Pierce Brosnan: El 007 más pijo y digital

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Pierce Brosnan fue un buen Bond. Algo más pijo de lo deseado. Alguien confundió eso de ser un dandi con ser un tipo presumido y ligón. 007 odiaría a los pijos. Las películas que protagonizó resultaron irregulares. Alguna, como Goldeneye, resulta entretenida, vistosa y de cierta profundidad narrativa. Alguna, como Muere otro día, resulta un experimento muy digital y muy vacío. Pero Brosnan fue un buen Bond.

La sofisticación de James Bond no puede reducirse a que el personaje se coloque la corbata debajo del agua o a ser muy, muy, guapo. Bond es un personaje de una cultura apabullante, de una elegancia arrasadora que le hace parecer encantador cuando, en realidad, es arisco y mordaz. Y el mundo de Bond está alejado de los progresos tecnológicos que podrían resolver problemas por sí mismos. Esta es la gran pega de la era Brosnan. Sin ser un mal 007, las películas que interpretó abusan de algunas cosas impropias de la serie Bond. Los guiones van de lo correcto a lo increible. Y en ficción algo increible no funciona. Un tipo de viaje a otra galaxía puede resultar creíble y otro comiendo macarrones puede resultar inverosimil. A alguien se le pasó este detalle en alguna película.
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Goldeneye. Título nº 17 de la serie; primero de Pierce Brosnan. Dirigida por Martin Campbell con guión de Jeffrey Caine y Bruce Feirstein. El nombre de la película es el mismo de la residencia de Ian Fleming en Jamaica. Allí escribió los relatos sobre Bond.
Es la mejor de las películas protagonizadas por el actor británico. Le acompañan tres villanos que no están nada mal: el General Ourumov (Gottfried John), el desertor y antiguo 006 Alec (Sean Bean) y Xenia Onatopp (Famke Janssen) que resulta ser, tal vez, la más mala de las malas de la serie.
007 resulta ser hombre de una sola mujer. Al menos, solo le vemos con una señorita a lo largo de la cinta. Y la marca de los objetos que utiliza son distintos. Rolex pasa a ser Omega; Lotus pasa a ser BMW. Cosas del mercado. M es una mujer. Esta es la primera aparición de Judi Dench. Todo hay que decirlo: aporta una frescura al relato estupenda.
La película, sin ser una joya, es entretenida. Y lo mejor llega con la banda sonora original. The Experience Of Love; Goldeneye interpretada por Tina Turner y Stand By Your Man por Minni Driver.
Este era un comienzo prometedor.
El mañana nunca muere. El poder de los medios de comunicación es el enemigo.
William Randolph Hearst (1863-1951) fue periodista e inventó lo que conocemos como prensa amarilla. Logró un enorme monopolio y su objetivo era vender más que nadie. El personaje de Jonathan Pryce (Elliot Carver) está relacionado con Hearst. Y, por supuesto, es el villano de la película. Ni mucho menos a la altura de muchos otros de la serie.
Brosnan está correcto. Destaca la escena en la que 007, esposado a una mujer china del servivio secreto de ese país, conduce una motocicleta intentando escapar de una muerte segura. El resto, francamente, ni fu ni fa.
El mundo nunca es suficiente.
Esta es una película extraña. Seguramente poco comprendida por el gran público. Michael Apted trató de hacer algo distinto. Se alejaba de lo espectacular (esta película tambien lo es aunque no es lo fundamental) para adentrarse en el alma de sus personajes. La miseria humana, el amor y el fracaso con la pareja, la venganza, la ausencia y la zona más amarga del ser humano, se hacen un hueco y explotan con fuerza.
007 nos enseña su zona humana. Y los villanos la suya. Quizás esta es la gracia de esta película. Los malos aman locamente, odian locamente, quieren ser felices. Como los buenos. Y 007, que es el héroe de todo este lío, puede ser cruel, despiadado e injusto. Que se lo pregunten a Elektra (la bella villana interpretada por Sophie Marceau).
El mundo nunca es suficiente resulta divertida; 007 se libra de los desastres anteriores con Moore; 007 se mantiene en la ruta precisa para que cuando llegue Craig la regeneración sea posible.
Muere otro día. Cuarta y última aparición de Pierce Brosnan. Cine de evasión, de divertimento. 007 enredado en el mundo digital. Una chica Bond de quitar la respiración. Unos villanos que, como pasaba en la época de Sean Connery, quieren hacer maldades para poder controlar el mundo entero. Y que son malos de verdad. La momia de Madonna en pantalla. Un palacio de hielo. Un satélite mortífero. Un avión que nunca se cae al suelo. En fin, una película que lleva al extremo todo disparate posible y que, tal vez, funciona por esa misma razón. Si alguien necesita un par de horas de evasión, esta es la película.

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Brosnan está mayorcito para el papel. Se le ve elegante y guaperas, pero con unos añitos de más como para andar corriendo esos peligros y ligarse a esas mujeres tan despanpanantes. Interpreta un Bond que roza (a veces) la frivolidad o tontería del Bond de Roger Moore y la oscuridad del Bond de Dalton en Licencia para matar. En esta película, la venganza mueve al agente secreto aunque, a mitad de la cinta, es la salvación del mundo la motivación principal. Los amantes de la serie pueden quedar algo decepcionados con esta película; quiere ser un homenaje a todos los trabajos anteriores y se convierte en un batiburrillo. Entonces ¿por qué funciona, por qué alguien se la traga sin rechistar? Seguramente, porque el ritmo es frenético, no queda tiempo para pensar ante tanta escena de acción.
Bond no es un personaje de ciencia ficción (en esta película se roza el género),pero el realizador Tamahori rapta al personaje y lo devuelve hecho unos zorros.
Halle Berry pasa sin pena ni gloria por la pantalla. Salvo esa primera aparición (homenaje al que realizó la señora Andress) no desarrolla un papel que deje poso. Ni se la dan diálogos que hagan crecer al personaje ni la trama se soporta, mínimamente, sobre ella. Más blandita de lo que cabía esperar. Judi Dench estupenda. 
De los guionistas Neal Purvis y Robert Wade hay poco que decir. Toman ideas de otras películas de la saga, las agitan y sueltan lo que se les ocurre en forma de exceso. Eso sí, multiplicado por un millón. Deberían haber explicado a estos chicos que 007 es mortal y que el mundo es el mundo.
El cine tiene un componente de espectáculo que nadie puede negar. Muere otro día es espectáculo puro. Nada más que acción, héroes, villanos y chicas explosivas (Rosamund Pike también está muy guapa).