Señorita Puri: Cruasanes entrañables

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Tras media hora de espera, Puri sale por la puerta auxiliar del supermercado en el que trabaja. No cuadraba la caja y eso es sagrado.
Caminamos hacia una cafetería del centro de Madrid. Llueve con fuerza. Pero Purificación García (Señorita Puri para sus más de 85.000 fans en Twitter; @senoritapuri) siempre lleva un artefacto encima que evita el desastre. El minúsculo paraguas se convierte en nuestra salvación. Sobre todo, en la de ella. No hay quien se meta allí debajo sin expulsar al otro.
¿Cómo va tu nuevo libro, querida? le logro preguntar después de sortear un par de charcos.
«Muy bien. Se está vendiendo divinamente. Recibo a diario un buen montón de fotos de mis lectores con el librito en la mano desde lugares inverosímiles. Es emocionante saber que lo que escribes ayuda a la gente a pasar un buen rato y a olvidar sus problemas. Porque ese era el objetivo de Te dejo es jódete al revés y es el mismo que tenía entre los aladares al escribir La familia: alojamiento con tensión completa».
Intento encender un cigarro, pero la lluvia lo convierte en un amasijo que se deshace entre los dedos. ¿Te importa parar un momento, guapa? A ver si puedo encender un cigarrito antes de morir ahogado.
«Deberías visitar mi blog. Hay un montón de referencias a artículos extraños que permiten hacer las cosas más imposibles».
Puri comenzó con su blog al mismo tiempo que yo con el mío. De hecho, nos conocimos intercambiando mensajes y comentarios a los textos que editábamos hace ya algunos años.
«Todo era mucho más sencillo. Ya sabes que me gusta contestar a todos los mensajes que recibo, que no dejo de seguir a los amigos, que trato de ser amable con mis fans. No como tú que eres más bien antipático. Pero, a veces, me veo desbordada. Esa es la verdad».
Por fin llegamos a la cafetería propuesta por Puri. Bastante cutre. «Yo soy cajera, chaval. No pongas esa cara. Vas a merendar de cine». Nos sentamos. Me regala un ejemplar de su segundo libro. ¿Estás satisfecha con el trabajo?
«Este libro es algo distinto al primero. He intentado buscar algo más de profundidad en los personajes, he elaborado más el lenguaje. Me interesaban más esas cosas técnicas y construir la trama con solidez. El tono del relato es amable aunque mucho más cuidadoso que en el primer libro».
El camarero deja sobre la mesa un par de refrescos y dos croissants rellenos de jamón y queso que parecen hogazas de pan. En realidad, pedí croissants y nos han traído los cruasanes que pidió ella. «Estás en mi barrio, Gabriel. Aquí si pides un croissant te traen el licor más caro que tengan o algo así. Cualquiera sabe lo que puede entender Antonio». Antonio es el camarero, claro.
«La gente quiere ser feliz, quiere serlo a pesar de estar detrás de una caja registradora ocho horas al día como me pasa a mí. Y eso es lo importante de mi blog, de mi cuenta de Twitter o de mis libros. Son territorios en los que mis seguidores pueden evadirse y creer en que ellos pueden disfrutar y salir adelante. Si mi ejemplo sirve de ayuda a alguien, estupendo».
Puri, tienes una miga pegada en la comisura del labio, le digo. Se la quita y me la lanza como si fuera una canica. Ya saben sujetándola entre el pulgar y el índice.
«Bueno, ¿qué me dices? ¿te ha gustado mi último libro? No te estoy preguntando si soy Kafka ni nada de eso. Me refiero a si crees que puede hacer su función».
Me he divertido mucho. Es un rato muy agradable de lectura, contesto.
«Ah, pues muy bien, Si te divierte a ti, le divierte a cualquiera».
Sí, claro, claro. Aunque es verdad que el tono se desliza hacia tu lado más destroyer. Repartes sin compasión. Espero que tus familiares y amigos tengan un gran sentido del humor o que el relato no se acerque mucho a la realidad.
«La familia de la que hablo podría ser cualquier familia del mundo, Puri puede ser cualquier mujer del mundo. Nadie debería verse reflejado en el libro. O sí, pero eso da igual. Lo interesante es que libros como los míos abran puertas a la esperanza o, sencillamente, sirvan para que alguien se pueda reír sin problemas durante un rato. Sin ir más lejos, a ti te he escuchado decir que la literatura debe ser, entre otras cosas, motivo de reflexión y el humor es un excelente mecanismo para hacerlo. No creas que busco mucho más».
Miro a Puri con cara de no creerme nada. Sé cómo escribe y conozco sus posibilidades.
«Gabriel, mis seguidores quieren que les muestre mi cara más real; la de una chica normal. El día que quiera hacer literatura escribiré bajo seudónimo. La escritura puede y debe tener muchas formas. No todo es profundidad, no todo es exquisitez. ¿Desde cuándo la vida es eso? Bueno, Gabriel, paga esto que tengo que ir a bañar a los niños. Y tú deberías hacer lo mismo».
Nos despedimos. La sonrisa de Puri es entrañable.
En el vagón del metro abro el libro que me ha regalado. Sonrío porque sé que tiene razón. Que no todo debe ser hondo si hablamos de cultura. Y los pasajeros me miran extrañados. Acabo de leer lo siguiente y no puedo evitar reír.
Josele, además de un pelmazo, era taxista. Tenía la virtud de asimilar todas las conversaciones que se producían en su coche e interiorizarlas como dogmas de fe. Si llevaba como viajero a un empresario, automáticamente memorizaba la información intercambiada durante el trayecto y la exponía en cualquier reunión familiar para erigirse en experto en la materia. Daba igual si había verdaderos sabios del asunto, Josele rebatía todo aferrado con uñas y dientes a esos cuatro miserables datos. Si McGyver era capaz de hacerte un condón con una galleta, mi cuñado te arreglaba la crisis mundial en cinco minutos, y de paso te soltaba un máster en administración de empresas. Si el periódico contaba una exclusiva, él tenía dos. Todo lo sabía y de todo opinaba. Estoy convencida de que por eso los taxistas llaman a cada trayecto «hacer una carrera».