Luis Landero

Mientras me acomodo en una mesa del Café Comercial para esperar a Luis Landero, pienso en una frase que pensé hace ya muchos años. “La vida de un escritor es una vida cualquiera. La única diferencia entre esta y las otras es que la del escritor se puede leer”. La vuelvo a escribir en mi agenda. Forma parte del rito de la entrevista. De cualquiera de ellas, aunque esta con Luis es especial por muchas razones. Una de ellas, tal vez la más importante, es que es uno de los autores más cercanos con los que he hablado; cercano y sencillo. Y eso no es poco siendo uno de los escritores más importantes de la narrativa actual española. Otra de ellas, es la extraordinaria influencia que ejerció sobre mi forma de entender la literatura su novela Juegos de la edad tardía. De eso hace ya mucho tiempo. Veinte años si no me falla la memoria. Luis Landero llega puntual. La sonrisa de siempre. Es un hombre muy educado, de trato exquisito. Nos contamos los proyectos de cada uno, los que ya están en curso, los que son ideas sin concretar. Pedimos algo de beber. Él lo habitual. Yo dejo que sea el camarero el que elija por mí. Le leo la frase que he escrito poco antes. Y no hace falta nada más para que mantengamos una conversación estupenda. Luis Landero fue profesor durante treinta y dos años. Su discurso es tranquilo, atractivo; cada frase parece fluir sin problemas para encajar en un escenario que va construyendo con suma facilidad. “Procedo de una familia campesina. Todos mis parientes lo eran. Padre, madre, abuelos, tíos y primos. Jamás conocí un libro siendo niño. Lo que sí tuve fue la gran fortuna de escuchar a mi abuela...

Absolución

=================================== TUSQUETS EDITORES. Colección Andanzas. 2012. 320 páginas. 19 € e-book: 12,99 € ================================== Como todos los que nos hacemos propósitos para el nuevo año o curso, actúa Lino, de la misma forma. Propósitos o despropósitos que se acumulan como bonanza o crítica del metrosexual que algunos llevan dentro en tanto que come, se viste, toma analgésicos o hace cualquier actividad cotidiana. Es el protagonista de esta novela, firmada por el escritor extremeño Luis Landero, que se dio a conocer con “Juegos de la edad tardía” hace, ahora, veinte años. El autor hace una sátira de los hombres y tiempos veletas en que vivimos y lo hace no sólo desde la novela, sino también desde el teatro (no en balde ejerció de profesor en la Escuela de Arte Dramático de Madrid), esa disciplina tan bien adaptable a algunos de sus diálogos. El texto, con narrador no identificado (lo que se conoce como tercera persona) pegado al protagonista como única opción posible, es una historia cómica, pero identificable y en ella vemos ecos no sólo del ya señalado por muchos Miguel de Cervantes, sino también de Oscar Wilde, pensando más en “El fantasma de Canterville”, dadas las desventuras que en ambos casos el autor hace pasar a sus personajes. También lo es porque el protagonista se convierte a su pesar en un espectro de la omisión o la pasividad, como lo es también Holden Caulfield y tantas criaturas literarias. Concebida desde un reflejo contumaz del paisaje cotidiano más delirante, la novela no empieza, como indica su contraportada, con la boda de Lino con Clara, siendo este enlace no más que una excusa para contarnos el camino que lleva a su absolución desde que sabemos que su padre fue un afectado por el caso del aceite...

Gus Gracey: Un canto a la vida resucitada Mar18

Gus Gracey: Un canto a la vida resucitada...

Asomarse a la obra de Gus Gracey supone estar dispuesto a ser arrastrado por una vorágine capaz de hacer sucumbir cualquier idea previa de lo que es la vida y obra de un pintor. De lo que es gestar un cuadro. De cómo evoluciona el trazo desde la inmadurez vital y artística, hasta llegar al culmen y apogeo de su obra, cuando miles de pinceladas hacen que el trazo del color sea como respirar; cuando la vida le ha mostrado ya todas sus caras, y todas sus pulsiones, y puede sin miedo dejarse arrastrar por la materia. Asomarse a la obra de Gus Gracey es llegar a la exposición que lo consagra (Londres, 2010), y descubrir que es la primera. Que esos más de ciento cincuenta cuadros expuestos – maduros, acabados, perfectos- han sido pintados en sólo ocho meses. Que la última, este otoño pasado, en el Eduardo Úrculo de Madrid, es una retrospectiva. Que son más de mil quinientos los cuadros pintados en menos de cinco años. Los transcurridos desde el día en que decidió dedicarse a pintar, pintar febrilmente y sin descanso, dejando todo lo demás. Desde que se encerró en el cuarto de las monturas, autoexiliado de su vida previa, como quien busca encontrarse con su animal del gran poder, pero sabiendo de antemano cuál era éste: él mismo. Resulta difícil imaginar, y asimilar, además, que en tan poco tiempo haya sido capaz de llegar a esas cotas de expresividad. Algo así no surge de pronto, espontáneamente, por las simples ganas de llenar una superficie de pintura. Aunque confluyan. No basta. Para conseguir algo como lo que Gus Gracey hace -y hace además como quien respira-, es necesaria toda una vida de observación, de aprendizaje, y de trabajo. Hace falta una...

Sacrificio Mar18

Sacrificio

Durante mucho tiempo, Andrei Tarkovski defendió que las imágenes de sus películas, los sonidos que insertaba en cada escena (ya fuera el agua corriendo o el viento soplando), cualquier cosa que enseñase, no eran más que eso, lo que veíamos. Buscar símbolos, buscar significados ocultos que no fueran más allá del propio objeto y cómo lo recibía la capacidad sensorial de cada espectador, era intentar encontrar algo que no estaba. Durante el rodaje de Sacrificio y después, reconoció que esa película estaba llena de esos símbolos. Creo yo que reconocía así que su cine, de forma inevitable, lo estaba. Cosas del arte. Ningún autor, ni en literatura, ni en cine, ni en pintura, ni en cualquier manifestación artística, puede evitar que aparezcan aunque sea muy lejos de sus intenciones. Incluso cuando la intención no existe. Sacrificio es una de las mejores películas filmadas de todos los tiempos. Es una obra maestra indiscutible. Gustará más o menos, incluso algunos no aguantarán más de quince minutos frente a la pantalla, pero eso no la convierte en mejor ni en peor película. Obra maestra. Sin discusión. Siendo un niño muy pequeño (Tarkovski), sus padres se separaron. A partir de ese momento vive con su madre, su abuela y su hermana. Según contó el mismo, su casa se sostenía sobre una estructura matriarcal muy acusada. Eso marca al director ruso para siempre. Él se casó en dos ocasiones y, parece ser que su primera mujer era muy parecida a su madre. Quería acaparar la vida de todos, todo giraba a su alrededor. Era como un cuenco en el que la vida de todos cabía. La segunda de sus mujeres fue especialmente incisiva en la vida de Tarkovski. No como la madre, sino desde fuera. Intentaba controlar cada movimiento del director. Debe ser por eso...

Nostalgia Mar18

Nostalgia

Todo lo que se hace en la vida se ve marcado por un antes y un después, por un momento en el que pierdes la inocencia o en el que entiendes que las cosas son como son, muy distintas de lo que tratamos que sean. Descubrir el cine de Andrei Tarkovski, para el que escribe, fue lo que dibujó el punto de inflexión entre entender el cine como una forma de entretenimiento que se disfrutaba desde una butaca y entenderlo como la muestra de un universo creado desde una mirada que obliga a eso, a mirar, a crear la propia para entender y hacer propio lo visto. El entretenimiento desplazado por el sentimiento. Dicho de otro modo, me conmocionó tanto como antes lo había hecho la literatura de William Faulkner. Y esto es como decir que el mundo se puso patas arriba. Antes de Tarkovski, antes de Faulkner, todo cabía. Había rincones donde guardar cada cosa. A partir de Las palmeras salvajes de Faulkner, la literatura menor, la puramente comercial, desapareció. El interés por ella se quedó en nada. A partir de Nostalgia de Tarkovski, el cine de entretenimiento, las cosas que se decían sobre el cine (también), se evaporaron. Ya sé que estoy escribiendo sobre una película, sobre la que desplazó mis intereses hasta lugares áridos para muchos e incómodos para otros. Pero crean que lo que van a leer se ha escrito desde un pudor descomunal, sabiendo que todo lo dicho (salvo los datos más técnicos) no sirve de nada cuando se trata de cine auténtico. El objetivo es uno sólo. Acercar al que se deje hasta las profundidades, no ya del cine, sino de uno mismo. Ni siquiera aspiro a ser yo el que lo haga. Me refiero al cine del director ruso que marcó la frontera entre la verdad del...

Stalker Mar18

Stalker

Hay quien necesita que pasen cosas en una pantalla de cine para que lo ve le interese o, simplemente, le agrade. Planos cortos que hacen que la acción avance con gran rapidez, una trama divertida, la música acompañando para que ayude a entender. Cosas así. Y hay quien necesita sentir cosas cuando mira la pantalla. La trama tiene una importancia relativa (no es lo más importante); la acción, el ritmo narrativo, se imprime desde la comprensión personal; la música es una ayuda para matizar lo visto. Cosas así. Son opciones igual de buenas. No seré yo el que critique una u otra. Pero lo que sí me atrevo a afirmar es que la primera impide llegar a entender un tipo de cine que roza la genialidad. Y es una pena. También es verdad que el criterio personal comienza a formarse en territorios superficiales de la realidad observada. Es decir, que pasar por esas primeras fases, buscando entretenimiento y poco más, es necesario. Incluso, no deben olvidarse nunca jamás porque cada momento demanda algo distinto y una de las cosas pedidas puede estar en esa zona de arriba. Dicho esto, conviene recordar que un buen espectador ha de ir dando los pasos necesarios para encontrarse con el cine de peso, con un tipo de cine que propone, más allá de pasar el rato, un encuentro íntimo con nuestra forma de entender algunas cosas. Los asuntos que trata este director están muy próximos a la búsqueda de sentido, a la expresión de preocupaciones que el hombre tiene desde que lo es (hombre) y que lo hace desde una simbología y un lenguaje poético que convierte el mundo en algo mucho más importante de lo que algunos quieren que sea. Tarkovski no hubiera filmado jamás una película sin incluir la exploración...

El Espejo Mar18

El Espejo

Hay quien dice que, con el cine de Andrei Tarkovski, el espectador corre el riesgo de quedar prendado por un movimiento de la cámara, por un encuadre o, en definitiva, por la forma de narrar. Es decir, que cabe la posibilidad de que prime el continente sobre el contenido. Los personajes y sus dramas pasan a segundo plano, el sentido último de una secuencia desaparece. Lo que no saben, o no parecen ver los que afirman esto, es que el cine de Tarkovski es eso: la percepción a través de la lírica de una historia narrada. El que se queda atolondrado con una imagen (eso y sólo eso) es que no se está enterando de nada. Posiblemente, tampoco se enteraría al leer un poema de César Vallejo. Aclaro que hablo de percepción, de ese no enterarse de nada. No lo hago de comprender. Porque la cosa no es comprender o dejar de hacerlo. Eso está unos escalones más arriba. El espejo es una de esas películas de las que enterarse es complicado y es una de esas películas que no todo el mundo entiende. Cuando cine es sinónimo de poesía suele ocurrir. Porque El espejo es Tarkovski y Tarkovski es la mirada poética. Y porque hay que añadir que el director indaga en las bodegas propias convirtiendo la obra en algo críptico. Ya lo avisa él al comenzar. Vemos cómo una mentalista trata de solucionar un problema del habla a un joven. Es tartamudo. Para hablar bien es necesario abrir las puertas de par en par y dejar que todo brote sin obstáculos. Hay que entrar hasta el fondo, remover y dejar ver. El director convierte esta película en su recuerdo; para ser más exactos, en la forma de recordar y ordenar el pasado. Fragmentos, falta de linealidad, rupturas espacio temporales, mezcla entre sueño y...

Solaris Mar18

Solaris

Esta película de Tarkowski llega de la mano de una magnífica novela escrita por Stanilaw Lem. Se ajusta en lo que puede y en lo que quiere el director ruso al texto original. Y, según el propio Lem, no fue una adaptación que le hiciera mucha gracia. Le pareció excesivamente melancólica, simbólica y reflexiva. Esto suele pasar cuando se encuentran poetas y novelistas. Tarkowski es poeta además de director de cine. Lem es novelista con unas características muy especiales. En la película se incluye una primera parte y un final que en la novela no aparecen. Son los lugares en los que Tarkowski reflexiona más y nos muestra su propia lectura. Pero esto debe quedar en anécdota. Tanto la novela como la película son autónomas y deben valorarse por separado. Una anécdota. Kris Kelvin (Donatan Banionis) es psicólogo. Ha de viajar a un planeta lejano llamado Solaris para decidir si la misión espacial instalada en ese planeta es viable o no. Los tres tripulantes que habitan la estación (aunque su capacidad en mucho mayor sólo quedan ellos) envían mensajes confusos y alarmantes. Cuando Kelvin llega se encuentra con un panorama desolador. Uno de los tres tripulantes, su amigo Guibarián, ha muerto. Encuentra a Snawt (Anatoli Solonitsin) y a Sartorius (Yuri Yavet). Ambos intentan ocultar lo que tienen en sus habitaciones, tienen un comportamiento alterado y casi violento. Kelvin descubre que Snawt tiene un bebé en su habitación y Sartorius un enano. No entiende nada, claro. Pero él mismo recibe la visita de su esposa Hary (Natalia Bondarchuck) que murió diez años antes después de ingerir veneno por no sentirse querida (por Kelvin). A cada uno se le aparecen recuerdos, sueños o cualquier fragmento de su mente. La tesis que manejan los científicos es que el océano del planeta Solaris es un ente vivo y...

Artemyev: la piel sintética de ‘Solaris’ Mar18

Artemyev: la piel sintética de ‘Solaris’...

“Podría imaginarse que un oyente potencial, buen lector de Kafka y García Márquez, capaz de disfrutar con una apuesta teatral de Tadeusz Kantor o con una película de Godard o de Tarkovski, en el momento de escuchar música elige obras del pasado o expresiones de música popular de autor con cierto grado de estilización en el lenguaje”, opina el musicólogo Diego Fischerman en su libro La música del siglo XX (Paidós, 1998). Tarkovski realizó pocas disquisiciones estéticas al margen de la pantalla, pero le preocupó siempre de manera particular la relación de sus fotogramas con el hecho sonoro. Y en tres de sus películas de mayor trascendencia ulterior –Solaris, El espejo y Stalker– se alió con el compositor ruso Eduard Nikolayevich Artemyev (Moscú, 1937). Quiso el cineasta crear una “música sintética”, pegada como una segunda piel a la pantalla, pero desarrollada por el músico casi en completa libertad, sólo con unas pocas directrices previas. Vista con la óptica del tiempo hoy podemos afirmar que el empleo de la música electrónica en Solaris constituye uno de los mejores ejemplos de maridaje entre sonidos digitales e imágenes de cuantos ha dado el cine. Luego llegaría Hollywood con sus manufacturadores de scores electrónicos casi siempre asociados a ritmos trepidantes, a cacharrería en combustión. Antes al contrario, Artemyev logró aportar al título más emblemático del ruso una sensación de abismal espacio, gracias a la capacidad del músico de manipular las propiedades perceptuales de los sonidos, cosiendo en una misma trama efectos sonoros y música. Sorprende que en un cineasta tan apegado al silencio como Tarkovski lo musical, de la mano de su compatriota, llegara a tomar un vuelo tan alto. Pero la capacidad del compositor de jugar con los ambientes y el vacío ayuda a penetrar más en...

Andrei Rublev Mar18

Andrei Rublev

¿Qué compromiso adquiere un artista con el resto de las personas, con él mismo o con el propio arte? ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Qué relación tiene el arte con el poder? ¿Es el arte un sueño que pueda el hombre realizar? Estas son algunas de las cuestiones que plantea Andrei Tarkovski en su segunda película, Andrei Rublev, rodada en blanco y negro (salvo los últimos planos detalle que se centran en la obra del artista) y dividida en prólogo, ocho episodios y epílogo. Tarkovski deja claras sus intenciones; intenciones que serían un continuo en toda su cinematografía. Ya estaba casi todo apuntado en La infancia de Iván aunque en Andrei Rublev su poética, su mirada, sus obsesiones, sus fantasmas, lo imprescindible, estallan y quedan estampadas en cada escena. Esta vez, el director, indaga en el papel que tiene el arte ubicado en el mundo que vivimos, en el papel del artista como artífice y en sus relaciones con el entorno; en lo que representa el poder civil y religioso para el creador; en la lucha interna que vive alguien que trata de elevarse creando obras de arte. Por supuesto, la película avanza sobre la venganza, la traición, la duda, la guerra, la envidia, los clérigos, los príncipes; sobre todo lo que marcaba un momento histórico turbio, difícil, oculto bajo el manto de un dios guerrero y vengativo con corresponsales que se tomaban las cosas muy en serio. Muchos vehículos sobre los que marchar hacia un único tema: el arte y el artista. Andrei Rublev comienza con un prólogo estupendo y extraño que sirve para anunciar al espectador lo que se va a encontrar más adelante. Un hombre se eleva un su globo aerostático (casero, inseguro, condenado de antemano al fracaso), para caer poco después. El hombre ha podido mirar desde las...

La infancia de Iván Mar18

La infancia de Iván

En 1962, Andrei Tarkovski se estrenaba con La infancia de Iván, película que dirigió con la mitad del presupuesto inicial puesto que se le encargó una vez iniciado el rodaje. La condición que puso Tarkovski para hacerse cargo del rodaje fue la de no aprovechar nada de lo filmado y reescribir el guión. Quería que el trabajo fuese suyo sin interferencia alguna. Y no es de extrañar que ese fuese su deseo. Este es un autor único, auténtico e inigualable. Cada una de sus películas rebosa poesía, personalidad, profundidad; todo lo que cuenta Tarkovski se convierte en monumento, en obra de arte; algo que no se podría conseguir utilizando secuencias de cualquier otro autor que no fuera él mismo. La infancia de Iván es una película bélica. Pero, desde el primer momento, se percibe un claro antibelicismo que toma la forma de la muerte, la locura, la angustia o la tortura. Y, además, se aleja de las explosiones, de las cargas o de la búsqueda de elementos patrióticos que realzasen el poderío militar e ideológico del régimen soviético. Tarkovski demuestra que no son necesarios los elementos militares y propios de una guerra para aterrorizar al espectador. El director utiliza la belleza para enfrentarla a la zona más oscura del ser humano. Un ser humano capaz de lo mejor y lo peor, de crear incluso lo que está más allá de sus posibilidades. Capaz de destruirse a sí mismo. La belleza de la niñez frente a las zonas oscuras de una existencia sin ella. Pero, también, la belleza de lo que da una guerra a cambio de arrancarte algo si se convierte en poesía. Tarkovski intenta no señalar con claridad los límites entre realidad y sueño, entre posible e imposible (toda su obra estará marcada por esa ambigüedad). Es lo improbable lo que toma protagonismo...

Tarkovski: La soledad del autor de fondo Mar18

Tarkovski: La soledad del autor de fondo...

Cuando hablamos de Tarkovski inmediatamente acudimos a un tipo concreto de mirada,  a la pausada y aparentemente callada inundación de los sentidos.  Escribir sobre su trabajo se hace difícil, no sólo por la densidad de sus propuestas, sino porque desde su celuloide invita al crítico a abandonar su función y hacerse poeta. ¿Cuál es el método correcto de introducirse en su alquimia? ¿Cómo concretar una carrera ajena a patrones y fórmulas? Su obra está plagada de reminiscencias autobiográficas y sin embargo su cine es también el de la irreal ensoñación. Sus formas provienen del formalismo ruso y aun así se resisten al esteticismo vacio de sus antecesores. En cada uno de sus films contemplamos la naturaleza con una intensidad a veces dolorosa, pero también  al ser humano y sus contradictorias creaciones, de la cita literaria y pictórica a la amenaza bélica como pesadilla incoherente. Su cine es el del espacio y el tiempo, sin olvidar nunca  los personajes y la intimidad de las emociones. Es el del plano secuencia detenido en una madre que nos da la espalda y que nos resistimos segundo a segundo a dejar atrás, pero también el del contraste abrupto del que surge otra mujer, casi igual a la primera, sostenida varios palmos sobre una cama por la ingravidez. La mirada de Tarkovski es la de la infancia, la de quien no puede cesar de recrear y manipular la realidad  (El espejo) o encadena los acontecimientos más terribles con una amnesia  absoluta (Sacrificio). Su primer film se tituló precisamente La infancia de Iván, un encargo de la férrea industria bolchevique realizado con casi total libertad. Un trágico viaje de la inocencia en una ensoñación cinematográfica constante y catalizada una vez más en la figura maternal como contraste a un belicoso...

En la Patagonia

Conviene fijarse en el título, En la Patagonia, no Viaje a la Patagonia aunque es eso, un viaje físico, como lo es también mítico y sentimental. Y en esa preposición que lo diferencia de la obra maestra de uno de sus confesados maestros, el Viaje a Oxana de Robert Byron, está la clave de lo que podría no haber sido más que una imitación. Bruce Chatwin escribe sobre lo que se encuentra, sobre lo que ha sucedido y sobre cómo son los que viven En la Patagonia, el viaje es pues un mero pretexto para estar en el lugar donde todo sucede, la Patagonia, el lugar en donde nada sucede. El relato del viaje es un tenue hilo conductor que le sirve al aventurero para utilizar sus variados talentos: una inmensa capacidad de fabulación, la astucia para detectar y seguir pistas novelables, la intuición para las ingeniosas asociaciones de ideas, su sexto sentido de fotógrafo que consigue capturar el momento para realizar con palabras un retrato certero de las personas o los paisajes, con un solo par de trazos; su inteligencia para convertir cualquier cosa en una anécdota. Las conversaciones con los personajes a los que se encuentra son esqueletos como los de las bestias prehistóricas tras cuyas huellas se lanza, y tienen la misma capacidad de fascinación. En la Patagonia fue un libro de viajes polémico en el momento de su edición. Algunos de los personajes que aparecen en él se reconocieron detrás de los disfraces –o sin ellos- y se sintieron heridos por la ironía del escritor, acosados cuando los jóvenes desaliñados comenzaron a recorrer el sur de la Argentina con el libro bajo el brazo sobre las huellas de Chatwin. Ambas cosas ocurrieron porque Bruce fue dueño, al parecer de los...

Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal...

Hannah Arendt no es una autora fácil. Es filósofa, es alemana. Y como muchos filósofos (los buenos) mira las cosas desde lugares comprometidos, desde lugares que ya deberían estar visitados por el lector (muchas veces no es así), desde lugares áridos y antipáticos por su profundidad. Y, como todos los escritores alemanes (los buenos), escribe muy bien, pero dando gran densidad a sus frases y utilizando un vocabulario extenso. No es una autora fácil ni asequible para lectores más acostumbrados a obras ligeras aunque este libro Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, no es especialmente complicado. Hannah Arendt viajó a Jerusalén para cubrir el juicio contra Adolf Eichmann. Este tipo era miembro de las SS alemanas y encargado del transporte de cientos de miles de judíos a los campos de exterminio. El libro resume el proceso (ella asistió cuando ya estaba algo avanzado y, por ello, algún autor trató de discutir su trabajo). Encontramos a un acusado poco inteligente, siempre descontento con lo que le iba sucediendo en la vida hasta que ingresa en las SS y ve en ello una posibilidad de hacer carrera; un tipo bastante normal que utiliza el lenguaje sin lograr una comunicación fluida, un lenguaje propio del burócrata que fue. Arendt no ve al monstruo que cabía esperar encontrarse, lo define como un tipo normal y corriente. Pero, también, encontramos un proceso de aniquilación extraordinario y sobrecogedor. País a país. Eichmann envió a la muerte a millones de personas. Eso queda claro en el estudio de Hannah Arendt. Y nos topamos con el comportamiento de los consejos judíos que colaboraron de forma inexplicable en el holocausto y una población civil indiferente o, lo que es peor, conocedora de lo que ocurría e implicada con los...

Ensayos Críticos

El acercamiento a Bruno Schulz desde la vertiente ensayística ilumina su obra sin revelar (ni abandonar) el misterio que toda palabra poética significa. Es el mismo autor quien –de manera indirecta– elabora algo parecido a una hermenéutica de su obra, en parte mediante los escasos textos referidos a su propia narrativa, y sobre todo por lo que de él descubre su precisa –y clarividente– mirada de lector. Un puñado de textos justifica sobradamente la necesidad de este libro: la teoría poética de Schulz –y cierta concepción del mundo que ella encarna– está inscrita en estos ensayos. Se ha dicho de Schulz (como de sus colegas Witkiewicz y Gombrowicz) que era un demiurgo de la forma. Es posible, aunque a estas alturas las rémoras que se han adherido al casco de esa palabra han acortado sustancialmente su alcance significativo. Al referirse a Schulz es preferible hablar de sentido. Así lo deja ver en La mitificación de la realidad: Lo esencial de la realidad es el sentido. […] Las antiguas cosmogonías expresaban esto con la sentencia: “En el principio fue el Verbo”. Lo que no es nombrado no existe para nosotros. […] De ahí esa tendencia en ella [la palabra] a regenerarse, a retoñar, a completarse para regresar a su sentido entero. La vida de la palabra consiste en que tiende hacia miles de combinaciones. O razonando lo mismo de otra manera: es muy probable que la palabra anteceda al sentido y, por lo tanto, se impone la necesidad de experimentar sus formas diversas si se quiere llegar a algún tipo de conocimiento. La forma es, de este modo, el escenario en el que se desarrolla esa investigación, y es, al mismo tiempo, una ofensiva en toda regla contra los usos positivistas del lenguaje: esos que...

Bolaño Salvaje

Libro-homenaje en torno a la modernísima figura literaria de Roberto Bolaño, chileno de nacimiento y afincado, durante sus últimos años, en Cataluña. Presenta un corpus académico y más de su obra corta y larga, la cual nos es diseccionada por colegas y estudiosos de la talla de Vila-Matas, Alan Pauls, Rodrigo Fresán, Jorge Volpi o el peruano afincado en Sevilla Fernando Iwasaki, entre otros muchos. En total suman 26 los ensayos, algunos sobre “Estrella distante”, su primera nouvelle reconocida por el gran público y, que como la mayor parte de su obra, se publicó años después de ser escrita. La figura de Roberto Bolaño siempre ha sido; sobre todo después de su muerte y tras ser publicada 2666 como best-seller en EEUU; polémica por lo que representa en cuanto a inspiración. Declaradamente vanguardista, y aún así llena de lecturas y de bromas, su artífice era un francotirador que no sólo leía todo lo que caía de escritores y noveles dentro de un caos perfectamente organizado, sino que supo convertir la posterior lisonja de editores como Ignacio Echevarría (a quién convirtió en personaje) en otra broma más. Vila-Matas habla de Perec, Pauls sabe encontrar gracia en su modo de ensayar, pero quizás sea Fresán quién más acierte cuando dice que tomar a Bolaño como un poeta satírico que arremete (y sólo hace esto) contra Isabel Allende o David Foster Wallace, es ser bastante simplista. Y es que Bolaño poeta, muchos nos quedaremos sin saber si existe; otra cosa es la prosa tan cargada de seres que aprecian y reniegan del establishment. Resulta por lo demás pertinente, el estudio psicoliterario de las criaturas de Bolaño que realiza Chris Andrews, partiendo de prototipos que no van precisamente de lo sanguíneo a lo melancólico por estar transcritos a...