NUEVE RELATOS, “NUEVE”

Rodrigo_Hasbu_n

Zonas de sombra y secretos inconfesables, pasiones que redimen o esclavizan, familias que arropan o acentúan la soledad, la vergüenza y el miedo. La prosa de Rodrigo Hasbún busca qué es eso que esconden tus amigos, qué ocurrió en la escuela o bajo tus sábanas. Te busca a ti. Por eso perturba, por eso engancha.

Según refiere una nota al pie de la página 168 del libro editado por Demipage, en “Nueve” de Rodrigo Hasbún (nacido en Cochabamba, Bolivia, en 1981), se reúnen algunos de los cuentos que ya formaron parte de tres de sus libros anteriores: Carretera y Reunión, que se publicaron originalmente en “Cinco” (2006), Familia, El futuro y Larga distancia, en “Los días más felices” (2011) y La mujer y la niña, Sryacuse, Los nombres y Tanta agua tan lejos de casa, publicados en “Cuatro” (2014).

Si tuviera que resumir en una frase mi impresión después de leerlo, diría que “Nueve” es un libro incómodo. Con un título breve –que alude al número de relatos que contiene-, una cubierta eficaz pero vacía, teñida tan solo de rojo cereza y una prosa directa, sin adornos, a veces delicada y en ocasiones infiltrada de cierta sordidez, los personajes de “Nueve” exhiben sus contradicciones con una palmaria falta de pudor; se saben perdidos, frágiles, fallidos, pero aun así se muestran. De una manera imprecisa, todos ellos se parecen entre sí, no porque carezcan de perfiles propios y diferenciados, sino por la enorme potencia de todo aquello que comparten: nostalgias sin resolver, familias que nunca lo fueron del todo, el sexo como único vínculo posible y como intensa desazón, el paso del tiempo y la incertidumbre de sus consecuencias, la conciencia de la muerte. Todo ese inabarcable galimatías al que llamamos humanidad.

Por razones diferentes, cada uno de los nueve relatos deja un regusto amargo en el lector, en una sucesión de historias aparentemente prosaicas que no hacen demasiadas concesiones al humor ni a la esperanza, aunque encontremos trazas de ambas cosas en algunos rincones del texto. Se revela además Hasbún como un autor dotado de una notable sensibilidad y una afilada capacidad de observación. Sirvan de ejemplo las primeras líneas del primer relato, La mujer y la niña “… a mis nueve años, me aburría como un idiota, sobre todo por las tardes, a la vuelta del colegio, pero también porque mi estrategia para ir ganándome la estima ajena consistía justamente en hacer aquello que los demás despreciaban”, o en algún párrafo de Familia, “Solo cuando larga una risotada, descubro que no ha llamado a ningún servicio de ambulancias, sino a algún amigo al que le causa gracia oír ese tipo de historias de gente que desfallece o muere en la ciudad”, o de Carretera,Lo invitaron y tendrían que atenerse a las consecuencias [en referencia a la boda de su primer amor con otro hombre]. Probablemente no las habría. Solo nostalgia. Solo tristeza inofensiva”.

Los cuentos números cuatro, cinco y seis están conectados entre sí y relatan retazos de la trayectoria vital de unos mismos personajes. En Futuro, un grupo de jóvenes estudiantes vive su viaje de fin de curso, con sus clásicos momentos de “desfase” y de libertad recién conquistada, que se mezclan con una opresiva sensación de temor ante lo que está por llegar que sobrevuela todo el texto. En Reunión y Los nombres, aquellos mismos protagonistas se dan cita unos años después en dos secuencias bien diferenciadas en las que la melancolía y la decepción van irremisiblemente in crescendo.

Syracuse quizá sea el más cruel de los relatos y el único que utiliza –eso sí, con encomiable sobriedad- el recurso a un final sorpresivo. En Larga distancia, uno de mis favoritos, dos historias discurren de forma simultánea y con una sorprendente y eficacísima economía de medios: de un lado el curso inexorable de una infidelidad anunciada, y de otro, el frágil hilo de comunicación subsistente entre un padre y su hijo. El último, Tanta agua tan lejos de casa quizá sea el más complejo desde el punto de vista técnico y por lo mismo, el de más difícil lectura, en cuanto mezcla las diferentes voces de un grupo de amigas en un contexto áspero que termina derivando en tragedia.

Un libro de relatos cortos que no abusa de la elipsis y las frases enigmáticas, que prescinde de finales sorpresivos y/o efectistas y dibuja personajes de carne y hueso a los que permite mostrarse como son, sin concesiones ni paños calientes. Me quedo con tu nombre, Rodrigo Hasbún.