SEVILLA BILTMORE, CARIBEÑO Y MAFIOSO

sevilla general

Sevilla -como marca- tiene una repercusión enorme fuera de nuestras fronteras, es un universo de significantes que evoca el mito idealizado, pero deja muy alto el nombre de la ciudad andaluza. Orgullosos de esas referencias, las recordamos. En uno de los grandes hoteles de Cuba encontramos el escudo de Sevilla y la repetición de un nombre que se ha convertido en sinónimo de lujo, alegría, exotismo y extravagancia. Un homenaje al que las administraciones deberían estar atentas.

Era nochevieja, y La Habana ardía en el fulgor de las celebraciones, entre fuegos de artificio y sonidos de danzón. La noticia se deslizó inquietante como reptil e irrumpió en los salones deshaciendo las congas. Rayando el alba se conocía la huida de Batista, y con el triunfo de la Revolución se desataba la anarquía en las calles. En medio de una multitud enardecida la alta sociedad se dirigió a las marinas, tomó sus yates por asalto y puso proa hacia Miami. Dicen que durante tres días y tres noches estuvieron llegando embarcaciones de recreo a los cayos de Florida repletos de hombres en smoking y de mujeres cargadas de joyas. Fue la debacle. Algunos tomaban tierra descartando una breve pesadilla, convencidos de que los yanquis enviarían a los marines para restaurar el orden en la isla, que sería una cuestión de un par de días; otros llegaban ya llorando por lo perdido sin remedio: rascacielos enteros como el de los Bacardí, suntuosas residencias en Miramar, colecciones de arte como la de la marquesa de Revilla de Camargo, ingenios azucareros, fábricas, salas de fiestas, centros comerciales. Todo se perdió en una noche. Llegó el comandante y mando parar.

Los que no pudieron salir disparados se agolpaban por la mañana ante las legaciones extranjeras en demanda de asilo. Como Amleto Battisti Lora, propietario del Hotel Sevilla Biltmore, que pudo ver como las masas destruían su casino antes de refugiarse en la embajada de Uruguay. Porque los grandes hoteles fueron los testigos de esa noche que se prolonga cincuenta años. Hoy continúan, como congelados en el tiempo, transmitiendo una atmósfera de decadencia y de glamour.

sevilla fachada

El Gran Hotel Sevilla fue construido en la esquina de Trocadero y Zulueta en 1908 en un estilo neo morisco inspirado en el Patio de los Leones de la Alhambra. Los arquitectos Arellano y Mendoza lo ampliaron en 1924 con una torre de diez pisos sobre la que se encuentra su célebre rooftop garden, el balcón del Prado, quizás el más grandioso salón de la ciudad. Pasó a denominarse Sevilla Biltmore por la cadena que explotaba otros establecimientos hoteleros en los Estados Unidos. En la novela de Graham Greene Nuestro hombre en La Habana, uno de los protagonistas tiene en él un encuentro con el servicio secreto británico. Como todos los grandes hoteles de La Habana, el Sevilla estaba vinculado con los negocios de la mafia, especialmente casinos, por eso en los inicios de la Revolución el pueblo los consideró como símbolos de corrupción e impunidad y los atacó con violencia, el Capri fue saqueado, en el Habana Hilton –que se inauguraba esa misma Nochevieja- establecieron su cuartel general los barbudos, y en el Riviera llegaron a soltar una piara de cerdos para que destrozaran las instalaciones.

sevilla rooftop

No deja de ser curioso el nombre real de uno de los grandes capos del crimen organizado, Santo Trafficante Jr, que estaba detrás del sindicato que controlaba las actividades del juego en La Florida y en Cuba, entre otros en el Sevilla Biltmore, de cuyos beneficios se llevaba el dictador Batista un diez por ciento. Santo está detrás de alguno de los atentados que se intentarían después contra Fidel Castro, en concurso -parece ser- con la CIA. Amleto Battisti, intermediario de Lucky Luciano en el tráfico de heroína hacia los Estados Unidos, y empresario cercano al régimen corrupto de Batista, había llegado a fundar un banco para blanquear las actividades por las que era conocido como El rey del juego. Adquirió el hotel en 1935 por dos millones y medio de pesos en una turbia operación y lo convirtió inmediatamente en el más refinado y elegante de La Habana.

El viejo Sevilla había refugiado a Enrico Caruso vestido de Radamés, después de una explosión en el vecino Teatro Nacional donde interpretaba Aida; y recibido a Josephine Baker a quien se había denegado alojamiento en el Hotel Nacional por el color de su piel. En él se alojó la célebre Sátira, una famosa bailarina de danza hawaiana llamada Patricia Schmidt, cuando recibió el indulto del último gobierno de Grau y quedó liberada de cumplir la pena por el asesinato de su amante, el millonario John Lester Mee a quien había acribillado a tiros a bordo de su yate en el Muelle de la Luz tras enterarse de que este estaba casado; uno de los crímenes con más repercusión mediática de los años 40. El Sevilla ha velado por el descanso de huéspedes como Lola Flores, Merle Oberon, Al Capone, Jorge Negrete, Imperio Argentina, Gloria Swanson o Vicente Blasco Ibañez.

Actualmente, el hotel es operado por el grupo francés Accord & Mercure & Pullman, aunque el edificio es de propiedad del Estado cubano. En la parte más antigua del complejo está instalada la Escuela de Altos Estudios de Hotelería y Turismo de la República de Cuba, pendiente de un traslado que permitirá ampliar el área de negocio a lo que fue el núcleo original del establecimiento.