Superman returns: El remake imposible

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Entre los autores de cómic es prácticamente unánime la opinión de que Superman es el personaje más difícil de escribir. Más allá de las características del personaje, si esto es así, se debe a que, como vaticinó Umberto Eco en su célebre ensayo Apocalípticos e integrados, el carácter mítico del personaje choca de frente con su serialización permanente. Superman se ve abocado a la continua readaptación, a vivir tiempos muy distintos a los que fue creado. Y la pregunta es: ¿puede un personaje de ficción sobrevivir al paso del tiempo manteniendo su condición mítica sin desvirtuar lo que le otorgó dicho carácter?
Bryan Singer, el director de Superman returns, intentó rendir un sentido tributo a los primeros films sobre el personaje. La acción de la cinta de Singer se sitúa, de hecho, después de Superman II, desechando los otros dos títulos clásicos en los que su admirado Richard Donner nada tuvo que ver; aunque, en realidad, es casi un remake del primer film del que toma frases y secuencias completas. Lo que Singer, quizá, no preveía es que la fuerza de su admiración no sería suficiente para restablecer un personaje de otro tiempo en el mundo presente, en una época descreída que ya prescinde de mitos. El resultado fue un film único en su género, hermoso y brillante técnicamente, que reincide en la alegoría mesiánica del primer film a partir de la cita: el hijo se convertirá en padre y el padre se convertirá en hijo; pero que desprende una tristeza terrible al mostrarnos el último capitulo del héroe divino. Todo en ella transmite una sensación de adiós a un icono destinado a morir o a transformarse en otra cosa. La acción sitúa a Superman alejado del planeta Tierra por cinco años; el mundo ha proseguido su curso a pesar de; o quizá, debido al silencio de Dios. Nuestro héroe ha viajado hasta los restos marchitos de su planeta natal y regresa a la tierra con la terrible sensación de que todo ha cambiado. En Smallville, con su anciana madre, Kal El se muestra introspectivo en imágenes cuya pesadumbre choca con los luminosos flashbacks de su juventud. Para Singer esta ausencia y retorno es la excusa perfecta para poder recrear el film de 1978, pero el homenaje se transforma en una triste película que melancoliza todo lo que pretende imitar, que choca con una realidad actual que no permite, salvo excepciones, hacer volver a vibrar a aquel Superhombre. La nave kryptoniana estrellada en Smallville  no es la cristalina estrella de Belén de donde surgió el proyecto inocente del héroe en brazos de Glenn Ford, sino una negruzca matriz que se cofunde con las cenizas y de la que surge un adulto agotado que viene de visitar un cementerio, una analogía bañada por un sentimiento de pérdida que encontramos durante todo el film,  encarnada también en la pretendida mimesis interpretativa que Brandon Routh hace sobre el trágicamente fallecido Christopher Reeve.
La secuencia del rescate del avión, en la que el héroe reaparece públicamente con icónico traje y rizo en la frente, continúa con el mismo patrón. Nos remite a aquella vez en que Christopher Reeve salva por primera vez a Margot Kidder, y es, posiblemente, la mejor secuencia de acción de cualquier película de superhéroes (con un enorme crescendo narrativo y visual, constituye el intento definitivo (aunque infructuoso) por hacernos volver a creer); la exposición que Singer hace de quién es Superman y una muestra de cine tan enérgica que el sentido de la maravilla vuelve a ser palpable como antaño. Cuando todo un estadio se pone en pie, grita y aplaude ante la proeza del héroe, pareciese que toda la sala de cine imitará el gesto en comunión con lo que nos ofrece la pantalla. En este momento, como el título del film indica, Superman ha regresado, pero, poco a poco, descubriremos que ha vuelto a otro lugar y a otro tiempo, a un mundo menos brillante, repleto de crepúsculos y nocturnidad.
La escena que mejor define el imposible proyecto de Singer es aquella que rememora el vuelo con Lois Lane. De nuevo, el encuentro se produce en la terraza de la reportera; de nuevo, hay una broma sobre el tabaco; de nuevo, parece sentirse una atracción y, de nuevo, se elevarán juntos en el aire; pero aquí queda poco de aquel despertar de las emociones, de la chispa humorística y el lirismo romántico con el que Donner rodó el encuentro de los eternos enamorados. Por el contrario, Singer parece rodar una despedida. Lois y Kal El sobrevuelan Metrópolis sin que ninguna luna ilumine sus cuerpos, sólo una luz tenue los mece en el aire mientras algunos compases de Can you read my mind traen el pasado de vuelta para recordarnos lo que se ha perdido y volver a desaparecer bajo el nuevo score compuesto por John Ottman, de una tristeza lánguida que se antoja definitiva. En la ausencia de su partenaire, Lois ha escrito un artículo titulado Por qué el mundo no necesita a Superman. Y si ni siquiera Lois Lane ve la importancia de los símbolos ¿qué podemos esperar del resto de nosotros? Es palpable la tristeza de un mundo que se aleja de la utopía moderna que vio nacer al héroe, el descreimiento espiritual de todo occidente y el descreimiento de un país puesto en jaque tras los atentados del 11 de Septiembre (que ningún hombre volador pudo evitar) y desacreditado por la injustificada invasión de Irak; un país que ya no se erige como protector del mundo y que ha generado profunda desconfianza en sus héroes. Efectivamente, el mundo ya no necesita a los EEUU y aunque Singer pretenda mostrarnos un Superman globalizado, en espectaculares imágenes que sitúan al personaje flotando sobre la atmosfera como un dios que ve y oye el mundo en su totalidad, sentimos en ese dios a una América abatida que genera dudas incluso entre sus propios ciudadanos.
Al final, Superman conseguirá salvar, una vez más, a la humanidad arrancando un trozo de tierra negruzco y yermo que crece sustituyendo su hogar adoptivo por el fantasma horripilante del mundo en que nació, y sacrificando con ello su vida para luego resucitar al tercer día. En esta ocasión, sin embargo, la resurrección del héroe no conlleva necesariamente la resurrección del mito y cuando Lois Lane se dispone a escribir el artículo redentor Por qué el mundo necesita a Superman, la periodista no consigue teclear una sola palabra. Superman returns es un retrato hermoso y crepuscular del héroe divino que se extingue, un intento melancólico de acceder a la ingenuidad de la infancia que, inevitablemente, termina convirtiéndose en la terrible confirmación de que los mitos no parecen tener cabida en el mundo que hemos fabricado.