¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine Sep30

¡Monsieur, le cinèma!: Regreso (y estreno) a la ilusión del cine...

Dos manchegos recorren Togo y Benin, llevando por primera vez cine a muchas de sus aldeas, en un proyecto solidario con un fin romántico: regalar a sus habitantes la experiencia que ellos mismos tuvieron de niños, cuando el cine ambulante visitaba las plazas de sus pueblos. La crónica del viaje, documentada en centenares de clips de vídeo, se ha convertido en una película que pretende dar a conocer la experiencia para repetirla en otros lugares del mundo. Ha pasado casi medio siglo desde aquella vez que Rafael Cabanillas obtuvo un pasaje al mundo de la aventura a cambio de una peseta. Aquel niño inquieto que corría por las calles de Torrijos no lo sabía, pero el sencillo gesto de comprar una entrada para el cine ambulante que llegaba en las noches de verano a la Plaza de San Gil marcaría un destino en su vida, y ayudaría a cambiar la de muchas personas a muchos kilómetros de distancia, y a una distancia metafórica aún mayor de la cultura de posguerra de un pequeño municipio toledano. Cabanillas, profesor de Lengua y Literatura en un instituto de Ciudad Real, embarcó el pasado verano a su amigo Paco Matas para que durante dos meses se convirtieran en transportistas de ilusiones, llevando cine a las más remotas aldeas de Togo y de Benin, en el Golfo de Guinea, al sur del Sur. Los dos pusieron sus ahorros a disposición de la aventura: compraron un ordenador portátil, un proyector, una lona de nueve metros cuadrados, un generador eléctrico de gasolina y cincuenta metros de cable, para poder colocar la fuente de energía a una distancia suficiente como para que el ruido del pequeño motor de explosión no molestara a los espectadores. Jamás habían tenido contacto con el mundo del cine, pero...

Más allá de melodías, acordes y transiciones convencionales Sep30

Más allá de melodías, acordes y transiciones convencionales...

Tuya es un proyecto nacido a raíz de la propuesta musical de David T. Ginzo. Con un epé, Own, interpretado exclusivamente por él, armó una agrupación que lo acompañase en los directos. Fue así como, convenciendo desde el escenario, Tuya editó en 2012 Waterspot, su primer larga duración. Su carácter experimental lo aparta de los circuitos convencionales, aunque la naturalidad y la plenitud de su música lo convierten en un grupo a seguir. Cuesta creer que en la música no esté ya todo hecho. Pero sabemos que no es así. Que a pesar de existir un número incontable y desconocido (y, por si fuese poco, creciente) de canciones, cada día tenemos la oportunidad de escuchar y disfrutar de algo nuevo. Y eso que la escala musical se compone de siete notas. Siete. Pero luego aparecen las alteraciones para rendir buen tributo a su nombre, y de ahí surgen ilimitadas combinaciones que hacen que la música sea, en realidad, un prodigio. Es lo que pasa con prácticamente todo aquello que está relacionado con el arte. Por temas esenciales tenemos la vida, el amor y la muerte. Que nadie nos mueva de ahí. Pero luego surgen los conflictos, los acuerdos, las experiencias que en resumidas cuentas dan pie a millones de novelas, de películas, de cuadros, de fotografías, de canciones. Cada una con su propia mota de particularidad, que la diferencia del resto. Y es así como llegamos hasta Tuya. Tuya no es un conjunto musical al uso, entendiendo por el mismo una agrupación con su número invariable de miembros y su estilo definido. Hay bandas con historias que podrán resultar más curiosas, más insólitas. Pero esta no está nada mal y, desde luego, se aparta de unos cuantos cánones. Tuya se forma a finales de...

Cooltureta

Cooltureta no es un cómic. La portada ya lo deja bien claro. Tacha la palabra «cómic» e imprime «novela gráfica». Claro, no es de extrañar, es mucho más cool hoy en día hablar de novela gráfica que de ese género ya clásico del relato visual. ¿Pero qué es un cooltureta? Un cool de la cultura. Es decir, esos personajes que van por la vida haciendo alarde de lo cool que son, valiéndose para ello, sobre todo, del consumo de ciertos productos coolturales. Esos que viven en barrios cool (como Malasaña en Madrid), que comen comida cool (esa que parece escrita en otro idioma cuando la vemos en el menú del bar cool, el que tiene sillas que se usaban en otra época y una camarera que estudia teatro) y van a lugares cool (es decir, no van a sitios comerciales ni al bar de toda la vida). El protagonista de Cooltureta es un hombre, probablemente un treintañero, que se muda a un barrio cool, donde hay muchos negocios que venden ropa vintage, y bares-librerías. El treintañero va a un cine cool (porque quiere explotar la oferta cultural que le ofrece su nuevo barrio) que no es más que el Cine Doré, conocido también como «la filmo», y luego cruza a un reconocido bar de enfrente que ofrece tapas de autor. Esta es la entrada al libro, y las ilustraciones y el guión son tan buenos, que la verdad es que sentimos que estamos en esas aceras de la calle Santa Isabel junto a los personajes (estos, o los de la vida real). Luego, el treintañero, que quiere pertenecer al mundo cool, acudir a los sitios coolturetas, participa de algunos eventos, como una fiesta del coworking o un festival de cine independiente al que puede...

Liquidación

Editada en la sede mallorquina Sloper, su autor, que ha escrito tres ensayos anteriormente sobre cine y conoce de primera mano el tema y el campo de acción de su personaje Luis Dédalo, siembra controversias con ésta su primera novela que vende como de autodestrucción, siendo en este sentido la referencia, el género y modelo de autoayuda norteamericano, ya tan temiblemente agotado como lo está nuestra propia sociedad. En el libro aparecen sugeridos y narrados los mundos del 15-M y sus consecuencias, los comedores sociales pegados a los pocos y clasistas cines que aún existen en Madrid, el fin de una época que probablemente se clavó tanto en nuestra retina como una aguja hipodérmica. Porque también hay drogas, alcohol y vestigios, muchos vestigios de una época que fue sólo para algunos y en la que muchos de ellos fueron los cínicos que ahora enarbolan esas conciencias que quieren salirse del consumo y no pueden, obligadas a sobrevivir. Narrada en primera persona por este protagonista que no es más que un crítico del Séptimo Arte, cuya estela ideológica parece encontrarse entre el mejor Carlos Pumares y el elegante Antonio Gassett de Días de cine; su historia recuerda por lo de bajada a los infiernos a la de El crepúsculo de los dioses, aún a sabiendas de que no es el muerto en una piscina quién habla, sino el muerto en vida o el que no tiene donde caerse muerto, un inadaptado que somos todos, un desecho social que se empieza a ver a sí mismo como tal, a pesar del dinero que ganó, los polvos que echó o la droga que consumió. Porque el recuerdo que va de la retina al cerebro de aquel gran cine que tanto se reivindica, está hecho de pedazos, de...

Un belvedere y vistas al mar...

Este libro no es una, sino dos joyas, y hace un año que salió sin ser notado. Un belvedere y vistas al mar (Granada, Diputación de Granada, Colección Genil de Literatura, 2013), atribuido en la carátula al pintor, dibujante y diseñador gráfico granadino Claudio Sánchez Muros, es una auténtica rareza al alcance de cualquier bolsillo. Se trata de una edición facsimilar que la Diputación de Granada ha sacado a la luz en homenaje al que fuera uno de los maestros del diseño gráfico de nuestro país, fallecido en 2010. Ligado a la escritura poética desde sus colaboraciones con el grupo Poesía 70 hace más de cuarenta años, la escritura experimental y visualista fue una de las semillas de su concepción plástica y en Un belvedere y vistas al mar retorna Sánchez Muros a la relación entre discurso poético y discurso plástico. Por aquí se anda lo de las dos joyas, me explico: a comienzos de la década de 1990 el poeta Antonio Carvajal regaló al pintor un ejemplar de Extravagante jerarquía, libro en el que se recogían todos los poemarios que Carvajal había editado desde1968, cuando irrumpe en el panorama literario español con el excepcional Tigres en el jardín, hasta 1981 en que dio a publicación Sitio de Ballesteros. El pintor tomará el libro como cuaderno de dibujo y a lo largo de los años mantendrá un diálogo creativo con los poemas, iluminando las páginas de esa delicia para la inteligencia que es Extravagante jerarquía. No se trata de ilustraciones que más o menos pudieran representar gráficamente esta o aquella anécdota, sino de una obra convergente: los poemas incitan a la creación plástica de Sánchez Muros, que se derrama a capricho por la página. Casi siempre respeta el grafista el texto del poema, pero...

Lars Von Trier. El exceso como norma Sep30

Lars Von Trier. El exceso como norma...

Dictador y genio, revolucionario y pesimista, crítico y autocomplaciente… Son muchos los adjetivos que sirven para referirnos a Lars Von Trier, una de los nombres mas personales y polémicos del cine contemporáneo, empeñado en mostrarnos el camino del sufrimiento  y tan propenso a meterse en problemas como eficaz en esquivar etiquetas. Su obra, siempre sorprendente, nos ha proporcionado alguno de los picos mas altos de la cinematografía reciente. A pesar de que los años cumplidos lo alejen de la condición de enfant, Lars Von Trier es, quizás, el director de cine que mas merece la distinción de terrible por su continua necesidad de trasgredir fórmulas cinematográficas y tabúes sociales. Su trabajo es continuación genealógica de la mejor escuela nórdica, con Murnau, Dreyer y Bergman como figuras ejemplares, aunque  el director danés haya sabido mantener una marcada e irreverente autoría artística, de  evolución tan abrupta como coherente y reflejo de una personalidad egocéntrica y brillante a partes iguales, polémica muy a sabiendas, e impertinentemente sincera hasta el extremo de generar odios y fobias. Hablar de Trier es hablar de provocación en cada uno de sus trabajos, que llegan a bascular entre lo impostado y lo impúdico, siendo capaz de perpetrar una boutade de pretensiones experimentales como  El jefe de todo esto  o suicidios artísticos como la apabullante Anticristo. Pero el cineasta danés es sinónimo, sobretodo, de exceso; de exceso visual en su primera época, cuando recién graduado llamo la atención con El elemento del crimen y Epidemic, cintas de un barroquismo formal artificioso que lo sitúan ya como francotirador del acartonamiento académico, frescos experimentales sobre los que edificar su tercer film y su primer gran triunfo, Europa, poseedor de una imaginería visual desbordante que recorre la historia del cine y epítome de un joven Trier...

La belleza de la extinción Sep30

La belleza de la extinción...

Melancolía de Lars Von Trier es recordada por la rueda de prensa de su presentación en Cannes y las declaraciones del director sobre el nazismo, que lo apartaron del Festival como persona no grata. Pero huyendo de la polémica encontramos en su metraje la más firme puesta en escena de su nihilismo filosófico y un compendio de hermosas imágenes que recrean un doloroso estado de ánimo tan tensamente suspendido en el tiempo como la armonía wagneriana que las acompaña. La seriedad que caracteriza el cine de Lars Von Trier surge a menudo de sus propias crisis depresivas, extrapoladas en una profunda y a la vez accesible reflexión sobre la vida y esa parte de la misma que conformamos los seres humanos. Melancolía es la cinta del autor que mas claramente muestra dicha traslación a través de una amenaza exterior que pretende consumir el mundo, y que tiene tanto de íntima orquestación de ciencia ficción catastrofista como de intensa proyección psíquica (similar por ejemplo a la que Hitchcock creó con sus pájaros asesinos en The Birds) de una necesidad de castigo y autodestrucción del ego. En uno y otro caso, lo que el director danés nos ofrece es un nuevo capítulo de su concepción nihilista de la existencia, sujeta a una falta de sentido en la que el ser humano constituye una forma de vida que solo consigue actuar en la anodina displicencia o en el sufrimiento, y que, como indica fríamente la protagonista de la cinta, nadie echará de menos cuando desaparezca. El mayor logro de Trier en esta deslumbrante y pesimista película es recrear todo un estado de ánimo en el que aflicción y belleza visual se retroalimentan para retratar la desolación interior y la salvación balsámica de la muerte, atravesando un cúmulo...

No se puede hacer cine estando deprimido Sep30

No se puede hacer cine estando deprimido...

Lars Von Trier es un buen realizador. Lars Von Trier es un provocador. Lars Von Trier es un director de cine que se deja llevar por sus pasiones sin saber tomar distancia con ellas. Lars Von Trier confunde la provocación con el asco o el escándalo. Todo esto puede decirse de Lars Von Trier; que logra poner a la crítica en guardia o al espectador a la defensiva, con cada uno de sus trabajos. Anticristo es una excelente muestra de ello. La gracia de una obra de arte, o de lo que aspira a serlo, es provocar. Un ejercicio de inteligencia en el observador, un cambio en la percepción de la realidad, la aparición de preguntas (tal vez sin respuesta). Porque, simplemente, provocar un respingo, una mueca de desagrado o una carcajada, se queda corto. En el mundo hay muchas cosas que provocan eso y no son obras de arte. Por otra parte, la gracia de ser artista (entre otras cosas) consiste en, ineludiblemente, tomar una distancia suficiente con lo que se quiere contar para no dejarse contaminar por sentimientos o actitudes que pudieran convertir la obra de arte en algo tan, tan personal, que no interesase a nadie. Normalmente, ni al propio artista. Pues bien, Lars Von Trier es un provocador. Un buen realizador (a veces) que hace oscilar su obra de las zonas más geniales a las más ramplonas y ridículas (más veces). Un hombre que se deja llevar por sus pasiones más allá de lo que debería consentirse (muchas veces) o de ejercer una mirada crítica, casi quirúrgica, y profunda, que resulta perturbadora y enriquece a cualquiera que tenga acceso a ella (a veces). Esto no es cosa exclusiva de Von Trier. Le pasa a todo artista que se precie. Pero...

La épica de la sencillez Sep30

La épica de la sencillez...

En la trilogía cinematográfica a la que pertenece Rompiendo las olas, Von Trier recupera su obsesión adolescente por la capacidad de entrega del ser humano. El director danés lo hace además rindiendo un implícito homenaje a su compatriota Dreyer, y desplegando todos los recursos narrativos que el Manifiesto Dogma  pone a disposición de la historia del cine. No puedo decir que Lars Von Trier sea uno de mis directores fetiches. Ni siquiera puedo decir que su filmografía y trayectoria profesional, aún calificándola de extraordinaria en el sentido literal de la palabra, me fascine. No puede negarse que su afán por romper lo establecido y ser el creador de Dogma 95,  uno de los movimientos cinematográficos más auténticos y vanguardistas, le ha elevado según algunos, a la categoría de creador e innovador cinematográfico. Sin embargo, buena parte de sus películas, especialmente las de su más reciente etapa creativa, exceden con creces el buen gusto y se dedican casi exclusivamente a dar rienda suelta a sus instintos pornográficos, mezclados con una buena dosis de sadomasoquismo nórdico.  Películas como Anticristo (2009) y Ninphomaniac (2013) no pueden calificarse más que de subversiones del subconsciente adolescente de un director  pagado de sí mismo y que ha decidido hacer, cinematográficamente hablando, de su capa un sayo. Sin embargo, en medio de esta debacle sexual en la que se ha convertido últimamente su cine, Von Trier (el ‘von’ distinguido es un añadido personal a su apellido producto de su admiración por directores como von Stroheim y von Sternberg) nos ha brindado auténticas joyas del cine. Y probablemente sea Rompiendo las olas (Breaking the waves, 1996) el mejor paradigma de cómo la técnica depurada, cruda y realista producto del Manifiesto Dogma, y la poesía, las emociones y las obsesiones convertidas en fotogramas,...

El ocaso de Jesucristo Sep30

El ocaso de Jesucristo...

Lars Von Trier es capaz de sorprender a cualquiera que se acerque a su obra. Pero en Dogville eso se traduce con más fuerza que nunca: la inteligencia del espectador es tomada en cuenta como fundamental en el encuentro, la originalidad del escenario es apabullante, los diálogos arañan la conciencia, los actores son dirigidos con gran acierto… Y, todo ello, como escaparate para un despliegue fascinante de ideas que permiten distintas lecturas. Una de ellas es esta. ¿No es el rostro de Grace la imagen de Jesucristo? ¿No ha quedado hoy su figura más maltrecha que nunca en pueblo de perros? Asistimos al ocaso del ídolo cristiano de la bondad profunda e incorruptible en una sociedad que rechaza cualquier espejo que no sea made le moi. Dogville es así, ante todo, una historia cruel de espejos: el perro que se mira en la santidad de la joven no puede sino sentir odio hacia ella al dejar al desnudo su inútil maldad, que avergüenza por la realidad última que ello compromete: la belleza no puede ser amada en un pueblo de canes cainitas. ¿Cómo puede la rosa enfermar con las espinas de otras rosas? Coronan de espinas la «arrogancia» de la bondad que encarna de forma incomparable Nicole Kidman, arrodillándose ante el bíblico «como yo os amo, así también vosotros os améis mutuamente». Ponen, más bien, el collar de perro que ¡en realidad les pertenece a ellos!, pero es que en el espejo en que se miran, la imagen que éste les devuelve es la de Grace, y ella, sin embargo, solo pronuncia algo que recuerda mucho a estas palabras del Mesías: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». Pero los habitantes de Dogville solo saben de espejos rotos -propios del príncipe de Valaquia-...

Blues en lo profundo de la marisma Sep30

Blues en lo profundo de la marisma...

El próximo sábado cuatro de Abril llega una nueva edición del festival Tomate Blues, encuentro heterogéneo y de sabor genuinamente popular, que convoca en el Parque de los Hermanamientos de la sevillana localidad Los Palacios y Villafranca, a amantes del blues (y también a amantes de la mas sencilla y pura diversión) de muchos lugares. Con la actuación de grandes músicos como La blues band de Granada o Lolo Ortega, que se encargarán de recrear en plena marisma sevillana un pequeño delta al sur de los Estados Unidos. Cada otoño, con la llegada de las primeras tardes agradables, noches de brisa fresca y el rugir de la vida que se reincorpora a la cotidianidad tras las vacaciones, Los Palacios y Villafranca, localidad del bajo Guadalquivir, ofrece una fulgurante despedida al verano y calma su pasión, volcada en la guitarra y el cante flamencos, en favor del sonido de otro sur igual de sudoroso, adoptando como propio el canto de la Norteamérica mas profunda. El Tomate Blues, festival dedicado a la música nacida a orillas del Mississipi (junto a otras afines) y evento cada vez mas  multitudinario, llega a su cuarta edición el próximo sábado 5 de octubre, convocando por igual  a fieles y profanos de esa música del lamento y la emoción, que tan bien conoce la racial marginalidad de la que surge lo jondo, para dejar claro en la práctica algo que ya intuíamos en la teoría, que en el sur, da lo mismo si es el peninsular o el de los Estados Unidos; el gentío, la fiesta y la música se viven de forma única Quizás el sol bajo reflejado en la marisma, la humedad de estas tierras, se parezcan mas de lo que pensamos a los calurosos páramos en los que...

NIÑOS, DOLOR Y SILENCIO...

Durante la niñez, todo queda registrado en una memoria nueva e imprescriptible, para bien y para mal. Expulsados antes de hora de ese paraíso privativo, los niños sufren en silencio y se vuelven prematuramente juiciosos. ¿No lo creen? Escuchen a Nicolas. Pero, sobre todo, sea esta lectura mejor, peor, llevadera o dolorosa, dediquen todos sus esfuerzos a proporcionar una vida mejor y un mundo más habitable a los pequeños que tengan cerca. En la contraportada de la edición de Anagrama se reproduce una frase extraída de la reseña de Vincent Landel en Le Magazine Littéraire que describe a la perfección la novela de Emmanuel Carrère. Dice Landel: «Con un rigor extremo, con un tacto extremo, Carrère traza una red de sutiles señales, amenazas y premoniciones, trabajando con un registro preciso, directo, casi naturalista, en la elaboración de una perfecta narración de terror». Comparto al cien por cien este dictamen al que poco podré añadir en las siguientes líneas, salvo recomendarles encarecidamente la lectura del libro. Emmanuel Carrère nació en París en 1957. Diplomado por el Instituto de Estudios Políticos de su ciudad natal, ha ejercido el periodismo y es guionista de cine y televisión, además de director cinematográfico. Varios de sus libros han sido llevados al cine y en el año 2005 dirigió la adaptación cinematográfica de su novela El bigote (La moustache, 1986). Forman parte de su obra otras novelas como El curso de invierno (La classe de neige, 1995), y De vidas ajenas (D’autres vies que la mienne, 2009), y las biografías Werner Herzog (1982), Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos: Philip K. Dick 1928-1982 (Je suis vivant et vous êtes morts, 1993),y Limónov (2011). Ya he comentado alguna vez que elijo mis lecturas de manera desordenada y poco ortodoxa, a...