Salud, dinero, amor y cultura

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Lo importante parece que es lo que tiene que ver con lo material. Lo importante parece que es todo excepto nuestra cultura. Hemos terminado creyendo que ser millonario y guapo y vulgar es lo fundamental; que aunque seamos unos incultos, el dinero lo puede todo. La sociedad española se encuentra inmersa en una espiral estúpida que le está acercando al territorio en el que la cultura no pinta nada. Y esto es, posiblemente, un camino sin retorno para las próximas generaciones.

La situación en el mundo de la cultura comienza a ser más que preocupante. No es normal que un dinero, tan necesario en cualquier actividad que se realice en este mundo, se le niegue al cine, al teatro o a las escuelas municipales de música. Y no es normal porque sí hay dinero para otras cosas. Curiosamente para aquello que produce grandes beneficios a las empresas y grandes comisiones para un grupo (inquietante lo numeroso que es) de golfos. Entre rescatar bancos esquilmados previamente por políticos, sindicalistas, amigos de los políticos y a saber quién más; y comprar armamento o festejar con gran lujo coronaciones o consagraciones o cualquier cosa terminada en ones; el teatro se desmorona, el cine ser reduce a la mínima expresión, la pintura ni aparece o la música queda para los cuatro románticos de turno.

Dicho de esta forma, podría parecer que esto es pasajero, que el día que las arcas se llenen, el mundo de la cultura tendrá esos fondos tan soñados y aquí no habrá pasado nada. Pero no; qué va. La degradación de la cultura supone la degradación de la persona; cuanto más ignorantes seamos más nos arrimaremos al borreguismo y a lo material como lo haríamos si tuviéramos un diosecillo enfrente (que siendo un mamarracho) nos prometiera el oro y el moro. Y eso es lo que se consigue destrozando las artes, eso es lo que se consigue vendiendo la idea de cultura como si fuera la de ocio, eso se consigue haciendo creer a las personas que la cultura es cosa de unos pocos y no cosa universal. Y por eso lo hacen, claro. El poder siempre temió al artista, al intelectual, a todo aquello que desprendiese inteligencia. Pensar elimina la sumisión, pensar nos hace libres, pensar evita que nuestra existencia se convierta en un tránsito, por el mundo, vacío, triste y anecdótico.

Yo, que voy de teatro en teatro, de exposición en exposición; que es raro no verme hojeando libros en las librerías con las que me encuentro por el camino para valorar mínimamente las novedades; yo sé que la falta de presupuesto está condenando a la sociedad española a un retraso cultural de dimensiones preocupantes. Porque veo los teatros vacíos, las librerías empobrecidas, las salas de los cines abandonadas o las exposiciones llenas siempre por los mismos invitados (otros que soportados por su propia endogamia no están ayudando mucho a que esto salga adelante). Y por eso lo digo, sin utilizar eufemismos y en primera persona.

Otro retraso cultural más. En España somos especialistas en crear desastres de esta categoría. Tal vez porque siempre nos quisieron ocupando la zona más oscura y, así, estar condenados a no saltar las barreras del progreso. Echen un vistazo a la historia de España y comprobarán que no exagero o digo disparates.

Por si era poco, los teatros reciben malas obras y repartos de aficionados ya que no hay para más. Los cines se quedan vacíos todo el año salvo los días de superofertón porque de cada diez películas sólo un par de ellas (con suerte) merecen la pena. Los museos se llenan de extranjeros y poco más. Todo es un desastre. Mientras millones de euros vuelan en dirección de los paraísos fiscales, mientras nos roban con descaro un dinero imprescindible para formar a las personas, para asegurarnos un futuro como lo que somos, como personas. Nos están robando el futuro. Aunque eso no sea noticia, nos están dejando muy alejados de un horizonte imprescindible para poder avanzar. Alguien quiere dibujar ese horizonte con billetes de quinientos, quiere dejar allí unos fajos de billetes como reclamo. Pero no, el futuro o los horizontes se dibujan de otro modo. Afortunadamente, quedan los que saben trazar las líneas perfectas para que todos nos sumemos a la idea. Quedan algunos y, da la casualidad, que muchos de ellos son los artistas. Por ello, necesitamos ser cultos para entender las propuestas, para construirnos y para construir un mundo en el que podamos sobrevivir.

No deja de ser curioso que nos indignemos al ver cómo nos roban millones de euros y al comprobar que estamos rodeados de corruptos (con mucha razón, por cierto), pero que no nos inmutemos viendo como nos dejan hecho un solar ese territorio que llamamos cultura. Es como si no nos importara, como si eso no fuera del todo vital. Debe ser que nos creemos a pies juntillas lo de la salud, el dinero y el amor como únicos salvavidas posibles.

Las preguntas son muy evidentes: ¿qué nos pasa para no reaccionar frente al destrozo cultural con el que nos enfrentamos? ¿No somos capaces de ver en la herencia cultural que dejaremos a nuestros hijos un soporte imprescindible? ¿Tanto miedo tenemos a vivir una vida plena aunque con unos euros de menos en el bolsillo? ¿Se nos ha olvidado que estamos aquí para entender, para llegar a intuir cual es el sentido de la vida?

Lo dejo aquí porque me hago preguntas y llegan las respuestas. Y no me gusta un pelo.

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La Asociación para la Rehabilitación y Prevención de la Afasia (ARPA) es una asociación sin ánimo de lucro que nace con el interés de agrupar a aquellas personas que padecen trastornos del lenguaje derivados del ictus, daño cerebral y sus familiares… el mundo de la Afasia.

El desconocimiento sobre este término hace que uno de nuestros principales objetivos sea dar a conocer este trastorno y sensibilizar a la población en general para la prevención del mismo, así como a ofrecer, tratamiento y apoyo a las personas ya afectadas y sus familiares.

En ARPA nuestra misión es ayudar a la persona con Afasia a su rehabilitación de forma amena e integración social.
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