perfecta banda sonora para cualquier funeral.