OMOTESANDO, LA HOGUERA DE LAS VANIDADES

Cuatro Premios Pritzker de arquitectura en menos de quinientos metros. Muy pocos espacios urbanos pueden presumir de semejante carta de presentación. Las grandes multinacionales del lujo y el glamour han hecho de Tokio su escaparate en Oriente. La calidad, la poética y el rigor, intrínsecos a la cultura nipona se manifiestan en este zenit del liberalismo. Es la apoteosis del comercio, donde tanto los clientes como los proveedores llegan a sus más altos niveles de exigencia y compromiso.

Japón es la tercera economía del mundo, comparada con el tamaño y los recursos de los dos colosos que la preceden en el ranking –Estados Unidos y China- su poderío es imbatible y sorprendente. Es también una sociedad abducida por el lujo de las grandes marcas de las que los japoneses son ávidos consumidores. Omotesando, en el barrio tokiota de Aoyama, es la pasarela de las firmas exclusivas, que han contado con los más destacados arquitectos contemporáneos para diferenciarse y hacerse más sofisticadas, más importantes, y más exclusivas a los ojos de sus clientes nipones. Un paseo por esa zona arbolada de Tokio hace el efecto de la visita a un museo de arquitectura al aire libre.

En los años 90 surgió la luxutecture, la utilización de los edificios corporativos de las grandes empresas de lujo como espacios publicitarios per se. Era la justificación del envoltorio como un marco adecuado donde mostrar el producto, y los japoneses, siempre refinados en sus presentaciones comerciales, se apuntaron con entusiasmo al movimiento. Ya se habían situado en la zona marcas como BUDBERRY´S o GUCCI cuando el arquitecto Toyo Ito –Premio Pritzker 2013- dio una vuelta de tuerca a ese concepto concibiendo para TOD una estructura espectacular y especular, al reproducir el esquema de los árboles zelcova del paseo, integrando felizmente su proyecto en el espacio urbano. Así, el edificio se sostiene sobre un esqueleto visto de tirantas de hormigón cuyo grosor se va estrechando y ramificando según gana en altura. Los cristales de los huecos se incrustan sin marco en el concreto, esto es posible porque el edificio está construido sobre una base amortiguadora que le permite moverse libremente en caso de terremoto. Ito mantuvo su innovadora apuesta en el interior, conformando un esquemático bosque entre el que se sitúan las diferentes secciones comerciales y al que se accede mediante una importante puerta romboidal. La construcción se llevó a cabo entre 2002 y 2004. Podemos contemplar obras de Ito en Cataluña donde se encuentran sus Torres Fira así como la ampliación de la Feria de Barcelona, ambas en Hospitalet de Llobregat.

Segima Kazujo y Nishizawa Ryue han pergeñado para DIOR (2001 – 2013) un paralelepípedo irregular de cristal, bajo el que una segunda piel glaseada simula las texturas de una prenda tendida en una percha, esa envoltura matiza la luz exterior, capturándola, modificando en el interior su densidad, e invierte el proceso al atardecer emitiendo hacia afuera una radiación atenuada. Durante el día, la calle se percibe desde dentro alterada con un efecto de moaré. El edificio consta de cinco pisos separados por bandas de aluminio blanco. Galardonados con el prestigioso Premio Pritzker 2010 de arquitectura, el estudio Segima y Nishizawa Asociados (SANAA) es el responsable, entre otras obras, de la ampliación del Instituto Valenciano de Arte Moderno y de la sucursal del Museo del Louvre en Lens.

En Omotesando Hills (2005) el arquitecto Ando Tadao usurpa la solución de Wright para el Guggenheim de Nueva York y resuelve el interior de un gran centro comercial con una rampa que articula la circulación a través de las plantas. Sus líneas rectas le confieren empaque y definen un patio central triangular, luminoso y abierto, que actúa como una gran plaza vertical. Tres de las seis plantas del complejo están excavadas bajo tierra, produciendo en el visitante que accede un efecto inmediato de multiplicación del espacio y una sensación de entrampamiento, muy adecuada para una galería de comercio. La fachada está despojada de toda pretensión, quizás para diferenciarse del desfile de estrellas de su vecindario. Ando, Pritker 1995, realiza una fusión entre los principios espaciales de la arquitectura tradicional japonesa y las fórmulas del estilo moderno iniciadas por Le Corbusier, incidiendo sobre todo en la creación de espacios interiores cerrados que se definen por oposición al caos exterior. Sus obras más reconocidas suelen ser pequeñas y se encuentran en su práctica totalidad en el archipiélago japonés, como la Iglesia sobre el Agua de Tomamu, o la Casa Azuma de Osaka.

Responsable del diseño de las tiendas de LOUIS VUITTON en Nueva York, Hong Kong, Nagoya y Tokio Ginza, esa marca obtuvo del arquitecto Aoki Jun para la de Omotesando (2002) la simulación de diferentes pilas de troncos conseguida con texturas que categorizan su edificio. Jun trabaja con los colores básicos de las construcciones autóctonas –negro, pardos, tierra, madera- simbolizándolos mediante chapados, a la vez que articula la fachada como un mecano de piezas superpuestas consiguiendo un acabado elegante y refinado. Los diversos espacios –que no pisos- diferenciados por las calidades de la madera se conectan entre sí mediante corredores de circulación. En el exterior, diferentes mallas metálicas y dos tipos de paneles de aluminio tintados en rosa y oro se conjugan con los vidrios, bajo los que compone un patrón de rayas.

Quizás la estrella de esta colección urbana –y uno de los edificios más conocidos- sea el de PRADA, levantado entre 2001 y 2003 y obra del estudio de Jacques Herzog y Pierre de Meuron. Es una estructura cristalina que con la iluminación nocturna adquiere la cualidad de una joya gigantesca en la que destacan la ausencia de zócalo, la utilización de vidrios traslúcidos y la sencilla pero escenográfica puerta de acceso para la que los arquitectos han provocado una plaza, esponjando la trama urbana. Esa destacada ingeniería no solo es estética sino que soporta la estructura y los techos, al tiempo que conforma los diferentes espacios de la tienda que han sido diseñados por el mismo estudio en un motivado contraste de materiales hiperatificiales –resina, fibra de vidrio, silicona; o hipernaturales como el musgo, las maderas porosas o la piel natural. El volumen del edificio varía según el ángulo de vista del espectador o su cercanía al mismo, destacando por la noche por el resplandor verdoso de su recubrimiento vítreo que lo asemeja a una esmeralda tallada. Los arquitectos suizos asociados bajo la firma Herzog & De Meuron son quizás los más conocidos en España, no solo por sus espectaculares estadios Olímpico de Pekín o Allianz Arena de Munich sino también por el CaixaForum de Madrid o la Tate Modern de Londres. Son Pritzker de arquitectura 2001.

El edificio GYRE (2007) diseñado por el estudio holandés MVRDV –artífice del Edificio Mirador de Madrid- completa este paseo por Omotesando, con su desarrollo del modelo constructivo de remolino, por el que parece que las diferentes plantas giran libres alrededor de un eje, intercomunicadas mediante escaleras exteriores y articuladas por terrazas. Bajo su fachada cerámica el centro es un retail donde tienen su sede, entre otros, CHANEL, BULGARI o la tienda de diseño del MoMa.