Sincronía en el envés del planeta

El hecho de ubicarse en las antípodas de la Europa Occidental no hace que la música de Oceanía difiera diametralmente.Folclore y tendencias se tocan, como todos los extremos.
Serotonina y golpes de caja para el primer tramo del viaje. Un vaquero negro de aires indígenas desenfunda su voz rotunda para reclamar su vuelta a la ciudad que le vio nacer:Perth, en la fachada índica de Australia, espera su música, que bien pudiera ser compuesta en Texas.
También quieren regresar a Australia, pero a la orilla de Tasmania, The Whitlams, porque dicen que tienen cosas que hacer. Así lo cuenta la letra de una canción de homenaje a Melbourne, tan caótica en los ritmos como una ciudad que vive en su día frenético y en su noche alocada, abierta a la bahía.
La siguiente parada en el viaje a través de la música es Papúa Nueva Guinea. Un trayecto hacia el norte a través de notas que suenan a sur, porque el rumbo es hacia el la mitad del mundo.Salima habla de sueños y de los mejores días de una vida recogida en las melodías de una composición con nombre de ciudad misteriosa y exótica.
Eclecticismo de ritmos de base electrónica, raps, notas sostenidas de aires orientales y hasta etéreos recuerdos de reggae en el Miss Chang de un sorprendente disco de Chinese Man, inclasificable en un solo estilo, porque pertenece a una docena al mismo tiempo, y que incluye desde notas en bucle hasta sonidos reales de tráfico.
El camino a Corea del Sur es, en cambio, monocorde. Gris y monótono, justo al contrario que la noche en Seoul, que Wangel retrata en un crescendo hasta una explosión contenida, trágica, que habla de la cercanía de la distancia, de la dulzura de la culpa, y de otras antítesis matizadas por una música desnaturalizada por la electrónica.
Hiroshima está marcada para siempre como icono y leyenda del odio y la tragedia que Alcatrazz glosa en uno de sus temas más agresivos.Los punteos virtuosos dibujan hongos de destrucción sobre el cielo de un Japón resucitado para la gloria.
Un disco, una canción, un pueblo, que es una capital de sentidos. Alaska recibe al viajero con sonidos impropios, grabados al natural de un improvisado estudio con instrumentos que forman un abrigo contra el frío, con voces cálidas que describen un paisaje salvaje y solitario.
El último homenaje de la etapa llega de la mano del jazz. Benny Golson traza cada línea del callejero de un Calgary de mediados del siglo XX. Los platos y los vientos hablan de una vida frenética en la ciudad gélida.
Más de siete mil kilómetros ha extendido la música en una estela sobre el Océano Pacífico.De sur a norte, de Australia a Canadá. Por delante, los santuarios de la música en las últimas décadas:Estados Unidos, en varias etapas, del rock al rap.