SANTIAGO RONCAGLIOLO MARCA UN GOLAZO CON “LA PENA MÁXIMA”

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Ya sonó el pitazo inicial del mundial de futbol y millones de personas en todo el planeta no se despegan del televisor, en su mayoría –seamos honestos- hombres que con una cerveza en la mano y gritando improperios contra jugadores y árbitros, olvidan por un mes los debates políticos, las crisis económicas y las desigualdades sociales, pero allí está Santiago Roncagliolo con su novela La pena máxima, acercándose por los costados de la cancha y anotando un gol que pone por delante al equipo de los apasionados de la literatura.

De los vestuarios de este mundial de Brasil, semanas antes de saltar al campo de juego, y gracias a que este gigante sudamericano vive hoy en democracia, han logrado salir a la luz pública la pobreza, desigualdad y corrupción que lo mantienen en un tiempo muerto, aunque sólo se haya querido vender la imagen de la potencia emergente del hemisferio sur.

Hace treinta y seis años se jugaba un partido diferente. En el discurso inaugural de Argentina 78, el presidente Videla habló de paz, hermandad y concordia mientras el país vivía una de las más aterradoras dictaduras del continente y los secuestros, torturas y asesinatos, que ocurrían en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada) a pocas calles del River Plate, se silenciaban con gritos de gol. Sí, así es, el fútbol puede mostrar muchas cosas más allá de los límites de las tribunas, pero también ocultar otras tantas.

En este contexto, La pena máxima es una metáfora del penalti como castigo supremo en la cancha de fútbol, y de las ejecuciones como crímenes políticos. Esta novela es entonces la unión de tres temas de gran interés para el escritor peruano: El fútbol, especialmente el papel que desempeñó la selección de su país en Argentina 78; La Operación Cóndor, orquestada por las dictaduras de Pinochet y Videla para secuestrar y asesinar a sus opositores refugiados en países vecinos y cómo, la menos cruenta dictadura peruana, se convierte en cómplice de estos crímenes; por último, la historia de un hombre español que nació en la guerra civil y murió en Sudamérica en otra guerra diferente.

«FÉLIX CHACALTANA. EL REGRESO»

El mejor delantero, el mayor goleador de las novelas de Roncagliolo ha sido el inspector Chacaltana, y aunque después de su retiro pocos futbolistas regresan a las canchas, este personaje tan particular, vuelve en plena forma, y para la alegría de todos sus hinchas, veinte años más joven.

Han pasado ocho años desde la publicación de Abril Rojo ¿Por qué decide traer de nuevo a Chacaltana? Un personaje que parecía concebido sólo para aquel libro, con un final muy contundente. ¿Lo tenía planeado así, o cómo se coló en esta nueva historia?

«En realidad, no lo quería. ‘Abril Rojo’ tuvo un gran éxito, pero yo no quería encasillarme. Esta debía ser una novela sobre el personaje de Joaquín Calvo, un hombre que nace en una guerra y muere en otra. Pero Félix se apoderó de la historia, se adueñó de ella, y ahora Joaquín Calvo muere en la página quince».

Para quienes aún no conocen al inspector Felix Chacaltana, además de tener un apellido casi tan impronunciable como el de su creador, es el investigador más extraño que la literatura ha engendrado: Un burócrata, fanático de los procedimientos y el cumplimiento de las reglas que sólo se preocupa por sellar expedientes y archivarlos correctamente, no cuestiona la dictadura pues le proporciona el orden que tranquiliza su vida, y hace lo posible por cerrar los ojos ante la realidad que lo rodea. Es el único detective que no quiere investigar nada ni descubrir la verdad sobre nada. Sin embargo, es en medio del papeleo administrativo donde quedan las huellas de los crímenes de Estado, esas que Chacaltana encuentra y lo arrastran a enfrentarse al horror y a buscar las razones de la muerte de su amigo Joaquín.

 Con esta novela Santiago Roncagliolo regresa también a Perú para contar una historia que vivió cuando era un niño:«Siempre cuento historias que tengan algo que ver con mi vida personal. Y esta es la historia de mis padres, que militaban en la izquierda peruana de los setenta y refugiaban a chilenos y argentinos. Muchos de sus amigos terminaron muertos y desaparecidos».

UNA HERENCIA DESHONROSA

Como el equipo que logró superar la primera fase del mundial y se prepara para enfrentar los octavos de final, Roncagliolo descansa unos días de la escritura y responde las preguntas de los periodistas acerca de los laberintos de su novela, la historia reciente de América latina y sobretodo, sobre el «deporte de las masas». En estos encuentros amistosos con periodistas o con sus lectores, Roncagliolo revela que otro de los temas que lo motivaron a crear esta trama fue cómo los fascismos europeos de los años 30 emigraron a Sudamérica. Para él el fascismo no terminó con la segunda guerra mundial, sino que llegó de taquito a nutrir las dictaduras del sur del continente americano con su discurso, sus valores y hasta su estética.

Hoy en Chile, Perú y Argentina se trabaja por la recuperación de la memoria histórica, por no caer en el olvido del terror. España, por el contrario, parece empeñarse en enterrar su historia. ¿Esto, qué le mueve a usted por dentro? A un escritor con nacionalidad peruana y española.

«España siempre fue un ejemplo para nosotros, pero ha dejado de serlo. Fue un juez español el que cazó a Pinochet. Hoy es una jueza argentina la que busca a los torturadores españoles. Me parece triste por España. Pero me alegro por Sudamérica».

 Entre la herencia nefasta de las dictaduras y los ejemplos a seguir en la justicia, lo que no puede negarse, a la luz de la historia, es que algunos regímenes totalitarios han aprovechado el juego limpio del deporte para intentar lavar su propia imagen como lo hizo Mussolini en el mundial de Italia 1.934, Hitler en las olimpiadas de Berlín en 1.936 o, por no ir muy lejos, Putin con los olímpicos del pasado invierno. Al menos en este 2.014 los Brasileños, sean pobres o no, de izquierda o no, homosexuales o no, pueden salir a protestar durante los partidos del mundial y si se comenten abusos de la fuerza pública, estos llegan a los medios de comunicación de todo el mundo, aunque sea de la mano de fotógrafos o reporteros lesionados en el campo de juego de las manifestaciones.

LEERLO TODO, ESCRIBIRLO TODO.

A Santiago Roncagliolo le gusta definirse como un omnívoro en materia de lectura y de escritura. Se mueve con comodidad escribiendo literatura infantil, guiones de cine o libretos de telenovelas, traducción, libros de investigación periodística, columnas de opinión, y por supuesto novela, donde sin duda, ocupa un lugar importante entre los escritores latinoamericanos del momento.

Usted como Juan Gabriel Vásquez y otros escritores, hablan de la historia contemporánea de América latina desde personajes anónimos, desde la  cotidianidad de la gente común. ¿Por qué esa nueva mirada a la historia política del continente?

«Porque es la historia que faltaba contar. Los autores del boom escribieron las grandes novelas sobre dictadores. Pero la literatura le debía un homenaje a los pequeños héroes anónimos, a las pequeñas historias que encarnan la gran historia».

¿Cómo combina su labor literaria –de ficción- con su labor periodística?

«Se ayudan mucho. No quiero ser un escritor encerrado en su universo mental. El periodismo me obliga a salir al mundo y buscar historias».

¿Pena máxima para las dictaduras de ayer y de hoy, de izquierdas o derechas; para las detenciones ilegales y el robo de bebés; para los grandes eventos deportivos usados como tapadera de la realidad?

«Pena máxima para todos ellos. Y un corte de mangas también. Las novelas políticas son pequeños cortes de mangas al poder».

¿Le gustaría  que se llevara al cine esta nueva historia de Felix Chacaltana?

 «¡Me encantaría! Pero me temo que es un poco cara: vestuario de época, escenarios de tres países, fútbol… Quizá escribo novelas porque, si dirigiese películas, me pasaría siglos buscando financiamiento».

Sólo un día antes de la inauguración del Mundial en Brasil, el Instituto Cervantes de Madrid, en el marco de una serie de charlas sobre futbol y literatura, lo invitó a conversar sobre su novela y allí pude hacer una última pregunta: ¿Cree que el mundo secreto de los equipos de fútbol, de las ligas y los campeonatos podría inspirar una próxima novela? ¿Sería una novela negra o una telenovela?

«La historia que sería espectacular, como crónica periodística sin nada de novela, es la del último año del Barça, la historia de qué pasa con un equipo cuando ya lo ganó todo, ya no tiene nada más que ganar, y un día llega la decadencia: Uno está demasiado mayor, otro se retira, Messi empieza a jugar mal, Piqué está casado con Shakira… El lío en este vestuario… Pero eso tiene que escribirlo alguien que tenga acceso a él. Las historias de ficción en estos casos no funcionan».

No quiero cerrar esta entrevista sin incluir una de las preguntas, que en ese mismo evento hizo Monserrat Iglesias, directora cultural, del Instituto Cervantes: “¿Qué nos falta a los españoles para mira hacia Perú?”

«Es la primera vez que la gente está de mejor humor allá que acá, cosa que es muy curiosa, porque los Españoles siguen viviendo mucho mejor que el promedio de los sudamericanos. Los peruanos, por primera vez en la historia, creo, están mejor de lo que creían. Cuando yo vine a vivir a Madrid, el principal cambio y lo que más me gustó era que viviendo en Perú te parecía que nada era posible, no podías ni cambiar de gobierno en condiciones, todo era difícil. Luego llegué a un Madrid eufórico en el año 2.000, donde por estúpida que fuera tu idea había diez que estaban convencidos de que se podría hacer realidad. Esta euforia era fascinante, te hacía sentir capaz de todo. Quizás lo que más puede ser útil para un español que mire hoy a Perú es ver esa energía y recuperar esta capacidad de creer en sí mismos».