No se quebrará la rama

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No se quebrará la rama (Madrid, Vaso Roto, 2014) es uno de esos libros que el lector de poesía no se explica que siguiera inédito hasta ahora en nuestro país, teniendo en cuenta que se trata, de un clásico verdadero de la poesía norteamericana moderna.

Su autor, James Wright (nacido en Ohio en 1927 y fallecido en Nueva York en 1980) ha sido hasta el momento un escritor poco o nada leído entre nosotros, no obstante su papel central en el desarrollo de la poesía norteamericana contemporánea. The Branch Will Not Break, que ahora podemos leer en español, fue publicado por primera vez en 1963. Libro clave, se presenta casi como un cuaderno de viajes por un paisaje y las gentes que lo pueblan, vistos desde la hondura de un sujeto lírico abierto a llenarse de los otros hasta ese dolor expiatorio que lleva aparejado la lucidez de la conciencia de lo real. Tal es aquí la ambivalencia de su palabra, que nace de nombrar la belleza arrebatada de la naturaleza salvaje, tanto como la dureza de la vida de los hombres y las mujeres que huellan los campos y las ciudades, que la contemplación implicada del poeta aún le sigue hablando de la fuerza regeneradora de la vida hasta en medio de la derrota. Quizá porque saben, el poeta y el arrendajo azul que desde su ventana ve posarse sobre la rama de un pino, que al fin y al cabo “no se quebrará la rama”.

En efecto, la sensibilidad esponjosa de Wright se llena de lo que ve a su alrededor. Unas veces el poeta se pierde en “…las hermosas ruinas blancas / de América”; otras descubre, amargo, que los hijos de los padres orgullosos del Medio Oeste “crecen hermosos hasta el suicidio” o le llega la certeza de haber malgastado su vida “Tumbado en una hamaca en la granja de William Duffy en Pine Island (Minnesota)”.

El viaje por las tierras y las gentes de norteamérica resulta así un documental lírico, complejo como la misma vida, que se articula como foco significante sobre la fuerza telúrica de la naturaleza, verdadera salvación del espíritu de los hombres, pues “que las oscuras manos de Chicago pierdan la luna / no importa a los ciervos / en este prado norteño”, nos dirá un poema.

Desde la materia de las cosas se levanta la percepción agudísima de Wright, que escribe aquí una suerte de poesía política nacida de la experiencia en carne propia de los espacios del afuera del yo. No es realismo objetivista, ni testimonio, ni panfleto, es otra cosa lo que conmueve en este libro singular, esa  vivencia del mundo de los otros como “nuestro”, lo que rompe los cómodo límites del sujeto poemático y permite que su mirada (atenta, gozosa, sufriente, resignada o rebelde como las estancias de la vida de todo ser humano) se empape de tiempo y contingencia.

No faltan los ecos nuestra literatura, que James Wright frecuentó y tradujo (Juan Ramón, Antonio Machado, Neruda, Vallejo). Por las páginas del libro se presenta, montado en semillas al viento, Miguel Hernández, que recorre el paisaje del Medio Oeste norteamericano entre los versos de “En recuerdo de un poeta español”. Ni falta tampoco la vergüenza sentida en la voz que cuenta un poema titulado (no hacía falta mas dramatismo que la pura evidencia) “Eisenhower visita a Franco, 1959”.

La edición bilingüe, como es saludable costumbre ya en estos tiempos, nos permite disfrutar del virtuoso manejo de los ritmos del verso inglés que caracteriza al poeta norteamericano. La versión española de Antonio Rivero Taravillo, está a la altura. Su minucioso trabajo, exquisito en la selección y ordenación del material sonoro, perfectamente ajustado a una límpida traducción de los sentidos que sugieren los poemas originales, permite disfrutar al lector poco versado en la lengua inglesa de toda la potencia evocadora de una palabra, la de James Wrigth, que siente lo que contempla y abre los ojos a quien la lee.