Rehabilitando a Machado

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Este mismo año en que Aladar nace, se cumplen 75 años del fallecimiento de Antonio Machado en Coillure, lo que nos proporciona, en cierta forma, la excusa, para brindar desde estas páginas el pequeño homenaje que estamos rindiendo a su figura y su obra, sumándonos a los muchos que se están celebrando en estas fechas, ya sea en actos formales, o por parte de cualquiera de nosotros con uno de sus libros bajo un árbol.
Sin duda, todos los momentos son buenos para homenajear a un poeta, independientemente de la efeméride. Pero nos gustan las fechas. Porque posibilitan hacer algo más allá de lo que hacemos a diario. Ir un paso más allá.

Es sencillo, y hermoso, conmemorar hoy en día al hombre y al poeta que fue Antonio Machado. Es reunirnos libremente, leer sus versos, profundizar y aprender sobre los diferentes aspectos de su obra y vida. Siendo conscientes de lo que esta fue. De por qué murió, precisamente, en 1.939, y en Collioure. Pero no siempre fue así. Era difícil hacerlo cuando estaba prohibido. Cuando los tiempos eran de dictadura, y la Comisión Depuradora de Catedráticos de Madrid, perteneciente al Ministerio de Educación, lo había incluso expulsado póstumamente del Servicio y dado de baja en el escalafón del profesorado. Cuando se proscribían la mayor parte de sus libros, y la Autoridad impedía que se colocasen bustos que lo representasen, cargando contra los que habían acudido a un acto («Paseos con Antonio Machado», en 1966) inicialmente permitido y anunciado. Hoy es todo más sencillo. Se ha rehabilitado a Antonio Machado como catedrático de instituto el 31 de diciembre de 1981, el busto ocupa por fin su sitio en Baeza, y la policía no ha irrumpido en el Ateneo de Madrid, o en cualquiera de los numerosos actos que se están celebrando en Sevilla en estos meses. O en cualquier otro punto. No son menos sentidos, no es Machado menos simbólico ahora que entonces, pero no tienen el carácter de lucha, y el riesgo que conllevaba entonces, para quienes lo hacían desde la reivindicación de su pensamiento y su vida, al lado del pueblo y la República, motivos de su exilio forzoso. Especialmente desde el interior, a pesar de lo cual, se fueron realizando sobre todo desde los años 50, al inicio clandestinamente, pero cada vez de forma  más visible, a pesar de la represión. El año 1959 es un punto de inflexión; homenajes como el celebrado en Segovia el 22 de febrero, simultánemente al celebrado en Coillure -importantísimo también- en el vigésimo aniversario de su muerte, en cuyo cementerio se construyó una tumba ese año por suscripción popular francesa, no pasan desapercibidos. O el ya mencionado de Baeza, en 1966, que, además de con heridos y detenidos, se saldó con multas que sumaron casi tres millones de pesetas (pagadas gracias a una subasta en París de cuadros donados por artistas como Picasso o Miró). A partir de los años 60 editoriales como Edicusa se arriesgan a publicar parte de la obra proscrita,y el régimen, que había ido flexibilizando la censura impuesta sobre su obra, permite, por ejemplo, la publicación de nuevo en 1959 de Juan de Mairena, si bien no podía anunciarse o exponerse visiblemente. Las antologías y obras editadas por Losada, o Séneca circulan bajo mostrador, o en los puestos de la calle Moyano de Madrid. Se funda Ruedo Ibérico, y en 1962, en el marco de otro homenaje, instituye un premio que lleva el nombre del poeta, y que ganaron Armando López Salinas, en novela, y Ángel González, con el poemario Grado elemental. Cruzan la frontera los Cuadernos de Ruedo Ibérico, que comienzan a editarse tres años después del concurso. Se abren librerías con el nombre de «Antonio Machado», como la fundada en Sevilla en 1969 por Alfonso Guerra, punto de reunión de intelectuales de la época. Se van sucediendo los tiempos, y no hay quien lo pare. A pesar de lo cual, Todavía en 1975 y 1976 se prohibieron actos de homenaje al «poeta del pueblo». Curiosamente, durante estas mismas décadas, hay otro sector que reivindica activamente a Antonio Machado, desde la negación de su ideología republicana, que tildan de «secuestro»: los falangistas, quienes loan a Machado como poeta «recuperado»; como el un gran poeta nacional, totalmente decididos a «apropiárselo» («En la misma guerra, mientras él escribía sus artículos o sus versos contra nuestra causa, nosotros, obstinadamente, le hemos querido, le hemos considerado —con la medida de lo eterno— nuestro y sólo nuestro, porque nuestra —de nuestra causa— era España y sólo de España podía ser el poeta que tan tiernamente descubrió —por primera vez en verso castellano— su geografía y su paisaje real y que cantó su angustia y su náusea, su alma elevada, trascendente, amorosa y desnuda y severa»). Edita Dionisio Ridruejo, director general de Propaganda a las órdenes de Serrano Súñer, ministro de Gobernación, las Obras Completas de Antonio Machado, en 1940, apoyándose en la tesis de que Machado, en realidad, era un hombre débil, influenciado por el comunismo, y no un verdadero enemigo, a pesar de haberlo sido. Pese a lo cual, el general Juan Vigón pidió en Consejo de Ministros la retirada del libro, nada convencido por el prólogo que cuidadosamente Ridruejo había escrito, quien ese mismo año funda, con Pedro Laín Entralgo la revista Escorial, desde cuyas páginas también se rinde homenaje a Machado. De hecho, el primer homenaje público al poeta en España tras el final de la guerra, fue el realizado en Cuadernos Hispanoamericanos en 1949, dirigidos por Laín Entralgo, en el que se minimiza la participación de Machado en la guerra, que se convierte en algo accidental, frente a lo esencial de su obra, donde se encuentra la identidad de valores con la España por ellos deseada. Pero es fuera de España, desde el momento en que es conocida su muerte, donde más homenajes y más versos se le dedican. Tan solo ocho años después, en 1947, en Méjico, organiza la Editorial  Séneca uno de los más importantes, por la profusión de artículos y los autores de los mismos, que se inicia con un acto en recuerdo de este. El ya mencionado de Collioure del 59, Moscú, París, Roma, en 1964. Y París de nuevo, en el homenaje celebrado en la  Casa de la Unesco, en cuya inolvidable velada machadiana, conmemorando el centenario de su nacimiento, estuvieron figuras como Rafael Alberti, Pedro Laín Entralgo, José Manuel Caballero Bonald y Josep Maria Castellet; y, en la cual participaron, a pesar de no poder acudir, otras como las de Vicente Alexaindre, Octavio Paz o Rafael Guillén, y que, de alguna forma, sirve de unión entre los homenajes de ayer, y de hoy, presentes como estaban la resistencia, y, también, la esperanza. La del cambio que estaba a punto de llegar.