Orígenes de la Semana Santa y sus tradiciones

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Durante siglos, y en las distintas culturas que la humanidad ha ido construyendo; las tradiciones, los cultos o las creencias, se han ido modificando y han sido adapatados a las diferentes formas de ver el mundo o a Dios por parte de una comunidad determinada. No es extraño encontrar en religiones occidentales señales de las que se practicaron en oriente; no es extraño topar con tradiciones, que siempre pensamos como exclusivas y que, en realidad, pertenecieron a otros cultos distintos y lejanos.

Cada año los católicos conmemoran la vida, pasión y muerte de Jesús en la Tierra. Atrás queda la Cuaresma, cuarenta días de preparación mediante ayuno, oración y sacrificio. La Pascua se celebra en el primer domingo después de la primera luna llena del equinoccio de primavera, por tanto, puede caer entre el 22 de Marzo y el 25 de Abril. Este es el sorprendente motivo astrológico por el que la Semana Santa cambia de fecha cada año; y no fue hasta el siglo VII cuando, después de mucha controversia dentro de la propia Iglesia, se generalizó esta regla, proveniente de la celebración de la Pascua judía.

Muchas de las celebraciones católicas están estrechamente ligadas a fechas, ritos y tradiciones paganas que, poco a poco, fueron adaptadas al, entonces, nuevo culto. Durante los primeros siglos de nuestra era, el cristianismo se propagó por todo el Mediterráneo. Pero a los pueblos receptores, en su mayoría politeístas sin reparos en adoptar los dioses de otros, les chocaba el que se les hablara de un solo Dios que encima había sido tan humilde al venir a este mundo con el objetivo de expiar los pecados de la humanidad. Para ellos, tener un único dios era símbolo de pobreza, sus templos estaban repletos de imágenes a las que adoraban y ofrecían sacrificios y ofrendas. Muchos de estos pueblos aceptaban al dios cristiano sin problemas, pero cuando se les decía que tenían que dejar sus ídolos, la respuesta era un no rotundo. Parece ser que el problema era que el nuevo dios cristiano, no tenía nombre, ni imagen, su base doctrinal era la fe, creer sin ver; y eso era muy difícil de asimilar para una cultura basada en el respeto a los demás dioses, en las imágenes y las fiestas. La solución llegó de la misma Roma, y consistió en respetar sus imágenes y sus costumbres, pero modificándolas en símbolos cristianos. En consecuencia, la Pascua rememora también una serie de cultos religiosos antiguos de fertilidad, siguiendo un ciclo de siembras y cosechas.

La Pascua tiene su origen en la consagración de la energía de la naturaleza, más concretamente, a la diosa de la fertilidad de los asirios babilónicos Astarté Ischtar. Podemos encontrar este mismo culto con otros nombres y en otras culturas. Para los fenicios y cartagineses era Tanit, para los egipcios Isis, para los nórdicos Easter, para los griegos Afrodita y para los romanos Venus. Astarté es la propia luna y anuncia la proximidad de épocas fértiles y de abundancia, el fin del frío invierno y de la escasez. No hay que olvidar la fuerte tradición judía en el origen de la Semana Santa cristiana. De hecho, según el Nuevo Testamento, la pasión de Cristo tuvo lugar durante la Pascua judía. La celebración judía dura entre 7 y 8 días y se celebra en recuerdo del éxodo y la liberación del pueblo israelita de Egipto. Se podría afirmar, entonces, que la Pascua cristiana será una continuación de la Pascua judía, poniendo fuerte énfasis en la muerte y resurrección de Jesús, con agregados de culturas paganas anteriores al cristianismo.

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Desde el punto de vista etimológico en la mayoría de los idiomas, excepto en inglés y en alemán, la palabra Pascua deriva de la hebrea Pesach, nombre que se le daba a la festividad judía. Los ancestros de los pueblos germánicos y anglosajones, celebraban el equinoccio de primavera en honor a la diosa Eostre, de ahí el que hoy en día la palabra para designar a la Semana Santa sea Easter.

En cuanto a las tradiciones de Semana Santa, serían destacables por su origen y curiosidad la de regalar huevos pintados de colores de los países centroeuropeos y por su arraigo cultural y fervor la de las procesiones en España y algunos países latinos.

La costumbre de pintar huevos y esconderlos proviene también de la celebración pagana a la diosa Astarter. Según el mito babilonio, un huevo de gran tamaño cayó en el río Eufrates y de él se engendró a esta diosa. La tradición puede llegarnos, también, de los druidas, que transportaban un huevo como símbolo de su fe. O de la procesión romana de la diosa Ceres, que siempre iba precedida de un huevo. Es curioso ver como en diferentes culturas permanecen los mismos símbolos.

En cuanto a las procesiones, se celebraban ya en muchos cultos antiguos como en Egipto o en Roma. En la antigua Grecia ya existían comitivas llamadas Pompas en las que tomaban parte carrozas, coros, músicos y bailarines para honrar a sus dioses. El origen bíblico de ellas es innegable, de hecho, Jesús entró en Jerusalem rodeado de una multitud que portaba ramos de olivo. Pero los cristianos heredarán esta costumbre mucho más tarde. Durante largo tiempo, éstas procesiones se realizaban dentro de los claustros debido a las persecuciones que los cristianos sufrían en aquella época. En España las primeras procesiones datan del siglo III y surgieron fruto de la admiración por los primeros mártires, rindiéndoles así un homenaje y trasladando sus restos mortales o sus reliquias de un lugar a otro. Con el paso del tiempo, las reminiscencias paganas se irá puliendo para dar paso a un cortejo más militarizado -influencia del Imperio Romano- cambiando el estandarte de la Legión por la Cruz de Cristo. A partir de ahí, se fue instaurando la costumbre en toda España, apareciendo las primeras cofradías en el siglo V.

La celebración de la Semana Santa es una rica amalgama de culturas que se han ido mezclado a lo largo de los siglos dejándonos tradiciones fuertemente arraigadas en el imaginario colectivo de Occidente. Sin olvidar que es un tiempo de renovación espiritual, tanto para los creyentes como para los que no lo son.