PREGUNTAS Y MÁS PREGUNTAS

The-Prussians-2013

¿Son los mallorquines The Prussians quizá el aliciente más estimulante para acudir este fin de semana al Teatro Alameda y disfrutar del festival South Pop? ¿De dónde (puñetas) han salido y cómo es posible que hayan facturado un debut de tan epatante brillantez? ¿Estará este debut a la altura del suyo?

¿Cómo señalar una sola virtud cuando se aglutinan tantísimas en el primer disco de una banda? ¿Acaso pueda ser que Mul Mul (Urban/Green Ufos) remite a un elenco de artistas muy distintos entre sí (desde Radiohead a Sophia; desde Black Box Recorder a Arctic Monkeys; desde…), todos ellos de intachable trayectoria, de primerísima fila, y sin embargo no desmerece a ninguno de estos iconos; y sin embargo destila un sonido propio, un marchamo de asombrosa autenticidad? (A modo de prólogo).

¿Se puede montar una banda casi sin proponérselo? ¿Es precisamente esa (aparente) prístina falta de expectativas la razón de un resultado de tan elevadísimo nivel? ¿Cuando Dominic Massó (voz y guitarra, autor de todas las letras) y Tino Lucena (batería y percusiones varias), allá por el año 2009, decidieron montar una banda a partir de la pasión común por el skate eran conscientes de hasta dónde llegarían con un solo disco en el mercado? (A propósito del origen).

¿Tiene que ver el sonido tan particular, fresco, exótico y polimorfo del álbum con el hecho de que a estos dos nativos de la isla balear, el primero de padre polaco-alemán y el segundo de nacionalidad filipina, se les unieran otros sujetos de origen peruano, Jorge Alarcón (guitarra), y argentino, Ferchu Vallejos (teclados); además de Gabriel Abrienes (bajista), el único mallorquín a secas? ¿Este crisol multicultural explica ese torrente de matices, sonoridades e influencias, lo explica todo? (A propósito de los orígenes).

¿No es increíble que estos cinco jóvenes no alcancen los 23 años de media y hayan pergeñado un disco de pop-rock tan maduro y redondo? ¿Si han alcanzado tal cota de sublimidad a la primera, de qué no serán capaces en lo sucesivo? ¿Llegarán, más pronto que tarde, a cumplir su sueño de tocar en Glastonbury? (A propósito de su supuesta bisoñez).

¿Es su portentosa y briosa puesta en escena otro misterio insondable? ¿Se puede llenar la insigne Sala Razzmatazz (abriendo para el Dj set de Franz Ferdinand) cuando aún no se tiene un solo trabajo publicado? ¿Hasta dónde llevarán a quienes aguarden ansiosos el cierre de la primera sesión del South Pop este viernes? (A propósito de su directo).

¿Se puede sacar un álbum de debut en el que, no es que no sobre ningún tema, es que no hay uno más flojo que los demás; en el que no hay altibajos en cuanto a calidad y sin embargo abundan los emocionales cual montaña rusa excitante e incitante (al baile, a la nostalgia, a enamorarse, a fustigarse, a perderse, a encontrarse, a sentir…)? ¿Que sea una decena de canciones las que incluye Mul Mul es acaso a sabiendas de que se trata de un álbum diez, (cuasi) perfecto? (A propósito de las emociones).

¿Por qué las composiciones de Dominic, siendo tan escuetas, sencillas y directas, tan cortas y cortantes –a veces no hay que decir mucho para decir mucho–, rebosan genialidad? ¿Por qué están preñadas de preguntas y más preguntas, con o sin respuesta? ¿Se puede cantar al amor más puro y romántico, al más instintivo y sexual y al más melancólico y depresivo y salir en todos los casos airoso? (A propósito de las letras).

¿Cómo se puede comenzar el disco desarmando al oyente, amagando con un pop épico para de repente virar y parecer los Talking Heads del nuevo milenio en The Place, que igual que Arabian seduce con tonos africanos mientras se cuestiona el lugar de pertenencia? ¿Cuántas palabras escribiste por ti mismo?… ¿Cuántos libros leíste por ti mismo?”, nos incomoda Dominic. (A propósito del desarraigo).

¿Cómo se puede bordar el pop elegante y épico de tal modo (en Rotten Meat, esto es, Carne putrefacta) que suene a Manta Ray y luego romper la calma con una explosión rítmica que evoca al mejor post-rock americano? ¿Y repetir la puñalada trapera con Last Call –quizás el mejor tema del álbum– sostenida en la guitarra melancólica, en la desolación preciosista de bandas como Sophia, y de nuevo en la tormenta que estalla y se detiene y vuelve a estallar en un estribillo memorable? ¿E insistir en la desnuda y emotiva Pain Train, donde Massó pregunta hundido: “¿Cómo puedes hacer que me despierte sin este dolor y hacerme sentir vivo después de la culpa que siento?”. (A propósito de la lírica y el desamor).

¿Cómo se puede fabricar un hit como The Hills cantando al amor y a la mentira entre teclados y percusiones entre tropicales y de otra galaxia? ¿Y cómo se puede firmar un declaración de amor como Red Lips, con la batería y la voz poniendo los vellos de punta al inicio y los coros, y las palmas, y los aplausos, y los vítores por fin, poniendo el colofón a la sentencia definitiva: “Quédate por aquí porque eres lo que necesito para respirar; tú y yo justo como deberíamos existir”? (A propósito del amor).

¿Y cómo rematar la faena con la adictiva y contagiosa, in crescendo en lo musical, A Stone; de nuevo con una instrumentación abigarrada y barroca? (A propósito del misterio).

¿Son más un prodigio que un milagro? ¿Son más foráneos que españoles? ¿Cómo han conseguido ese sonido impecable? ¿Cómo se puede parir un disco tan bizarro, en el doble sentido de valiente y de espléndido? (A modo de sumario).

¿Se ha preguntado, apreciado lector, por qué The Prussians? ¿Por qué Mul Mul? ¿Qué quieren transmitir con esa portada?… ¿Y qué más da? Sienta, baile, goce.