Amores minúsculos

Decir de este cómic que es una buena clase práctica sobre el aprovechamiento y diseño de páginas, que los gráficos tendentes a la caricatura que utiliza el autor son idóneos para lo que quiere contar, que está lleno de ironía y de sugerencias o que la tendencia hacia lo original está presente de principio a fin; decir esto, adelantaba, es quedarse en la superficie. Porque todo ello es verdad, pero sería, algo así, como quedarse en la cosmética sin rascar buscando tesoros. De entrada, el asunto con el que se enfrenta Alfonso Casas y con el que nos enfrenta a los lectores, es el amor. No como concepto o idea, no como búsqueda filosófica; nos pone delante de eso que nos pasa todos los días y evitamos o agarramos como si nos fuera la vida en ello. El amor como parte de nuestra frustración, de nuestros desayunos, de nuestros secretos, de nuestros errores o nuestra fortuna. Sin obligar narrativamente, sin vueltas de tuerca que busquen festivales de luz y de color. La vida es lo que es. La ficción es una representación de esta. Cada una tiene su propia coherencia. Pero no todo vale. Ni en una ni en otra. Por otra parte, los personajes crecen con cada frase, con cada gesto dibujado. Se perfilan bien desde el principio para que todo sea relevante y encuentre un sentido solvente. Ya con todo lo apuntado se intuye que este Amores Minúsculos es un buen cómic. Pero, además, el juego de Casas con el color y con los tonos es espléndido. Sin leer una sola frase podríamos saber el estado de ánimo de los personajes, qué relación tienen con el universo en un momento concreto. Esta es la primera obra en solitario de un autor que habrá que seguir con atención....

El albaricoque del artista como señal Jul01

El albaricoque del artista como señal...

¿Es cierto que al español medio le gusta ver partidos de fútbol y no quiere saber nada del arte? No. Rotundo. ¿Es cierto que al español medio le interesan los programas de televisión en los que se gritan unos a otros echándose en cara idioteces y no quiere saber nada del arte? No. Rotundo. Al español medio le interesa lo que resulta atractivo, lo que le hace un poco más feliz, lo que le provoca sensaciones inigualables y, muchas veces, desconocidas. No deberíamos descartar que uno de los motivos por el que millones de personas contemplan discusiones entre dos o más majaderos es el querer saber hasta qué punto una persona es capaz de caer en la bajeza, en la mediocridad. Al ser humano siempre le gustó buscar escenarios e imaginar qué sería de él en situación similar. El gran problema que se plantea desde hace demasiado tiempo es cómo despertar el interés por la cultura; saber por qué alguien no deja de ver programas de televisión infames cuando, ni siquiera le gustan. Podríamos estar animando a leer a un joven hasta hacernos viejos sin lograr resultado alguno. Eso de intentar dirigir los gustos ajenos no funciona ni a la de tres. Lo que deberíamos es lograr una mínima reflexión para que el cambio se produjera desde dentro y no llegase como una imposición externa. Podríamos romper el corazón a la humanidad entera (ya saben que es muy normal agarrarse a los poemas o las canciones de amor en épocas de ruptura), pero no creo que sea buena idea. Francamente, no tengo un plan. Ni a, ni b, ni c. Ni yo ni nadie desde hace más de cien años. Aunque, a decir verdad, a mí me gusta fracasar muy a la española (con...

10 UNIVERSOS LITERARIOS...

Marcel Proust intentó en su juventud una carrera literaria que naufragó en la mundanidad. Después fue devanando la madeja de su propia introspección, utilizando los traumas de la infancia, recreando su hipersensibilidad de joven enfermizo, analizando cada palabra y cada gesto de una sociedad hermética. Trabajó EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO que se le escapaba de entre las manos, sobre la proyección de la memoria, la morbosidad de los celos, la agresión de la tensión amorosa. Intentando reprimir sus fantasmas, bordeó las fronteras de la inversión sexual y la depravación. Su obra se considera un monumento literario y despierta pasiones en Francia. Es una novela en siete entregas. Sus frases, compuestas por un encadenamiento de subordinadas, se suceden interminables. Son los recuerdos suscitados por el aroma de un trozo de magdalena mojada en un poco de té que se extienden por más de tres mil páginas. Muchos lectores consideran su lectura insoportable y tienen al escritor francés como un pedante, preso de un esnobismo rayano en la demencia. Cao Xuequín describió en su SUEÑO EN EL PABELLÓN ROJO una burbuja en el espacio, una ciudad prohibida habitada por una aristocracia donde reinan las mujeres. En el centro se encuentra un varón que se enfrenta a la adolescencia rodeado por ese ambiente femenino y delicado. Identificado con ese muchacho, el lector se iniciará en todos los rituales que pergeñan la refinada civilización china, asentada sobre los firmes pilares de la permanencia, la estabilidad y la poesía. Van desfilando los miembros de una extensa familia de señores y sus sirvientes, se nos relatan sus retos poéticos, sus ceremonias fúnebres y religiosas, la codificación de sus banquetes gastronómicos y el simbolismo de las funciones teatrales en las que entretienen su ocio. Pero ese refugio rodeado de jardines...

SANTIAGO RONCAGLIOLO MARCA UN GOLAZO CON “LA PENA MÁXIMA”...

Ya sonó el pitazo inicial del mundial de futbol y millones de personas en todo el planeta no se despegan del televisor, en su mayoría –seamos honestos- hombres que con una cerveza en la mano y gritando improperios contra jugadores y árbitros, olvidan por un mes los debates políticos, las crisis económicas y las desigualdades sociales, pero allí está Santiago Roncagliolo con su novela La pena máxima, acercándose por los costados de la cancha y anotando un gol que pone por delante al equipo de los apasionados de la literatura. De los vestuarios de este mundial de Brasil, semanas antes de saltar al campo de juego, y gracias a que este gigante sudamericano vive hoy en democracia, han logrado salir a la luz pública la pobreza, desigualdad y corrupción que lo mantienen en un tiempo muerto, aunque sólo se haya querido vender la imagen de la potencia emergente del hemisferio sur. Hace treinta y seis años se jugaba un partido diferente. En el discurso inaugural de Argentina 78, el presidente Videla habló de paz, hermandad y concordia mientras el país vivía una de las más aterradoras dictaduras del continente y los secuestros, torturas y asesinatos, que ocurrían en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada) a pocas calles del River Plate, se silenciaban con gritos de gol. Sí, así es, el fútbol puede mostrar muchas cosas más allá de los límites de las tribunas, pero también ocultar otras tantas. En este contexto, La pena máxima es una metáfora del penalti como castigo supremo en la cancha de fútbol, y de las ejecuciones como crímenes políticos. Esta novela es entonces la unión de tres temas de gran interés para el escritor peruano: El fútbol, especialmente el papel que desempeñó la selección de su país en...

Cantar con duende y enamorarse de la propia tierra, de la capital y del flamenco Jul01

Cantar con duende y enamorarse de la propia tierra, de la capital y del flamenco...

Andrés Suárez es un cantautor que, a través de sus letras poéticas y sensibles, puede hacer temblar a quien lo escucha. Nacido en Ferrol, sus composiciones destapan su amor por tierras andaluzas (y por sus gentes), y desgranan sentimientos que bien pueden haber tenido su origen en la Gran Vía madrileña. En todo caso, se trata de un artista con una capacidad envidiable para desnudar tanto el alma como la propia música. Hay personas que tienen la suerte de nacer tocadas por algún embrujo musical. La música se crea y se transforma, al igual que quienes juegan y trabajan con ella. Pero siempre hay alguien que tiene un talento innato, alguien que independientemente de haberse esforzado en mayor o menor medida por aprender a hacer hablar a una guitarra o a un piano, o por lograr dominar y sacar el mejor partido a sus cuerdas vocales, tiene un duende metido en el alma. Andrés Suárez es uno de esos privilegiados. No obstante, ese talento necesita ser trabajado y entrenado. Por eso Andrés, gallego de nacimiento (pero enamorado sin remedio de otras zonas de la geografía española como Madrid y Andalucía), ha tenido que labrarse el camino que al final ha conseguido recorrer. Su pasión por la música empezó a aflorar desde pequeño, y en su adolescencia formó parte de varios grupos musicales. Pero pronto se dio cuenta de la vertiente a la que su esencia pertenecía: la del cantautor. Tiene una voz que sorprende, primero por lo profunda y poderosa que se muestra; segundo, por la capacidad que atesora para hacerla modular, de jugar con ella a la vez que con los sentimientos que es capaz de despertar en quien lo escucha. Ahí reside el talento innato al que antes se hacía referencia. En...

ONCE ESCENAS FAVORITAS Jul01

ONCE ESCENAS FAVORITAS...

Hay quien sostiene que la película Casablanca se rodó sin guión y que durante todo ese tiempo, nadie conocía con exactitud cuál sería su desenlace final. Sin embargo, parece que esta afirmación no es más que un mito, y que Julius J. y Philip G. Epstein y Howard Koch, escribieron el guión a partir de un texto teatral titulado «Everybody Comes to Rick’s»y fuertemente condicionados por la necesidad de suavizar el perfil de algunos de los personajes de la obra, evitar la censura -que no hubiera aceptado una protagonista femenina que abandona a su marido-, y dar con un final menos áspero que el que ponía fin a la pieza teatral. Sea como fuere, la última brumosa escena de la película y la famosa frase pronunciada por Rick Blaine (Humphrey Bogart), «Louis, pienso que este es el comienzo de una bonita amistad», forman parte, casi diría que desde siempre, de esas secuencias imborrables en mi memoria, quizá porque además de ser muy bella, tiene la virtud de aligerar la tristeza del espectador tras la despedida de la pareja protagonista. En Match Point, de Woody Allen, resulta sobrecogedor el momento en el que la cámara se recrea en la imagen ralentizada del anillo suspendido en el aire que gira, gira y finalmente cae, de forma que no solo cierra el círculo de la metáfora tenística que da título a la película, sino que proporciona al espectador una clave gráfica y eficacísima del desenlace, haciendo inesperadamente visible esa delgadísima línea que traza la suerte -de forma implacable y en ocasiones, injusta- entre el éxito y el fracaso, ya se trate de la actividad deportiva o del resto de acontecimientos de nuestra existencia. Contando con el soporte magnífico de la novela de Mario Puzo, en El padrino...

El niño que no quería ser astronauta...

Al mismo tiempo que un hombre pisaba por primera vez la superficie de la Luna, otro hombre veía por primera vez la luz del mundo en Sevilla. Y no deja de tener gracia que, cuarenta y cinco años después, diga que sus padres “se habrían sorprendido menos si les hubiera dicho que quería ser astronauta”. La afirmación la hace Andrés Pérez Domínguez, que con cinco novelas publicadas, más de un centenar de premios literarios y varias decenas de miles de ejemplares de sus libros vendidos, aún siente pudor de decir públicamente que es escritor. “Cuando relleno un formulario en el que tengo que escribir mi profesión, todavía dudo”, confiesa el autor, que termina el último borrador de su próxima novela, con una trama policial ambientada en la actualidad, en Sevilla. Asegura que su actividad como escritor fue absolutamente clandestina durante mucho tiempo: “sólo mi familia y un par de amigos sabían que escribía, y cuando tenía que enviar algún cuento a un certamen me iba a la oficina de Correos de otro pueblo distinto del mío para que nadie me conociera”. Escribió durante años cada día entre las seis y las ocho de la mañana y entre las tres y las cuatro de la tarde, alternando su actividad creativa con su trabajo en un negocio familiar de muebles. Así concibió ‘La clave Pinner’ y muchos de los relatos con los que obtuvo premios tan prestigiosos como el Max Aub. Precisamente, reivindica la disciplina como un elemento imprescindible para triunfar en el mundo editorial. “No tengo manías, ni soy bohemio, ni vivo atormentado”, asevera para tratar de demostrar que la de escritor es una profesión que también puede estar alejada de los estereotipos, que requiere de saber relacionarse con la industria y con los lectores,...

EL CASO DE LA MUJER ASESINADITA...

Construida en torno a una idea fantasmagórica y estrenada, por vez primera, en el Teatro María Guerrero de Madrid en 1946, el dramaturgo madrileño Miguel Mihura nos sitúa esta vez en un chalet de las afueras, una casa aristocrática parecida a la que fotografió Capra en Arsénico por compasión, aquella comedia negrísima protagonizada por Cary Grant. Escrita al alimón junto a su compañero de La Codorniz, Álvaro de la Iglesia, lo primero que confiesa el autor en una primera declaración de intenciones es que bajo el manto de comedia hay mucha tristeza. Tierna en muchos casos y escrita desde el ingenio y la desmesura, narra el deja-vú de un sueño, el de Mercedes, una mujer de alto copete a la que le gusta ver cómo sus criadas fuman Camel en su presencia, alguien capaz de detectar algo más que la realidad a través de ese sueño que simboliza la inútil y desesperada búsqueda de felicidad de las personas aburridas. Aficionada a la lectura de novelas que la convierten en una suerte de Bovary desclasada a la española, Mercedes recibirá la visita de extraños a su casa, no sin antes enterarse de que ha sido asesinada por un asunto de cuernos de su maridito Lorenzo con su mecanógrafa Raquel; el móvil es perfecto, si no es porque está allí Norton, un tipo que simboliza el progreso de los países anglosajones y que se nos aparece de primeras vestido de piel roja para, más tarde, convertirse en el jefe de Lorenzo y embaucador post-mortem de la misma Mercedes. La obra funciona como un mecanismo de relojería en cuanto a precisión y recurre a temas experimentados en otros medios por gente como Buñuel en El discreto encanto de la burguesía. Resulta, a pesar de ello, escénicamente muy...

El País del miedo

En El país del miedo, novela de Isaac Rosa, lo que hay para que ese miedo sea posible es un otro. Podemos tomar la tipología de las relaciones con el otro que propuso Todorov en La conquista de América. El problema del otro e identificar los tres ejes de los que él hablaba: el plano axiológico (juicios de valor acerca del otro: bueno o malo, superior o inferior…), el plano praxeológico (acercamiento o distanciamiento para con el otro: la sumisión al otro o la sumisión del otro) y el plano epistémico (conozco o ignoro al otro). En la novela de Isaac Rosa no hace falta rastrear con lupa para advertir este tipo de relación con o percepción del otro, pues ahí radica un poco el quid de la cuestión. Veamos… Carlos, el personaje principal de la novela, es uno y se la tendrá que ver con el otro al que teme. Ese otro se encarna en un sujeto concreto: un compañero del colegio de su hijo Pablo, que lo extorsiona con el propósito específico de obtener dinero. Pero también el otro son los grupos. Podemos hacer un listado de ellos, de a lo que Carlos teme: a los resentidos, a los pobres, a los mendigos, a los despojados (todos estos conforman lo que el narrador engloba bajo la etique de miedos clasistas), a los colectivos de inmigrantes (magrebíes, rumanos, albaneses, mafiosos rusos, gitanos… y la lista sigue), a los niños pobres, a las tribus adolescentes. Mientras tanto, en casa, su mujer echa a la empleada doméstica porque la declara responsable del robo de todos los objetos de valor o sin valor que han desaparecido y siguen desapareciendo día a día: películas, pendientes, dinero en efectivo. Y para completar la familia, Pablo, el hijo: un niño, no tan niño (aunque se lo trata como tal al punto de resultar ciertos pasajes de la novela no solo inverosímiles sino tediosos), víctima de una...

La vida en los ramajes...

El Premio Nacional de Poesía que concede cada año la Fundación Cultural Miguel Hernández es un buen termómetro para medir el pulso con el que escriben las voces jóvenes de nuestra lírica; el último ha sido concedido al primer libro de Olalla Castro, cantante y columnista del diario La Opinión de Granada. Parece que su pulso es de la mujer comprometida. La vida en los ramajes (Madrid, Devenir, 2013) es, en efecto, una clara expresión de ese giro de retorno hacia una conciencia social activa que se deja ver en algunas de las múltiples líneas poéticas de nuestra literatura más reciente. En el caso de Olalla Castro, su compromiso social nace de una mirada de mujer, de una autoafirmación de la mujer como sujeto deseante y de una exploración de las maneras de ser mujer en el mundo. Diríase más bien que en este poemario asistimos al desgranarse de una voz que se vive plena en femenino. La sección titulada precisamente «Los modos del deseo o la mujer-sujeto» es la que se levanta como el centro desde el que aquí se mira el mundo: el amor. El amor vivido como una elección de la que la mujer es la única dueña: «Casi con rabia horado tu perfil / dejo caer espuma en tus pestañas», dice quien en otro lugar titula un poema –reverso del tópico descanso del guerrero- «Hombre-oasis». Libre de toda atadura que no sea la voluntad deseante, en los poemas de Olalla Castro escuchamos una voz que rinde culto a las hermanas mayores, no faltan Emily Dickinson y Virginia Woolf y se agradece el recuerdo a Carmen de Burgos, Colombine, periodista, novelista injustamente olvidada y feminista que rehuía etiquetas fáciles. Desde aquí, desde la herencia del pensamiento de mujer, la autora de...

Estambul

Orhan Pamuk, Premio Nobel de literatura en 2006, confiesa -en Estambul– lo evidente: que la ciudad es un pretexto para hablar de su vida. De los recuerdos de la infancia y los afanes de la adolescencia. Esto no desmerece el retrato de la ciudad. Un retrato penetrante, nostálgico y parcial, demasiado repetitivo con algunos temas, demasiado cargado de topografía, pero hermoso y evocador. El escritor turco trabaja sobre la melancolía, sobre los objetos y los lugares, para relatar un despertar de los sentidos a caballo entre dos mundos: Oriente y Occidente, Asia y Europa, lo tradicional y lo moderno, lo religioso y lo secular, la pobreza y el bienestar, lo popular y lo burgués. Se aprovecha de un tono –no de una forma- proustiano en lo que es, en fin, un viaje a su propia infancia, al mundo de lo recordado; a Estambul, la ciudad añorada, soñada y querida. En algunos momentos nos interesa, o nos informa; en otros, y según va a avanzando la lectura, nos satura con sus propios fantasmas, con sus repeticiones y sus obviedades, aunque reconozcamos en sus líneas todas las infancias y todas las adolescencias. En todas las ciudades. Para Orhan Pamuk, Estambul es la ciudad visitada por los viajeros europeos. La mirada sobre la mirada en una especie de visión cruzada. Con Nerval, Gautier, Flaubert, d´Amicis. El basurero con los detritus del Imperio Otomano y de Bizancio. La gran urbe en construcción-destrucción de los años cincuenta. No existe visión alguna de la ciudad contemporánea si no es como el negativo de su relato. Como lo que ya no es. Y echamos de menos que ese hombre de cincuenta años, que confiesa ser incapaz de moverse de los espacios que habita desde pequeño, se asome a la ventana para...