Rehabilitando a Machado (II)

De entre todos los homenajes que se han hecho a Antonio Machado, hay uno que me parece singularmente hermoso: el celebrado en junio de 1975 en la Casa de la Unesco de París. Por la belleza del espíritu de la celebración, que trasciende el tiempo, casi 40 años después. Un homenaje literario, político y vital, en el que poetas y pensadores, ausentes y presentes, pusieron su voz, y su palabra, para recordar en este acto a Machado, y reivindicar, a través de su figura, la vuelta de la libertad soñada.

María Teresa León, Francisco Ramírez y Rafael Alberti

Es difícil tener entre las manos el magnífico libro- recordatorio «Homenaje en el centenario de Antonio Machado». Unesco 12 de junio de 1975» editado por Caja Granada y no desear vivamente haber estado presente ese dia en la Casa de la Unesco de París. Estar allí, dejándose contagiar por la unión, el compromiso, la literatura y la esperanza que tan fuertemente se transmiten a través de la lectura de las intervenciones, los poemas y cartas enviados, y de la contemplación de las fotografías. Porque lo que ha hecho Caja Granada, ha sido algo precioso: reproducir, íntegramente, todo lo que lo configuró. Incluyendo un cd con los archivos sonoros de las intervenciones. Solo con ello, y con la recopilación de los textos que se reunieron para dicho homenaje, hubiese sido ya un libro de una importancia literaria e histórica enorme, pero tiene algo más: tiene magia. La reproducción gráfica que se hace de todo aquel papel que tuvo que ver con aquella celebración nos lleva atrás en el tiempo,nos hace sentirnos como si hubiésemos estado casi allí, sentados en una esquina, inmersos en lo que ocurría. Y lo que ocurría era que hacía 100 años que había nacido Antonio Machado, y estaban vivos, soñando con lo que el futuro pudiera traer. Reunidos para recordarlo. Era entonces embajador de España en la Unesco Emilio Garrigues, compañero de Lorca en La Barraca, y su actitud ante el mismo abiertamente positiva. Como lo fue la de las personas que formaban parte de la Asociación del Personal de la Unesco, quienes, dirigidas por Francisco Ramírez, organizaron este histórico homenaje a través de la Comisión de Actividades Culturales de dicho organismo. La velada se celebra el 12 de junio de 1975, e intervienen en ella Pedro Laín Entralgo, Jean Cassou, Rafael Alberti y Josep Maria Castellet, creando entre los cuatro un retrato completísimo acerca del poeta. Se habla de su obra, pero también de su vida y su humanidad. Su significación. Abundan los detalles que parecen nimios, pero son los que configuran realmente la persona. Los que nos la acercan en sus gestos y respuestas. El primero en intervenir, con una conferencia titulada «Intimidad y pueblo en la obra de Antonio Machado», es Laín Entralgo, que actúa profesoralmente, estructurando la misma en cuatro apartados: La dualidad, El eslabón unitivo, Consecuencias y perspectivas y Final en Collioure, y que finaliza con las palabras que Francisco Ramírez escoge para cerrar el prólogo al libro. A continuación, Jean Cassou, que muestra al hombre y al poeta que Machado fue, y a quien había dedicado, desde la cárcel, ya muerto éste, los versos con los que cierra su intervención. La de Rafael Alberti, es especialmente bella y significativa. Recorre su memoria, tan ligada a la de Machado, a cuya figura, fue devoto, y a la que tanto debe, dice, desde su primer arranque poético. Pues en 1924, antes de que nada pudiera hacer presagiar lo que se avecinaba, Alberti ganó el Premio Nacional de Poesía con Marinero en Tierra, con, entre otros, el voto favorable de Machado, a quien quiso conocer personalmente para agradecérselo. Lo hizo, en un breve encuentro casual por la calle. Tiempo después, fundada junto a Maria Teresa León la revista Octubre, solicita al escritor una colaboración para la misma. Aún no había comenzado la guerra, que hizo que un buen día, el propio Alberti, acompañado por León Felipe, una mañana bombardeada, fuesen a pedirle que se pusiera a salvo, abandonando Madrid. Comenzaría así su camino al exilio. Camino en el que lo conocería el cuarto interviniente, Josep Maria Castellet, que cuya presencia en la conmemoración es, como indica, no a título personal, sino el homenaje de los escritores catalanes al poeta y al hombre ejemplar que vivió sus últimos años entre las gentes de los países catalanes, desde Valencia hasta el Rosellón, con quienes compartió esperanzas  y desilusiones, privaciones y bombardeos. Vivió, efectivamente, Machado en Valencia, y Barcelona, en donde escribe artículos para la Vanguardia, siendo el del 6 de octubre de 1938 cuando publica uno especialmente significativo para, en boca de Castellet, vincular definitivamente a Machado con los catalanes (hablaba en él el poeta de ese cristal coloreado y no del todo transparente, la lengua catalana, a través del cual gustaba de leer (.. ), afirmando que la guerra es un tema de meditación como otro cualquiera, y hay cosas que sólo la guerra nos hace ver claras, por ejemplo, qué bien nos entendemos en lenguas maternas diferentes, cuando decimos (…) nosotros no hemos rendido nuestra España, que el gesto se diga en catalán como en castellano o en gallego en nada amengúa ni acrecienta su verdad). Cuatro magníficas exposiciones. A las que se suman los poemas y textos escritos para la ocasión, o inéditos y enviados para ella, por aquellos que no quisieron dejar de sumarse, como José Agustín Goytisolo, Blas de Otero, José Ladrón de Guevara, Aurora de Albornoz, y Rafael Guillén, entre otros.  Como participaron  y estuvieron presentes también Maria Teresa León, Teresa Aranguren, Fiona Montanaro. Feliciano Fidalgo, José Ortega, Danielle Dubet, Marcos Ana, Andrés Vázquez de Sola (que realizó el grabado conmemorativo), y Abdelaziz Benhamoud  a quienes podemos ver en las imágenes tomadas por José María Enamoneta. Octavio Paz, y Gil de Biedma, quienes no pudieron acudir en persona.Y Vicente Alexaindre, con su voz, en la grabación remitida por Caballero Bonald, que iba a ser oída en un acto de homenaje a Machado en Madrid, que fue prohibido por la policía. Multitud de voces, unidas en un solo sentir. Aquel con el finalizaba Laín Entralgo, y que resume, en palabras del propio Francisco Ramírez, lo que todos pensaban de Antonio Machado: Ojalá que un día llegue a ser realidad lo mucho que él quiso, pero aún cuando por desdicha no sea así, aunque siguiese por él perdido todo cuanto en su vida dijo querer, su obra, su canto, quedará entre nosotros como una de las cimas más altas, más hermosas a las que haya llegado jamás la lengua castellana.