¿Qué es eso de ser escritor? Mar25

¿Qué es eso de ser escritor?...

¿Puede ser escritor cualquier persona? Hoy, con las nuevas tecnologías agarradas como lapas a todo lo que hacemos, podría parecer que la respuesta a la pregunta es sí. De hecho, todo el que quiere escribe y lo publica. Ahora bien, escribir es una cosa y ser escritor es otra bien distinta. Publicar y tener cierta presencia es una cosa y sumarse a la extraordinaria acumulación de títulos que pasan desapercibidos es otra. Un escritor es el que busca sin parar. Pero no tratando de encontrar una historieta, más o menos, atractiva. Lo que busca el escritor es esa zona de la realidad que, convertida en ficción, puede explicar la realidad misma. El escritor sabe que en algún lugar se encuentra eso que tanto ha buscado desde niño; y sabe que tiene la obligación de continuar con el rastreo sin perder la condición con la que comenzó. Dejar atrás la mirada infantil marca el declive de cualquiera que se dedique a eso de escribir. Mirar a un lado, al otro, de frente, hacia atrás. Sin prisa, con el deseo auténtico de descubrir, sin buscar halagos gratuitos e innecesarios. Escribir, ser escritor, es algo muy serio. El grado de compromiso que se adquiere con el mundo es casi sagrado. El que sólo quiere escribir para aparentar ser nó sé qué o vender libros no lo consigue. Hay que estar dispuesto a enfrentar una realidad dura e hiriente, la gran mayoría de las veces, para explicarla. Hay algo que muchos no terminan de entender mientras piden a gritos tener la posibilidad de llamarse escritor: el ser humano podría renunciar a todo (a la luz eléctrica, a sus propios padres, a internet, al amor, a Dios…), pero nunca al relato, a la explicación de sí mismo; un relato...

Información Vs. Expresividad...

Aladar quiere ser un espacio cultural en el que el lector pueda participar activamente. Para ello, hemos creado nuestro propio taller que será el de nuestros lectores. Cada quince días propondremos un asunto sobre la escritura que será motivo de experiencia creativa para los lectores que quieran experimentar con el lenguaje y con su propia realidad. Bienvenidos al Taller de Escritura Creativa Aladar Información Vs. Expresividad El paralelismo entre literatura y realidad es grande. Mucho. Al fin y al cabo, con la literatura intentamos la representación de una realidad, una realidad que aún no conocemos, que está por venir, pero una realidad con gran número de elementos compartidos por las personas. Es la televisión la que se aleja de lo real, no la literatura. Por eso, casi siempre, los “secretos del escritor” (¿?), esos que algunos no confiesan por no sabemos qué extrañas y profundas razones, no son más que producto de la observación del entorno. Finalmente, se trata de ordenar lo que se ve. Poco más. En literatura, que un personaje diga “te quiero” a otro, ha de aparecer en la narración cargado de sentido, de expresividad, no puede ser pura información puesto que eso se recibirá por parte del lector como una cosa bien distinta dependiendo de cada caso. Si, por ejemplo, el personaje dice a la mujer que tiene enfrente “te quiero” para engañarla y poder acceder a sus riquezas deberá ir impregnado de un sentido (la voz narrativa será la que aporte tal cosa). Si, por el contrario, nuestro personaje lo dice para evitar una ruptura el sentido deberá ser otro bien distinto. Podría pasar que en un relato apareciera alguien diciendo a otro “te quiero” sin más, como un dato, como mera información (esto es muy habitual). La cosa...

Anatomía de los abogados de película Mar25

Anatomía de los abogados de película...

James Stewart fue uno de los pocos actores de Hollywood que se alistaron para luchar en la segunda guerra mundial (de hecho fue, incluso, condecorado). Llama la atención el contraste entre sus interpretaciones anteriores y posteriores a la conflagración. En las películas previas transmitía cierta gazmoñería, pero el sufrimiento que debió experimentar le dotó de una mayor profundidad psicológica y a sus ojos azules de una combinación de descreimiento y nobleza muy peculiar, sólo repetida en la mirada de Paul Newman en Veredicto Final (The Verdict, Sydney Lumet, 1982). Ambos actores interpretaron con maestría a dos abogados en un momento crítico de sus carreras. En la mencionada Veredicto Final, Newman es Frank Galvin, un picapleitos fracasado y borrachín que se empeña en una causa aparentemente perdida; la defensa de una mujer que fallece víctima de una posible negligencia quirúrgica. Galvin se enfrenta al corporativismo médico y a un contrincante sin escrúpulos (un fantástico James Mason) y lucha con denuedo porque en su fuero interno sabe que en esta lid se juega no solo un caso profesional sino recuperar su dignidad. Es una gran película que cuenta una fascinante historia de redención personal. ¿Acaso hay algo más cautivador para el público? Por su parte, James Stewart encarna en Anatomía de un asesinato (Anatomy of a murder, Otto Preminger, 1959) a Paul Biegler, un antiguo fiscal de distrito reconvertido en abogado, que quiere ganar su primer caso como tal. Se trata de la defensa de un militar (un Ben Gazzara muy inquietante) acusado de matar al hombre que presuntamente habría abusado de la mujer de aquel. Es hipnótico contemplar cómo Stewart siembra en su cliente la idea de basar su estrategia jurídica en la locura transitoria porque hay tanta sutileza en sus palabras como ambigüedad en...

Picasso y el arte moderno (en el taller)...

Para todos es de sobra conocido lo que representa la figura de Pablo Picasso dentro del arte moderno y lo de menos, aquí, es si el pintor y escultor malagueño fue más cubista que naturalista, o viceversa. Eso parece hoy carente de sentido para un espectador común o medio e incluso mínimamente versado en estas lides. En la exposición que se celebra en Madrid se pretende mostrar el trabajo de taller de un gran pintor y dibujante que como saben sólo unos pocos triunfa aún hoy día más fuera que dentro de su propio país. Ha tenido que ser precisamente esta exposición de carácter gratuito, donde de un modo algo obtuso, nos lleguen grandes obras. La financiación es de lo más variopinta: desde el Philadelphia Museum of Art, la Phillips Collection de Washington, pasando por el Centre Pompidou parisino, la Tate londinense, hasta el Museo de Arte Moderno de Kioto, eso sin contar el apoyo museístico de Madrid y Barcelona, por todos conocido, entre otros. Disfrutar a Picasso en su taller desde la mera fruición o goce estético es tarea complicada y esto es porque, como los grandes, Pablo era esencialmente un bromista en su actitud con el arte, de tal forma que tras años de rigurosa disciplina y con tal de no repetirse, acabó convirtiendo en arte todo lo que tocaba, y aún así el monstruo no le devoró. Si ustedes quieren ejercer de voyeurs, no vengan a esta exposición, pues encontrarán más recursos espiando a su vecina o vecino o simplemente observando la realidad que les rodea. Complejas naturalezas muertas (aún así muchas de ellas carentes de un estudio riguroso de la perspectiva afeada adrede), mandolinas sin cuerdas y extrañas figuras así lo atestiguan, de tal forma que de las más de...

Asfixia

Asfixia es un libro con muchas lecturas. Posiblemente, tantas como lectores. Como la propia vida. En ella Chuck Palahniuk nos cuenta la historia de Víctor Mancini, un joven que, tras haber abandonado los estudios de Medicina, ha encontrado una forma muy peculiar de ganarse la vida: atragantarse, cada noche, en un restaurante distinto, sabiendo que, de esa forma, creará un vínculo para siempre con la persona que acuda a socorrerlo. De esta forma, convierte a los demás en responsables de su propia vida, sin escrúpulo alguno. Cartas de felicitación de cumplevida en los aniversarios, que vendrán acompañadas las más de las veces de dinero, en respuesta a alguna creíble excusa esbozada en las cartas que dirige regularmente a sus salvadores, para impedir que puedan desvincularse de él. Su vida transcurre entre las visitas a su madre, Ida Mancini, una chiflada que en su juventud fue detenida innumerables veces por acciones contra el sistema, incapacitada judicialmente e internada en una residencia, su trabajo en una atracción que recrea la vida en la América colonial del siglo XVIII, y sus conversaciones con Denny, pregonero en la misma atracción, y adicto al sexo como él. Una novela cínica, descarnada, obscena, llena de detalles escabrosos, y con un sentido del humor corrosivo, en la que no parece haber un solo personaje, principal o secundario, que sea algo más que un desecho. Y, como tal, es un buen libro si queremos quedarnos en esa lectura, en la superficie. Aún así, merece la pena. Porque es un libro bien construido, si bien no es, ni mucho menos, apto para todos los paladares. Pero sería una lástima quedarse ahí porque, en tal caso, lo más probable es que esta narración nos acompañe con su lectura el tiempo de llevarla a cabo...

Miel de abeja

Kursala. Universidad de Cádiz 4 de marzo-18 de abril. El bodegón como género entendido desde las artes plásticas siempre nos presenta algo que se ofrece para no poder ser disfrutado, sólo deseado (o ignorado, según el caso), y es posiblemente la forma representada que mas invoca la distancia insalvable entre el referente y la imagen. Su disposición, generalmente sobre una mesa, ordenado y preparado para la degustación, nos proporciona casi todas las sensaciones menos aquellas para las que la lógica nos indica que ha sido preparado. Los misteriosos bodegones que forman Miel de abeja, la exposición de María Sánchez (1977, Ávila) comisariada por Jesús Micó, amplifican esta siniestra sensación desde la austeridad formal y la precisión conceptual. Sus habitaciones en penumbra contienen antes que ninguna otra cosa, la mesa, el receptáculo necesario, un lugar cubierto fantasmagóricamente por una sabana en toda ocasión desde el que subyugar nuestra percepción en la distancia. Luego están por supuesto los elementos dispuestos sobre ella, siempre mínimos, siempre un contrapunto del espacio vaciado, queriendo rasgar la tabula rasa de nuestra percepción mas inconsciente, cargar de sentido la imagen, resultando siempre un ofrecimiento sutilmente peligroso en el que se nos incita a cometer algún acto, a sucumbir al deseo que se revela desde el espectador hacia la imagen abierta de par en par. Un ofrecimiento que alcanza la mayor y perturbadora contradicción en su simbólica literalidad cuando es el cuerpo de la artista el que ocupa la imagen. María Sánchez, situada en ese territorio de la creación fotográfica alejada del documento y enraizada en la escenificación, se dirige, quizás sin tenerlo demasiado en cuenta, hacia rincones metalingüísticos, hacia el misterio de la fotografía como acto de voyeur penetración en el otro, su actitud violentamente arrebatadora apunta hacia el origen de...

Más allá de ElDorado, oro y poder en la Colombia antigua...

Museo Británico – Londres 17 de octubre 2013 – 27 de marzo de 2014 Oro. La leyenda del Hombre Dorado de la laguna de Guatavita capturó la imaginación del Renacimiento y atrajo, como moscas a la miel, a los aventureros al Nuevo Mundo: Lope de Aguirre, Francisco de Orellana, Felipe de Utre, Pedro de Quesada… Las expediciones armadas atravesaban selvas y desiertos, violentas cordilleras y mefíticos pantanales, sucediéndose los sufrimientos y las penalidades en busca de la realidad de un sueño. Eran las ciudades de oro que Marco Polo había visto en Cipango, cuyo resplandor prendió con violencia en la imaginación medieval. Enceguecidos por la codicia se atisbaban ya los tesoros, en el medio de las fiebres interminables, detrás de unos árboles, al otro lado de un monte, bajo las ruinas de una ciudad perdida. En los caminos de España, cantores y lazarillos expandían la especie por los pueblos castellanos, sofocados por un sol implacable. Oro, allí, en alguna parte, a disposición de quien fuera tan osado e ingenioso como para llegar y agacharse a recogerlo.  Acudían los muchachos a los muelles de Sevilla y a las casas de contratación para embarcarse como grumetes. Oro: reconocimiento, honores, riquezas, fama, inmortalidad. Como primicia de todo ese esplendor, los indios salían de las espesuras con objetos de una belleza bárbara que intercambiaban por baratijas y la pregunta de aquellos hombres blancos y barbados era siempre la misma, gritada con desesperación, ¿Dónde, dónde está el oro, de dónde viene? El mito de Eldorado ha quedado grabado para siempre en la memoria colectiva de la humanidad a través del cine y de la literatura, hasta llegar a nuestros días. Durante siglos, los europeos intentaron arrancar sus secretos a la laguna, llegando incluso a drenarla para extraer sus tesoros....

La expedición de Ursúa y los crí́menes de Aguirre...

Nos entusiasman las introducciones del editor Javier Marías, del prologuista Pere Gimferrer, y de la traductora Soledad Martínez de Pinillos, a quienes se ve apasionados por ésta historia novelada. Nos emociona la referencia a los hechos legendarios, la expedición en busca de El Dorado. Agradecemos la edición porque es necesario conocer las diferentes visiones de los hechos, rescatar a su compositor, Robert Southey, reivindicar el género. No es oro todo lo que reluce. La expedición -iniciada por Pedro de Ursúa y concluida por Lope de Aguirre- que atravesó el continente americano desde el Perú hasta la desembocadura del Orellana, terminó como el Rosario de la Aurora, su crónica es espeluznante, una sucesión de crímenes innecesarios y de actos de tiranía que convirtieron la marcha en un despropósito, sus líderes han pasado a la Historia como grandes infames, insertando en ella una página negra, que desborda lo cuestionable de las hazañas de Cortés, Pizarro o Alvarado y se adentra en el lado oscuro, porque nos muestra –solamente- el envés descarnado de la conquista, la codicia desenfrenada, el ansia de poder y la crueldad extrema de unos hombres alienados por la grandeza de lo que estaban viviendo y por la naturaleza pesadillesca que los envolvía, pero sobre todo por su propia maldad, enfrentados a su dios, despóticos, levantiscos y traidores. Robert Southey toma la historia de Piedrahita, de Garcilaso, de Ulloa, de Simón, la convierte en una novela de aventuras, Gimferrer ve en ella acentos de tragedia shakespeariana y los ve con razón. El tono y el leguaje trascienden el ochocientos porque la novela se podía haber escrito hoy, y no hubiera sido desacertado restituir las fuentes castellanas que cita el texto original, aunque fuera en un apéndice, lo que hubiera sumado en vez de restar....

Los mares del Sur

Più nessuno mi porterà nel sud  (ya nadie me llevará al sur) Salvatore Quasimodo Leí por vez primera Los mares del Sur en 1979, año en el que Manuel Vázquez Montalbán ganó el Premio Planeta de novela con este título. Yo tenía 16 años y recuerdo que me gustó y que, ya entonces, la releí un par de veces. Al hacerlo ahora de nuevo, mi opinión sobre la calidad literaria del texto ha cambiado un poco, pero las sensaciones de la primera lectura persisten con inesperada nitidez. Los libros marcan, nos hacen, y es solo de esas cicatrices de las que puede hablar alguien que no tiene la crítica literaria entre sus ocupaciones profesionales. Quizá deba aclarar también que para una lectora como yo, poco metódica y sin prejuicios, el mero hecho de que un texto gane un premio, no lo convierte en necesariamente bueno, pero tampoco en rematadamente malo, por muy mediático que sea el certamen en cuestión. A día de hoy, abro cada nuevo libro con la misma avidez de aquella niña, lectora precoz, que seleccionó sus primeras historias con el sesudo criterio de empezar por los tomos que ocupaban las estanterías más bajas de la biblioteca familiar y se podían alcanzar sin riesgo de descalabro. En Los mares del Sur, como en toda su obra, Vázquez Montalbán da muestra de la eficacia de su oficio, que lo tenía y mucho, además de dibujar un mosaico de personajes rico y verosímil. A parte de un ritmo narrativo ágil y fácil de seguir, y una hábil dosificación de la intriga, fueron los temas llamémosles “de fondo” que aborda la novela, de forma más o menos explícita, lo que más me interesó en su día, y lo que me sigue interesando hoy. El núcleo...

Paisajes preferentes

Galería Birimbao. Sevilla. 18 de Marzo-11 de Abril. El arte como proyecto vivencial desarrollado en un lugar y con ese lugar como protagonista, las capacidades del ser humano de influir y ser influido por el entorno, el paisaje en definitiva como género que reivindicar conceptualmente y reinventar plásticamente, son el eje central del trabajo de Miguel Ángel Moreno Carretero (1980, El Carpio), quien regresa a Sevilla con una muestra multidisciplinar que, una vez más, difumina los límites de su discurso mezclando pintura con escultura y objeto readymade, transformando la apropiación, tanto de objetos como de imágenes, en interpretación plástica de lo cotidiano y soslayando nuestra mirada para hacernos pensar sobre lo que nos rodea y, por qué no, divertirnos en el camino. Escultura o maqueta, diseño arquitectónico o pieza conceptual, cuidada reflexión o improvisado divertimento, en Miguel Ángel Moreno todo ello es la misma cosa. La multidisciplina que en él se aleja nunca es propósito de contemporaneidad o estudiada puesta en escena de la multiplicidad de recursos habituales, sino una simple y desenfadada necesidad de hacer arte con cualquier cosa. En la presente exposición somos testigos de cómo el dibujo abandona su función íntima para ser una cartográfica fuerza interventora en el paisaje y que delimita su uso práctico, vemos las imágenes de un catálogo de record güines reducir en escala su obsesión grandilocuente convirtiendo en fetiche portátil una naturaleza manipulada con el propósito de ser mas grande que ella misma, reconocemos humanos espacios seriados sustituyendo y secando paraísos terrenales. Vemos al final una línea de horizonte, bifurcada, manipulada, tapiada… y a un artista explicarnos en qué consiste el juego del...

La hija del Regimiento de Gaetano Donizetti Mar25

La hija del Regimiento de Gaetano Donizetti...

El 20 de febrero de 2007 el tenor peruano Juan Diego Flórez cantó La fille du Regiment en el Teatro alla Scala y consiguió, con el público puesto en pié durante cinco largos minutos, bisar un aria. Rompía así con una tradición de setenta y tres años que había impuesto Toscanini y que impedía los bises en el teatro lombardo. Lo consiguió con el Ah! Mes amis, considerada por los expertos como el Monte Everest de los tenores, y con la que ya se había revelado Pavarotti en la Metropolitan de Nueva York. Porque este aria presenta la particularidad de aparecer relativamente cercana al inicio de la función, cuando el cantante no ha tenido tiempo de calentar la voz para afrontar esos nueve dobles altos, capaces de encumbrar a un artista al Olimpo de la lírica. Flórez, que se había estrenado con esa ópera en Londres, regresa ahora al teatro de Covent Garden consagrado como una de las destacadas voces de la ópera mundial. El más grande tenor ligero de todos los tiempos, en palabras de Plácido Domingo. Único en el dominio de la coloratura, excepcional por la belleza de su voz e impecable en el control de la respiración, sin la que ha dejado literalmente a los espectadores y a los críticos del teatro británico que se le han rendido una vez más. No hay que desdeñar tampoco la poderosa presencia escénica de sus cuarenta años que infunden una vida nueva a su Tonio, ese joven tirolés del que se enamora María, la protagonista. Interpretando ese rol, le acompaña en el escenario una sorprendente Patricia Ciofi, soprano italiana que consigue en todo momento estar a la altura de su papel y de su partenaire, destacando con una voz de una pureza extraordinaria que...

Rosa candida

La rosa candida es una rosa blanca. La rosa de ocho pétalos es una rosa sin espinas, que se asemeja mucho a la anterior, pero que no es blanca, es de un color infrecuente. La rosa candida, como simbolismo de todas las rosaledas, de lo infrecuente, de lo aislado y por salvar, de lo apartado y por encontrar, de lo efímero que puede renacer, es la que le da título a la novela de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir. Rosa candida es una novela que huele a botánica y a gastronomía permanentemente, página tras página. Un joven de veintidós años deja Islandia para llegar a un pequeño pueblo de alguna parte de Europa y resucitar una de las rosaledas más famosas del mundo, que con el paso del tiempo se ha cubierto de malas hierbas y ha dejado a sus rosales en un estado lamentable. Pero también es una novela sobre las casualidades o la predestinación incluso, y entonces no puede uno salvarse de leer en esa clave toda una serie de acontecimientos. Por un lado, están aquellos que los propios personajes reconocen como efectos de esta marca de la casualidad o la predestinación: que el nacimiento de la hija del joven y el cumpleaños y la muerte de su madre sucedieran las tres cosas en la misma fecha, un siete de agosto; o que el joven encontrara tres tréboles de seis hojas el día que cumplía seis años. Pero por otro lado, del lado del lector tal vez, queda toda una lectura que se ofrece a ser decodificada bajo este código de las coincidencias, si se quiere.Y aquí entran nuevos simbolismos: que el joven conciba a su hija en el invernadero de la casa de sus padres, el lugar donde está lo...

Fahrenheit 451: El millón de incendios Mar25

Fahrenheit 451: El millón de incendios...

¿Son los libros una pasión inútil? ¿Son los libros un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa? El gran director parisino François Truffaut, portaestandarte de la Nouvelle Vague, se distancia de su cine de autor sin su adorado Jean-Pierre Léaud y sus historias amatorias urbanas de “hombres débiles” y mujeres controladoras, para realizar en 1966 una genial interpretación de la extraordinaria novela distópica de ciencia-ficción, Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury; quien tras ver la película, calificó de “cautivadora” y “fiel”, a pesar de la ausencia de personajes como el Sabueso Mecánico o Faber. Asistimos a una sociedad totalitaria donde ser intelectual es insultante y donde los bomberos en lugar de apagar incendios los provocan, porque su fin es quemar todos los libros que existen, ya que hacen sentir mal a la gente, abriéndoles brechas entre la realidad y el deseo y haciendo que los que hayan leído a Aristóteles se sientan superiores. Ése es el trabajo del personaje principal, Montag, cuyo papel -primero para Paul Newman y después, descartado, para Terence Stamp (miedoso de ser menos protagonista que Julie Christie)-, acaba en manos del despreciado Oskar Werner, que tantos problemas causara al cineasta. No se enamoró de su protagonista, como le sucedía a Bergman. Montag, casado con una rubia gélida como Catherine Deneuve, Linda, es feliz hasta que aparece Clarisse. Como Truffaut decía que “para la mayoría de los hombres esposa y amante son una misma cosa”, ambas fueron encarnadas por Julie, que rodaba Dr. Zhivago y que suplió a Seberg y Jane Fonda. Por su parte, Clarisse, quien pregunta a Montag si es feliz, y la inquietante vieja que decide arder con su biblioteca, son quienes siembran la semilla del árbol de la ciencia: Montag...

Typologies

Galería Alarcón Criado. Sevilla. 31 de enero-29 de marzo El objeto es, según la definición lacaniana, el lugar donde se restituye de forma continua nuestro deseo inalcanzable, de forma que cuando, por fin, se posee, el deseo pasa a un objeto diferente, configurando lo que denominamos pulsiones. El coleccionismo como ansia de poseer uno o varios objetos prescindiendo de su valor funcional, esto es, poseer por el hecho de poseer, sitúa la necesidad inconsciente en el ámbito del discurso íntimo, del dialogo con uno mismo a través de objetos e imágenes y, desde esta perspectiva, en un terreno cercano a un discurso artístico en el que productor y receptor son la misma persona. Nicolás Grospyerre (Polonia, 1975) presenta en su segunda exposición en la galería Alarcón Criado un uso sistemático de los dispositivos de colección como recurso creativo para estructurar la realidad, creando parcelas de información que, como siempre en la esfera posmoderna, tiene tanto de verdadero como de falso (falsas colecciones, objetos no originales y manipulados…), tanto de profunda necesidad psíquica como de ridícula obsesión. Los objetos e imágenes de Grospyerre no sólo prescinden de su valor útil, ni siquiera transmiten lógica alguna, y manifiestan sólo una irracional práctica en busca de algún desdibujado tipo de sentido, algo especialmente evidente en colecciones como las de objetos dobles naturales o recipientes de aire, grupos de objetos que nada tienen que ver entre sí salvo el hecho de haber sido agrupados, y, a través de ese acto, entrar en el ámbito del discurso. Su práctica fotográfica posee el mismo carácter, fría y distante, alejada de intención autoral y auspiciada en la idea de que toda fotografía consiste en la apropiación de una parcela del mundo. Sólo después del acto apropiacionista será cuando el discurso aparezca....

Manera de una psique sin cuerpo...

Explica Borges que en el zen, la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de nuestros hábitos mentales y nos prepara para ese súbito relámpago de intuición: el satori. El mismo autor nos refirió: “escribir no era tarea de Macedonio Fernández. Vivía (mas que ninguna otra persona que he conocido) para pensar. Diariamente se abandonaba a las vicisitudes y sorpresas del pensamiento, como el nadador a un gran río, y esa manera de pensar que se llama escribir no le costaba el menor esfuerzo”. Desconfiado de la erudición y del conocimiento, enamorado del pensar (“escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto”), Macedonio Fernández (1874-1952) tiene algo de místico oriental –echado a perder por la negación de Dios y un irrefrenable ingenio humorístico–, e igual que sucede con estos, sus cuentos, poemas y metafísica tienen por interlocutor a nuestra percepción intuitiva mas que a nuestro presunto raciocinio. Los aforismos del Tao Te King chino nos interrogan con construcciones verbales que eluden toda lógica –es decir niegan toda lógica–. Los escritos de Macedonio desarrollan las posibilidades de esos mismos mecanismos: rechazan nuestras expectativas y en su lugar se nos otorga la responsabilidad de hacer frente a la vía que se apunta como acceso a una nueva inteligibilidad del Ser (palabra tan desgastada hoy y tan fundamental en Macedonio.) Persona descreída de la historia (“en vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1º de junio”) y, por lo tanto, de la autobiografía –en definitiva de cualquier explicación del ser a partir de la memoria de un pasado que se recuerda hoy–, Macedonio no admite más verdad que una ensoñación sin causa externa que localiza en una psique para la que...