SER O NO SER LA GRAN SÁTIRA SOBRE EL NAZISMO

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Máximo exponente del talento de Ernst Lubitsch. Reina de las sátiras. Genialidad sin precedentes ni sucesoras. Indiscutible obra maestra. Todos los elogios son pocos para una película que rebosa de ingenio en cada fotograma, dejando atónito al espectador.

La comedia más divertida y satírica de Ernst Lubitsch fue Ser o no ser (To be or not to be, 1942). La historia gira alrededor de una troupe de actores de teatro polacos que preparan una comedia llamada “Gestapo” que ridiculiza a los nazis y que es cancelada por la censura, por lo que deben seguir representando Hamlet. Al producirse la invasión de Varsovia en septiembre de 1939, el vestuario de la frustrada “Gestapo” permitirá a los intérpretes disfrazarse de altos mandos alemanes, engañar a los nazis y salvar a la Resistencia polaca.

Los protagonistas son el vanidoso matrimonio Tura, compuesto por Joseph (Jack Benny) y María (Carole Lombard), primeras figuras del teatro polaco y habituales intérpretes de Hamlet y Ofelia. Ambos rivalizan por encabezar la cartelera y mientras él declama, ella coquetea. Cada vez que él inicia el famoso monólogo que da título a la película, ve estupefacto como un galán se levanta del público y deja la sala. Se siente devastado creyendo que su interpretación ha decepcionado al espectador, cuando lo cierto es que el joven cumple la consigna de María Tura para acudir a flirtear a su camerino. La situación se repite hasta cuatro veces, con un giro diferente cada vez que intensifica nuestra diversión.  La última vez que se produce la escena, ya no es sólo el protagonista el que contempla a un joven abandonando el patio de butacas, sino que el amante habitual se queda estupefacto, ya que él está sentado esta vez, observando el mutis de su nuevo rival.

De Jack Benny podemos afirmar que pocas veces el narcisismo ha sido presentado de forma más simpática en el celuloide. El personaje está siempre buscando recibir cumplidos, incluso cuando está intentando engañar a los nazis para salvar a la Resistencia. Sin embargo, el pobre logra precisamente lo contrario. “Lo que Tura hizo con Shakespeare lo estamos haciendo nosotros con Polonia” le dice un militar nazi sin saber que es al propio (y disfrazado) Tura a quien está hablando.

Por su parte, Carole Lombard fue una grandísima comedianta que destacó en algunos otros buenos títulos, aunque éste fue indiscutiblemente el mejor. Su combinación de vis cómica, descaro, belleza y elegancia fueron únicos y al parecer era tan divertida en la realidad como los personajes a los que interpretaba. Poco después de acabar el rodaje, falleció cuando se estrelló el avión en el que viajaba para vender bonos de guerra, dejando desconsolado al público y a su pobre viudo, Clark Gable, que se alistó en el ejército, buscando el olvido.

El ritmo de la película es perfecto, el toque Lubitsch aparece en cada rincón del decorado, se suceden una tras otra situaciones a cual más hilarante, los personajes se disfrazan, recobran su identidad (son…y no son), se pelean, se reconcilian, entran por una puerta, huyen por otra… y en todo momento, estamos atrapados por el suspense de la trama, por el más refinado humor visual y por unos diálogos desternillantes. Así, en el ensayo de “Gestapo”, el actor que interpreta a Hitler, al entrar y recibir el “Heil Hitler!” de los oficiales extiende el brazo derecho y responde “Heil yo mismo!”.

Siempre que una película retrata el mundo de la interpretación podemos detectar pistas sobre la visión que tiene el realizador sobre la relación entre arte y realidad y Ser o no ser es la reflexión que nos regaló Lubitsch al respecto. El mundo es un gran teatro donde cada uno representamos el papel que se nos ha asignado, pero cuando exploramos los límites de nuestro rol o incluso cuando logramos salir de la estrechez del mismo, se nos abren nuevas oportunidades que nos pueden llevar inesperadamente a una vida más gratificante, con más significado. ¿Era ésta realmente la tesis del cineasta o será más bien una absurda hipótesis sobre su tesis? En fin…

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Pese a ser universalmente considerada hoy en día una de las mejores comedias de la historia del cine, Ser o no ser fracasó estrepitosamente en su época. Hay que tener en cuenta que el rodaje acabó días antes del ataque a Pearl Harbour y que la película se estrenó a principios de 1942. En ese momento, los Aliados todavía creían que iban a perder la guerra y el público y la crítica norteamericanos consideraron de pésimo gusto una comedia sobre la desolada Polonia. No se vio gracia alguna en escenas que hoy nos provocan carcajadas, como cuando un general alemán  dice respecto a los campos de concentración que los nazis ponen el campo y los polacos la concentración. Se tachó de insensible al pobre Lubitsch, cuya única intención era hacer escarnio del III Reich y retratar cariñosamente al sufriente pueblo polaco. Lástima que el autor no pudiera disfrutar del éxito extraordinario que su película tuvo en sucesivas reposiciones y del reconocimiento del que disfruta hoy.

Tal vez, cuando la realidad es muy cruel, necesitamos el paso del tiempo para poder verla a través del humor. Como explicaba el personaje interpretado por Alan Alda en Delitos y faltas (Crimes and misdemeanors, Woody Allen 1989), la comedia es igual a tragedia más tiempo y a Ernst le faltó este segundo factor. Falleció cinco años después dejándonos unas cuantas comedias llenas de magia, algún discípulo de primer nivel y un sentido del humor elevado a  la categoría de arte, así que ¡Gracias por tu toque, Lubitsch!