El Plazo

El plazo (Madrid, Amargord, 2014) es un libro extraño, lo que no significa que sea de difícil disfrute. Todo lo contrario, apasiona. Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha explorado en su segundo poemario un territorio muy poco frecuentado por el discurso lírico y nos pone en las manos cuarenta y nueve poemas en prosa que dibujan la huella de un viaje iniciático al centro oscuro de la incertidumbre. Estos textos breves, tensos, elusivos, se nutren de una historia que bien pudiera haber imaginado el Conrad de The Heart of Darkness; tanta tiniebla, tanto corazón hay en El plazo, que uno piensa que casi se escribió escapando de la sombra de Kurtz. Olga Muñoz Carrasco nos ofrece la visión interior, subjetiva, de un sujeto poético (poliédrico, a veces una mujer sola, a veces acompañada de una pareja, a veces protectora y protegida de su familia) que escapa de algo nunca nombrado y busca una certeza que no encuentra, pues no hay sino camino en su peregrinaje y el final es comprender que no hay final: “Ahora nos hallamos en mitad del camino”, dice el último poema del libro. La historia de por qué la voz huye, busca, descansa, protege a sus crías, comparte con el otro, tiene miedo, parece haber encontrado un hueco de felicidad y luego la sospecha, pero conquista el camino y sigue adelante, esa historia, no se cuenta en El plazo. Está tan ausente en la trama que hilvana con hilo rojo los cuarenta y nueve fragmentos, como amenazadoramente  presente en cada palabra, en cada emoción, en cada gesto, en las acciones mínimas de los personajes que cruzan por estos poemas extraordinarios, que pueden leerse de manera independiente, como espacios textuales autónomos que son, pero que también admite (y a mí me...

Nada es lo que parece: El perfil vital de Alfred Hitchcock Sep02

Nada es lo que parece: El perfil vital de Alfred Hitchcock...

Primera parte: De Londres a Hollywood (1899-1939) Todos los genios necesitan que el mundo gire en una determinada dirección para que su vida sea extraordinaria. Alfred Hitchcock no fue una excepción. Llena de matices diabólicos y divinos, la personalidad del cineasta ha hecho que cientos de seudoestudios biográficos sobre su vida y obras pululen hoy por las bibliotecas y la red, buscando desentrañar las verdaderas razones que le llevaron a convertirse en un genio. Si Alfred Hitchcock (1899-1980) levantara la cabeza, diría que por fin se ha hecho justicia. Por primera vez en cincuenta años, Ciudadano Kane (1941) ha dejado de ostentar el cetro de la mejor película de la historia para cederle el puesto a Vértigo (1958), que rodó este director de origen inglés, obeso, acomplejado y obsesionado con las rubias, pero que fue capaz en esta película, de hacer una maravillosa y triste reflexión sobre el amor y sobre los velos que manipulan las pasiones sexuales. Las películas de Hitchcock no envejecen, o al menos lo hace mucho mejor que sus inmediatas competidoras. Probablemente porque bajo la mirada caleidoscópica del suspense, el director escondía sus propias obsesiones, las que le acompañaron desde que era un niño de clase media del actual East End de Londres.  La culpa, la manipulación, el sexo e incluso el sadomasoquismo estuvieron presentes en su mente y en su vida desde su más precoz infancia. Y esas obsesiones han sido una de las razones por las que su personalidad, casi tanto como su cine, sigue fascinando y atrayendo como una puerta cerrada tras la que intuimos se esconde un macabro secreto. El imaginario colectivo se ha basado sobre todo en el sorprendente libro El Cine según Hitchcock (1966),  en el que el cineasta francés François Truffaut recoge una...

REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK Sep02

REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK...

Rebeca, la fascinante novela de Daphne du Maurier sobre la pareja que habita una lúgubre mansión inglesa, amenazada por el  recuerdo fantasmal de una bella mujer muerta, dio lugar a una de las grandes películas de la década de los 40. Fue el fruto de la difícil primera colaboración entre dos superdotados del séptimo arte, el productor norteamericano David O. Selznick y el cineasta británico Alfred Hitchcock. Supuso otro colosal éxito para quien había producido Lo que el viento se llevó e inauguró la etapa americana del mago del suspense. El comienzo de Rebeca (Rebecca, 1940), con la evocadora  frase «Anoche soñé que volvía a Manderley» nos sumerge en una historia llena de misterio, en la que confluyeron dos talentos británicos expertos en crear atmósferas inquietantes: la autora de novelas góticas, Daphne du Maurier y el gran Alfred Hitchcock. A finales de la década de los 30, «Hitch», como le llamaban sus allegados, era un director muy reconocido en Gran Bretaña. Sin embargo, anhelaba conseguir trabajo en Estados Unidos, temeroso de los vientos de guerra que se avecinaban en Europa y cansado del trato condescendiente que los autores cinematográficos recibían en la elitista sociedad inglesa. Por ello, fue providencial que el productor  David O. Selznick le contratara y le propusiera rodar en Hollywood la adaptación de una novela que había despertado gran entusiasmo. En la misma, la protagonista (cuyo nombre y apellido de soltera nunca son mencionados) relata cómo, trabajando de dama de compañía de una acaudalada mujer, se enamora de un viudo, Maximiliam de Winter. Se casan y van a vivir a Manderley, la sombría mansión de él en Cornwall. La insegura joven se siente fuera de lugar en el majestuoso entorno y se obsesiona con la figura de la anterior esposa, la...

El miedo ante lo inexplicable Sep02

El miedo ante lo inexplicable...

Cualquier manifestación artística puede soportar diferentes lecturas, diferentes interpretaciones, pero eso no quiere decir que podamos pensar cualquier cosa, que podamos dejar la imaginación libre para interpretar lo que nos venga en gana. El autor de una obra quiso, al crearla, decir algo muy concreto. Es muy difícil que sea posible llegar a eso tan exacto puesto que los ojos que miran pueden hacerlo bien, mal o regular, aunque el sentido autentico está donde debe estar.
Y si se trata de Hitchcock, lo mejor es mantener la calma. Cuando nos enfrentamos a una película difícil, cargada de sentido, llena de objetos convertidos en símbolos; lo más prudente (al menos durante un primer contacto) es ceñirse a lo que se narra intentando entender. Sin inventar, sin especular. Si esa película, además de compleja, la firma Alfred Joseph Hitchcock, lo mejor es sentarse tranquilamente, dejarse sorprender, buscar la carga irónica en cada secuencia y disfrutar de ella. No quiero decir con esto que sea imposible sacar conclusiones correctas, pero, creo yo, que un buen aficionado al cine no debe hacer un papel que no le corresponde (el de analista profundo del más mínimo detalle), entre otras cosas, porque puede hacerse un lío monumental. Francamente, después de haberse escrito cientos de ensayos sobre Los Pájaros, después de poner (psicólogos, críticos y cinéfilos de todas las categorías) la película del derecho y del revés, sin que nadie haya sido capaz de aislar soluciones definitivas, supongo que lo mejor es hablar de la película con humildad y sólo de lo que parece más claro. Es lo más saludable. ¿Que es eso de hablar con humildad de una película? Pues comprender, asumir, que las preguntas que se nos plantean (las buenas de verdad) no sirven para encontrar respuestas, sino para que...

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo» Sep02

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo»...

Psicosis, la película de Alfred Hitchcock, es una de las cintas más famosas de la historia del cine. Su potencia narrativa, su técnica extraordinaria y una dirección colosal del director británico, hacen que las lecturas que se pueden realizar sean diversas, que los matices nos descubran detalles que nos lleven a territorios desconocidos y fructíferos. Eros, Platón y las aves, son algunos de los ingredientes de una interpretación de la película que demuestra cómo un trabajo se hace grande con cada mirada. ¿Por qué alguien destruiría al objeto de su deseo? El conflicto de Norman Bates es su obsesión por existir sin aceptar que ya ha abandonado su infancia. El complejo de Peter Pan implica que quien lo sufre necesite de un dependiente amor materno, como único modo de estar en la vida. Todo lo cual evidencia la fijación por poseer y esconder celosamente un bien tan preciado, llegando a eliminar a cualquiera que sea una amenaza en esta relación que queda trenzada confusamente con el amor: “Si quieres a alguien no lo dejas aunque lo odies”. Norman nos sitúa así en la antesala del crimen edípico: él no ama para sentirse bien, él posee para existir. Por ello, prefiere asesinar a su madre soltera y a su amante, pues ella, rencorosa con el padre, educó a su hijo en la misoginia. La propia madre es quien cría su cuervo. En realidad, el trastorno de identidad disociativa de Norman es engendrado por su inextinguible deseo de infundir vida a su madre, y que lo hace desdoblarse en ella cuando ésta muere y así poseerla literalmente, en una metáfora de cómo los patrones maternales son absorbidos por sus hijos. De este modo, la madre que él encarna, lo reprime cuando desea a una mujer, siendo...

Psicosis, sus remakes y un pensador esloveno Sep02

Psicosis, sus remakes y un pensador esloveno...

Slavoj Žižek es ese intelectual histriónico, con barba y despeinado, y con un acento del inglés y unos tics tan particulares que ya conforman parte de su personaje, que ilustra muy bien las teorías del psicoanálisis por medio del cine. A la política también la atraviesa con conceptos psicoanalíticos, siempre siguiendo las ideas de Lacan. Žižek se vale de David Lynch, de Hitchcock, de Kieslowski… para hablar de sublimación, de síntoma, de goce, de deseo, de lo real, de la fantasía, y sigue. En 2005 se publicó Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, un libro donde Žižek dedica un capítulo a Hitchcock y a los remakes de sus películas. Como si de una pérdida de aura se tratara, Žižek nos dice que en los remakes de las películas de Hitchcock algo se evapora. Cuando Walter Benjamin habló de la copia, en contraposición al original en arte, señaló que lo que se perdía en la copia –o en la reproducción de una obra de arte- era no tanto su consistencia sino su autenticidad, es decir, la pérdida del aquí y ahora: de la tradición y de la función ritual de la obra. Esta es la pérdida del aura que el texto de Benjamin La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica denunció en 1936, aunque con intenciones más políticas que estéticas. Volviendo a Žižek: está convencido de que Hitchcock es irrepetible, inimitable, irreproducible, porque en ese intento de re-hacer una película suya lo que se atrofia es su originalidad. En la copia (o remake) de Hitchcock también habría una pérdida de aura (para tomar el término de Benjamin) pero entendida aquí, con sentido estético, como la imposibilidad de reproducir una «dimensión hitchcockiana única». Entre las características del cine de Hitchcock...

Alfred Hitchcock presenta: Horas tomadas a la noche...

Horas tomadas a la noche es uno de los muchos libros de relatos aparecidos bajo el nombre de Alfred Hitchcock. Relatos policiales; historias de suspense, de terror, de miedo, de intriga. La especialidad de la casa.  Sin embargo, los 27  que se reparten en los dos volúmenes que lo componen, es bastante más que probable que no fuesen escogidos por el propio Hitchcock, al contrario de los recopilados en, por ejemplo Mis suspenses favoritos, el primero de los cuales, Los pájaros, llevaría al cine.  Del mismo modo en que los aparecidos periódicamente en el Alfred Hitchcock’s Mystery Magazine, publicado por primera vez  en diciembre de 1956, no lo eran. Hitchcock se limitó a autorizar el uso de su nombre. Un buen reclamo comercial, sin duda. En realidad, no importa demasiado si los relatos eran o no seleccionados por él mismo. Porque reúnen, tanto los agrupados en estos dos volúmenes, como los cientos de publicados en diversas antologías, todos los ingredientes para ser auténticamente hitchcockianos. Son relatos ácidos, macabros, en los que los crímenes se suceden las más de las veces sin remordimiento alguno, ya sea fríamente, o en el furor del momento. En los que las bajas pasiones mueven el mundo. La codicia, los celos. El sexo, soterrado, pero visible. La envidia. Los malvados se justifican, y hasta suelen tener suerte y ser sólo descubiertos por el lector, a través de alguno de los personajes (de la manera más insólita en ocasiones, como en  Apuesta arriesgada), que, ni pertenece a la policía, ni lo pone en su conocimiento, por razones puramente egoístas. El grueso de los actantes parece estar dividido en cinco grupos: víctimas, perpetradores, descubridores que lo encubren, secundarios que siempre tienen algo que ocultar, y agentes de la autoridad. No hay sitio...

Alexis o el tratado del inútil combate...

Cuando Margarite Yourcenar tenía 25 años escribió su primera novela: Alexis o el tratado del inútil combate. Como ella misma explica en el prólogo a este libro, que escribe en 1963, toma el nombre de Alexis de la segunda Égloga de Virgilio, y le hace eco al Tratado del inútil deseo de André Guide con la segunda parte del título. Treinta y cinco años después de escribir el libro, con ya 60 años, Yourcenar le agrega este prólogo explicativo y revelador a la obra. La escritura de la autora es críptica, pero ella misma le echa luz años más tarde. El formato de la narración en Alexis o el tratado… es una larga nota o carta que Alexis le deja a su mujer explicándole las razones por las que la abandona. Yourcenar prefiere decir simplemente que Alexis «es ante todo el retrato de una voz». Alexis abandona a Mónica porque son infelices antes y también después de tener un niño. Alexis no logra encontrar junto a ella ni el amor ni la pasión porque no está siendo fiel a sus verdaderas inclinaciones. Su vida profesional de músico también se ve obstruida a su lado. Entonces decide despedirse por escrito y marcharse. Alexis le explica las razones: es homosexual, aunque él nunca use esta palabra en su confesión. Recrea su infancia y su juventud para explicarle a Mónica quién es y cuándo tuvieron lugar en su vida experiencias que lo hicieron sentirse junto a la belleza. Pero evita la palabra que lo etiquete, conscientemente la evita: «Seguramente, me bastaría para hacerme comprender, con emplear unos términos precisos, que ni siquiera son indecentes porque son científicos. Pero no los emplearé. No creas que les tengo miedo: no se debe temer miedo a las palabras […]. Sencillamente,...

El ángel negro

La editorial almeriense Círculo Rojo promete.  Lo hace en esta ocasión, publicando el texto pergeñado por José Manuel Portero, escritor de El Rubio (Sevilla).Entrega una novela policíaca que, como debe ser en el siglo XXI, cuenta con comisarios cotillas que se fían más del WhattsApp o Internet que de sí mismos, así como un buen puñado de personajes, hijos de la crisis económica en que nos vemos envueltos. Existe elegancia en la propuesta, si bien muchas veces se rompe con la etiqueta de lo políticamente correcto. A su vez y sin caer en el galimatías, aunque echando de menos más precisión en el lenguaje de algunas partes, la obra de Portero recuerda a thrillers de acción como Grupo 7 y bebe en sus fuentes y argumentos de las tragedias intergeneracionales de las que se nutre Chirbes. Las pesquisas e investigaciones policiales, parecen querer dar un respiro al género negro como tal y, sobre todo, el autor parece sentirse cómodo describiendo y haciendo dialogar ágilmente sobre situaciones no sólo rocambolescas, sino con un punto de absurdo nada circunstancial. La elección de narradores es compleja y parece querer tomar esta vía con la intención de ir desnudando las aviesas intenciones de los personajes. Por ello, que empiece Ricardo contando qué sucedió al ver cómo unos neonazis trataron de quemar en el centro de Benalmádena a un mendigo inmigrante que duerme entre cartones en los bajos de una sucursal bancaria, nunca será casual para el lector; sobre todo cuando es en la segunda parte cuando Lino Ortega y su compañero toman las riendas del asunto. Planea sobre toda la trama la existencia de objetos relevantes por misteriosos, como son esas máscaras africanas, que el padre de Ricardo, Manuel, colecciona con ánimo de rendir homenaje no sólo a...

EL BANQUETE DE LOS VICTORIANOS. DÍAS DE VINO Y DE ROSAS Sep02

EL BANQUETE DE LOS VICTORIANOS. DÍAS DE VINO Y DE ROSAS...

La madrileña colección Thyssen-Bornemisza prorroga la exhibición de  las obras maestras de la pintura victoriana pertenecientes al millonario mejicano Juan Antonio Pérez Simón. Es una ocasión singular para estudiar una corriente que está ausente de los museos españoles. Algunos de los cuadros son obras maestras jamás vistas en nuestro país y representan en conjunto todas las tendencias artísticas, desde los prerrafaelitas hasta las primeros simbolistas. La primera vez que me enfrenté a Las rosas de Heliogábalo supe que me encontraba ante una imagen poderosa que no me abandonaría nunca. Fue en Ámsterdam en 1997 y fue casual. No conocía ni al pintor ni su obra, ambos se manifestaron súbitamente en la planta superior del museo Van Gogh reservada para las exposiciones temporales cuando ya tenía la mente saturada de pinceladas impresionistas. El gran óleo de Lawrence Alma-Tadema me fascinó por su gran formato, por lo novedoso de su concepción y el atrevimiento de la propuesta, por la calidad de la pintura y lo sugestivo del tema. Cuenta la Historia Augusta que el emperador Heliogábalo «empleó el toldo de una sala de banquete para hacer caer en abundancia violetas y otras flores sobre los cortesanos de tal manera que ellos, incapaces de salir a la superficie, murieron ahogados». En la Era Victoriana la pintura vivió un momento de auge en el Reino Unido. Se debió sobre todo al incremento de los coleccionistas, enriquecidos por la actividad económica, y deseosos de darse una pátina de cultura; también al desarrollo del mercado donde ganaron importancia las figuras de marchantes y galeristas así como a la vitalidad de las instituciones artísticas y de las academias. Durante más de cien años la pintura Victoriana –como sucedió con el estilo pompier en Francia o los historicistas españoles- quedó relegada al...

¿Dónde está la llama de la pasión al leer?...

LA HERENCIA DE ESZTER. SÁNDOR MÁRAI Aun cuando se trata de un autor muy bien valorado, Sándor Márai (Kassa, Hungría, 1900 – San Diego, California, 1989) es controvertido y genera opiniones muy dispares. Para algunos de mis amigos lectores –con los que tengo el placer de charlar largamente sobre literatura-, Márai es un magnífico escritor, poseedor de una voz propia y original, y buen conocedor del alma humana; según sus partidarios, su prosa precisa, depurada e intimista -en la que siempre se detectan potentes trazas poéticas-, su habilidad a la hora de perfilar y confrontar personajes y la forma en la que indaga en lo más profundo de su psicología, son virtudes que aparecen con generosidad en toda su obra. No faltan, sin embargo, quienes le consideran un autor sobrevalorado, con una fuerte tendencia a repetirse y cuya prosa llega a resultar empalagosa y, por tanto, en último término fría, escasamente convincente y hasta ociosa, como si gustara de deambular en ocasiones por el laberinto seductor de una escritura técnicamente impecable hasta llegar a escribir no ya para contar, sino solo por el puro placer de escribir. Estos juicios tan opuestos –que no obstante,  puedo llegar a compartir en alguna medida- no pasan de ser la opinión de un grupo de lectores. Sin duda el crítico literario dispone de otras claves que debe utilizar a la hora de emitir su juicio sobre una obra literaria, pero el lector no las necesita. El lector debería gozar de la libertad de acercarse al texto desde su experiencia personal, sus gustos, las lecturas anteriores, su estado de ánimo coyuntural, los rasgos de su carácter, su formación académica, bagaje cultural y cualesquiera otras infinitas variables que nos conforman a cada uno. Desde ese territorio desconocido para ustedes -y...

Un pequeño síndrome de Stendhal Sep02

Un pequeño síndrome de Stendhal...

El arte pop inundo el universo allá por los años 50. Warhol, Lichtenstein, Ritcher o Equipo Crónica, comenzaron a ordenar al arte mundial utilizando medidas nunca antes vistas. Ahora, en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza, se puede visitar una exposición que, aunque deja un sabor agridulce y puede no cubrir todas las expectativas del público, merece la pena. Los más pequeños pueden tener un primer contacto con el mundo del arte al encontrarse con personajes que reconocen y con los que empatizan fácilmente. El Pop Art surge, durante la década de los 50, en Inglaterra y Estados Unidos como una reacción artística ante el Expresionismo Abstracto, usando en contraposión imágenes de la sociedad de consumo y la comunicación de masas, dándoles un sentido diferente hasta lograr una postura estética crítica con el arte. La cultura Pop es el resultado de un estilo de vida, de la democracia, la tecnología, donde cualquier objeto deja de ser único para pasar a producirse en serie. Y surge un movimiento de estilo desnudo, mecanizado e impersonal, que eleva objetos cotidianos a obras de arte apoyándose en la estética. El dadaísmo, la publicidad, el fotomontaje y el collage son las grandes influencias en el  Arte Pop, que más allá de lo visual, esconden una irónica percepción de la realidad, una crítica de la sociedad de consumo de la que se retroalimenta. El artista pionero fue Richard Hamilton y su obra «¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan divertidos?». Roy Lichtenstein y sus composiciones salidas de viñetas de cómic, Tom Wesselmann y la sensualidad como reclamo publicitario, y Andy Wharhol y sus famosas series, forman el Olimpo de los artistas pop. A nuestro país llegaron estas influencias, aunque, como tantas veces, no se...

10 películas para explorar el cine social sudamericano Sep02

10 películas para explorar el cine social sudamericano...

Entendemos por cine social al grupo de películas que denuncian o exponen una realidad social. Podemos reconocer algunos famosos directores que se dedican al cine social, como el británico Ken Loach, o los hermanos Dardenne en Bélgica, por mencionar solo algunos europeos. En España, Iciar Bollaín con Flores de otro mundo y Te doy mis ojos es otro gran ejemplo. O Fernando León de Aranoa, con Los lunes al sol, Barrio y Princesas. Pero por fuera de Europa también hay un cine social que se hace ver y escuchar en festivales nacionales o internacionales, muestras y ciclos que se organizan permanentemente. Esta selección de 10 películas se refiere en concreto al cine social sudamericano (sin dejar de reconocer que lo hay también en el resto de Latinoamérica y en los demás continentes no mencionados). Un cine imperdible que nos acerca a aquella parte del planeta. En el cine social hay una serie de temas y tópicos que se tratan con frecuencia: drogas (consumo y tráfico), prostitución, delincuencia, marginación, paro, condiciones laborales, derechos humanos, educación, pobreza, favelas, villas miseria o asentamientos precarios, minorías sociales, y problemáticas específicas de una cultura o región, entre otros y todas sus combinaciones. El «nuevo cine latinoamericano» fue el que surgió en la década del 60 y se influenció del neorrealismo italiano. Se trató de una corriente ético-estética que intentó conectar el cine con la realidad y con la verdad de su país, comprometiéndose con los aspectos sociopolíticos de la región. Luego vino la década del 70, es decir, los años de las dictaduras. Las películas que aquí se proponen son todas posteriores a estos hechos, por tanto, son películas producidas en democracia que tienen como antecedente político dicho período y como antecedente estético aquel movimiento. Evidentemente, no todos los...

Bulerías que trepan por el pop y reconstruyen el flamenco Sep02

Bulerías que trepan por el pop y reconstruyen el flamenco...

A sus veintiocho años, Yona Luna presenta el que será su tercer trabajo de estudio. Quinto menguante, producido por Son Sur Music, es el último intento de este artista gaditano por obtener el reconocimiento de público y crítica, labor nada sencilla cuando se habla de un músico que fusiona flamenco con pop. Ha llegado la hora de consolidarse o naufragar en el intento. De arrancarse por bulerías sin renunciar a la vitalidad de otros estilos. No ha alcanzado todavía la treintena y Yona Luna es ya un artista con un historial dilatado en terreno musical. Nacido en Cádiz hace veintiocho años, lleva más de media vida dando muestras evidentes de su pasión por el cante inimitable de las tierras andaluzas.  Lleva el flamenco metido en el cuerpo, y el duende acariciando sus cuerdas vocales. Pero, además, su juventud y frescura lo han llevado a continuar una ruta que ya otros artistas se han atrevido a trazar desde hace tiempo: combinar sin miedos el pop con el estilo de su corazón. Con solo doce años, este músico recorría sin temor todo tablao que se le pusiese por delante, participando también en diferentes proyectos musicales en los que dejaba constancia de sus ganas por la interpretación y su pasión por la música. A medida que fue creciendo, fue cogiendo altura también su carrera musical. En 2008 participó en un festival de corte internacional, celebrado en Turquía, donde obtuvo un segundo puesto con su tema Malo pa’ ti. Un tema donde el cantante fusionaba el pop con el flamenco, estilo que se convertiría en signo de identidad de su trayectoria. Desde ese momento, los focos mediáticos y el calor del público fueron arropándolo cada vez más, destapando a un joven que prometía alegrías en el ámbito en...

Patrick Bard: El tiempo tras el objetivo...

Un agente fronterizo norteamericano detiene a un ‘espalda mojada’ en el paso de Caléxico. (Fotografía cedida por Patrick Bard) Su trabajo de años en el Amazonas, en Centroamérica y en la frontera de Estados Unidos con México le han hecho cosechar, al mismo tiempo, el reconocimiento mundial y una importante colección de amenazas y situaciones de riesgo. Patrick Bard se lamenta de la actual situación del periodismo pero actúa, y crea una agencia de fotografías de autor, que aportan una visión personal y comprometida de los problemas del mundo a través de sus cámaras. Libros, documentales y exposiciones son los nuevos formatos de difusión del ‘hilo de voz’ del fotoperiodismo. Su imagen no es la del arquetipo que Hollywood vende de los reporteros. No carga de su cuello con aparatosas cámaras y objetivos abollados. No lleva ropas de lona adusta, en todos verdes y tierra, como uniforme de guardia de urgencias de la noticia. Ni barba descuidada, ni facciones duras, como si la tensión hubiera querido refugiarse en algún momento difícil en los músculos del rostro, congelándolos para siempre en un rictus que impide la sonrisa. Patrick Bard es, en el primer encuentro, sencillamente, precisamente, una sonrisa que no sólo se dibuja en sus labios y en su mirada inquieta. También sonríe con el apretón de manos, con los tonos agudos de su voz de un francés de suave acento normando, heredado de la pequeña localidad de Préaux-du-Perche, a 150 km de París, donde vive, y con la suavidad con la que desliza cada uno de sus movimientos y sus posturas. No se hace notar. No capitaliza ni  una sola de las conversaciones en las que participa, aunque las experiencias que atesora bajo esa negación del tópico que es su propia imagen le legitimarían...

A puerta cerrada

Tres personas llegan al infierno: Garcin por haber maltratado a su esposa, Inés por haber provocado la muerte de un amante y Estelle por haber matado a su bebé. En ese infierno no hay hogueras sino sillones, no hay espejos ni ventanas, y no hay azar. Lo que hay es una situación planeada y calibrada. Son ellos tres, y no serán ni uno más ni uno menos. Esto es A puerta cerrada, obra teatral de Sartre. Sartre dice en La náusea: «Las tres, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer». Inés dice en la obra: «Siempre se muere demasiado pronto o demasiado tarde». La náusea dice: «Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos». Estelle dice en A puerta cerrada: «Yo tengo seis espejos grandes en mi dormitorio. […]. Me veía tal y como los demás me veían…».  La náusea: «Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar». A puerta cerrada, en boca de Inés: «Pueden coserse la boca o cortarse la lengua, qué más da: a pesar de todo, ¿no seguirán existiendo? ¿No seguirán pensando?». Y más y más paralelismos en frases. Son dos obras literarias diferentes, pero Sartre es uno. Es el intelectual que eligió la filosofía y la literatura para expresar sus ideas. No era solamente filósofo ni solamente escritor, era un pensador. Y en sus obras está el existencialismo desbordando a cada lado. Son ellas una excusa para abordar esta corriente filosófica. A puerta cerrada es una obra sobre el infierno. Cuando al final de la obra Sartre define lo que es el infierno en boca de su personaje Garcin, está creando una de...